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Mons. Jorge Serpa ordena
a Yosbel Lazo.
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El regreso de un ser querido siempre es motivo de alegría, y es precisamente este sentimiento el que ha estado presente los días 14 y 15 de junio en la diócesis de Pinar del Río, pues luego de 10 años de estudio en el Seminario, y bajo la inspiración del carisma vicentino, hemos sido testigos de la consagración total a Dios, a través del sacramento del orden sagrado, del Diácono Yosbel Lazo Cordero, quien es ahora el Padre Yosbel de la Congregación de la Misión.
La Catedral pinareña lució sus mejores galas, no sólo por los adornos, los cantos y la cantidad de fieles, sacerdotes, religiosas, seminaristas amigos, y Obispos como Mons. Serpa, Mons. Siro y Mons. Manolo, Obispo de Matanzas, y padre espiritual de muchos jóvenes desde sus años de párroco de La Caridad en esta ciudad, sino también porque el Espíritu de Dios aleteaba entre nosotros, y el Sí que Yosbel daba estremecía a todos los presentes, sobre todo a los que hemos tenido la dicha de caminar junto a él en las sendas de la fe.
Pero la emoción no se limitó a momentos como la ordenación por nuestro Obispo, Mons. Jorge E. Serpa, la imposición de las manos, el revestimiento, o el abrazo de paz, pues 24 horas después lo hemos visto entrar en la parroquia que lo vió nacer en la fe, para presidir la eucaristía dominical. El ambiente nuevamente era un reflejo de las maravillas que Dios ha hecho en su vida y, que como rezábamos en el Salmo, no sabemos cómo pagarle al Señor.
Acompañado por su familia y junto a sus hermanos de Congregación, el Padre Yosbel dijo y repitió por primera vez los mismos gestos y las mismas palabras de Jesús en la Última Cena, para hacernos partícipes del milagro máximo de la consagración, cuando sus manos sacerdotales elevaron el cuerpo y la sangre de Cristo para luego partirlo y repartirlo entre todos
Mons. Serpa, en la ordenación, le recordaba que de ahora en adelante estaba consagrado para servir a Dios y a los más necesitados, y Mons. Manolo, al predicar en la primera misa, lo exhortaba a vivir su entrega a Dios a la manera de San Vicente Paúl, Padre fundador de su Congregación.
Al terminar la misa la alegría de todos no se podía contener y durante un rato nos quedamos alabando a Dios con cantos, animados por las Hijas de la Caridad y el nuevo sacerdote, quien a pesar de los niveles alcanzados profesionalmente, mantiene latentes la sencillez y alegría que siempre lo han acompañado.
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Yosbel en su primera misa. |
El padre Yosbel regresa a nuestra diócesis para servirla en la parroquia de Mantua y como asesor de la Infancia Misionera, y para dar testimonio de la felicidad que se vive desde el servicio incondicional al que un día le llamó por su nombre y él contestó como la Virgen: Hágase en mí.
Amigo sacerdote, comienzas a reconocer una nue-va etapa que debe ser renovada constantemente. Eres ofrenda permanente a Dios y a su pueblo, vive pues, como el Buen Pastor, entregando su vida por sus ovejas.
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