Página principal

CULTURA Y ESPIRITUALIDAD

FÉLIX SAÚTIE MEDEROS


Año XV. no. 85
mayo - junio
de 2008


CARTA DESDE
LA HABANA

 
 


 

Estimado lector de Vitral, en los últimos tiempos se han reiterado declaraciones en distintas instancias y oportunidades, sobre el valor  de la cultura relacionándola con la espiritualidad, lo cual  puede ser una concepción positiva y correcta, aunque en mi criterio pudiera prestarse además a una determinada confusión   cuando esas consideraciones sobre la cultura se llevan al punto de confundir los términos espiritualidad y cultura. En este orden de pensamiento, quiero poner a la consideración de ustedes algunos criterios que considero necesarios  dejarlos planteados, porque las tendencias secularizadoras extremas de la sociedad y las concepciones propias del relativismo que desde punto de vista filosófico de las ideas nos invade en la actualidad, facilitan que se confundan los términos de cultura y espiritualidad y lo que pudiera ser más preocupante que el concepto de cultura  se convierta en un seudónimo de la espiritualidad, dejando fuera esencias básicas del sentido espiritual de la vida que tienen que ver con la condición humana. También estas concepciones, a partir de los intereses secularizadores que plantean desaparecer todo vestigio de religiosidad y mística en la sociedad contemporánea, pudieran convertirse en una acción negativa en contra de las esencias mismas de los seres humanos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, dotados del libre albedrío y con sentimientos de humanidad que nos diferencian esencialmente de las demás especies animales de la naturaleza. Con las cuales tenemos muchas similitudes biológicas, pero nos diferenciamos drásticamente en nuestra capacidad de pensar, en el ejercicio de decisiones más allá del sistema neurovegetativo, y en lo que los cristianos comprendemos muy bien, que es el hecho de que poseemos un alma inmortal. Nosotros somos seres con una capacidad de creación que nos viene dada por nuestra imagen y semejanza con Dios y todo esto tiene una relación directamente proporcional con el desenvolvimiento de nuestra vida espiritual. Yo parto de la aceptación de que la cultura es un aspecto muy importante de la espiritualidad y del humanismo, no la menosprecio antes por el contrario la estimo con una alta consideración sobre su importancia y su valor para alimentar a la espiritualidad, pero no estoy de acuerdo que con las expresiones de la cultura se pretenda sustituir una de las más esenciales cualidades humanas que parte del hecho de que poseemos un alma inmortal, tanto los que así lo creemos como aquellos que no tienen esta creencia o que son ateos en el más amplio sentido del término. Debo confesarles que he experimentado en el desenvolvimiento de mi ya larga vida, consecuencias muy directamente determinadas por estas concepciones. Cuando estoy de regreso en mi peregrinaje terrenal en la última etapa rumbo a la Casa del Padre, poco a poco en la medida que me he ido haciendo más viejo he ido convirtiéndome en más místico y profundizando en mi propia espiritualidad. Quizás ello sea motivado por un sano instinto de conservación de la especie humana de la cual formo parte, ante los graves peligros que sobre la sociedad y la naturaleza se ciernen hoy como una premonición de las capacidades de las fuerzas del mal para hacernos sucumbir drásticamente en el mundo de la materialización de la vida y del enfrentamiento con Dios. Hoy vemos muchas tendencias dirigidas contra toda manifestación religiosa. Incluso SS el Papa Benedicto XVI en varias intervenciones suyas, ha llamado la atención sobre lo que se ha dado en identificar como la dictadura del relativismo. Les planteo este tema de Espiritualidad y Cultura, y los invito a meditar profundamente sobre el mismo a la luz del Magisterio de la Iglesia para adoptar actitudes consecuentes con las circunstancias que vivimos. Quizás en próximas cartas continúe profundizando en estas concepciones.