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EL HOMBRE Y LA PREGUNTA SOBRE DIOS

PEDRO JOSÉ GONZÁLEZ FIGUEROA


Año XV. no. 85
mayo - junio
de 2008


RELIGIÓN

 
 


 

EL MISTERIO DEL HOMBRE
La persona humana es un misterio, se pregunta quién es, de dónde proviene, hacia dónde va, ansía aquello que no puede alcanzar, pretende acercarse a la infinitud, pero es algo que se escapa de sus manos, le gustaría poder evitar lo que adviene o sobreviene en su vida como lo inevitable.
Al final, parece que sus más profundos esfuerzos y aspiraciones se vuelven vanos ante la realidad irreversible de la muerte, que convierte todo su sacrificio y labor indigente en un límite donde todo parece carecer de sentido.
Plantearnos si la vida tiene sentido implica la indagación en las respuestas que han intentado dar la ciencia y las ideologías para acabar con el sentido que da la religión.
A través de la historia grandes hombres han intentado dar una definición del misterio del ser humano.
San Agustín, desconcertado por la muerte de un amigo escribe: “Yo me había convertido para mí en una enorme incógnita”. (Confesiones I, IV, e IV, Pl 32, 679)
En el siglo XVIII, Lessing afirma: “El hombre es demasiado malo para ser un Dios, demasiado bueno para ser una casualidad”. (Die Religios, Werke, edic Gopfert, 1970, 169)
Por su parte, Kierkegaard queriendo señalar su identidad única, mandó a escribir como epitafio en su tumba: Sören Kierkegaard. El individuo 1813-1855
La misma idea proclama Unamuno: “¡No hay otro Mundo! Los habrá mejores o peores, ¡no hay otro yo en el mundo! ¡No hay otro yo!” (El sentimiento trágico de la vida. Madrid, 1932, 17)
Según D. Morris el hombre no es más que un mono desnudo.
Marx refiere que es un conjunto de relaciones económicas y sociales.
Jean Paul Sartre: “El hombre: un sufrimiento inútil”.
Y así disímiles criterios o ideas sobre el hombre. El misterio es un todo que cuestiona en el corazón de la persona, y en el pasar de la vida, en la sucesión de su fatigosa lucha y frustración ante todo límite en ese mundo que normalmente indica aparentemente un sitio y un orden. Entonces surge la pregunta: ¿Qué sentido tiene todo en realidad? Esa pregunta del Génesis: ¿Adán, dónde estás?
¿Qué hay más allá del universo, si todo tiene límite hasta dónde llega?, ¿dónde está situado el universo, dentro de qué espacio? ¿Será el hombre infinito como el universo? ¿Qué hay detrás de este cuerpo, de cada materia? ¿De dónde salió la perfección cromosómica de este sistema ocular?
Existen experiencias humanas que cuestionan la realidad humana, la felicidad, el sufrimiento, el mal y la muerte. ¿Qué sentido tiene la vida? Se plantea de diferente manera en cada ser, ¿qué es la felicidad?
Lo experimentamos de forma diferente, la felicidad existe, pero no es plena y se desvanece en la realidad cotidiana, cuando menos se espera y ocurren desengaños amargos, el hombre se cuestiona ¿Cuál es la auténtica felicidad humana?
¿Se cuestiona el sentido a partir del sufrimiento propio o ajeno en la soledad, la necesidad, la preocupación, la enfermedad incurable? ¿Qué sentido tiene que tantos hombres sufran sin culpa, sin esperar nada en sus propias vidas? ¿Por qué tanta hambre, violencia, injusticia y miseria en el mundo? ¿Por qué tanto odio, intolerancia, envidia, mentira y violencia?
La experiencia de la muerte es casi cotidiana, la muerte de un amigo, un familiar, un conocido, nos sorprende, nos duele y cuando nos enfrentamos ante la idea de nuestra propia muerte, viene la pregunta ¿Por qué muero? ¿Qué hay detrás de la muerte? ¿Qué queda de aquello por lo que tanto he luchado? ¿Para qué me he sacrificado tanto?
Las respuestas nunca serán satisfactorias, el ser humano sigue siendo un misterio, un signo de interrogación, una cuestión profunda, ahí radica la grandeza y su opción comprometida con la vida.
El hombre se distingue, por encima de todas las cosas, tanto de los seres animados (animales) como inanimados, que están ahí como parte del mundo que lo rodea, que existe.
El hombre tiene su dignidad y se basa en que es consciente de sí mismo y que sabe, desde su libertad, darle sentido a su vida, darle forma, tomar sus riendas, su vida es una marcha hacia lo abierto e indefinible en la invisibilidad.
Muchos equilibran la pregunta del sentido de la vida en medio del infinito o sumidos en la autocomplacencia, en el alcohol, las drogas, en la sexualidad, vida de consumo, alienados por el autoengaño, la evasión para huir de nosotros mismos.
El ser es una pregunta en medio del infinito, un sentimiento de nostalgia como el niño abandonado por sus padres, o por afectos, y esto es parte de nuestra dignidad humana, esa pregunta lo ha hecho mejor hombre, lo ha hecho evolucionar y crecer. ¿Por qué estamos en la Tierra? Sería la más certera después de otras.

LA CIENCIA
Las ciencias han ayudado a mejorar la vida del hombre, por los progresos tecnológicos que hacen más agradable y fácil la solución a problemas acuciantes como las enfermedades, la aceleración del desarrollo económico y tecnológico.
Pero sin dudas el progreso es ambivalente, por una parte soluciona, por otra crea nuevos problemas a la humanidad, destruye, atrofia, despersonaliza, manipula, produce estrés físico y psíquico, alejando al hombre de su pregunta y de la espiritualidad necesaria para vivir.
Los riesgos fundamentales de la ciencia ocurren cuando se aparta de la ética, dígase (manipulación genética, ensayos nucleares, alteraciones del ecosistema, etc.)
Muchas veces se da más valor a la máquina que a la persona, debido a la productividad y menor coste económico. Las maquinarias suplantan a los trabajadores, anulando incluso la creatividad de la persona.
La ciencia tiene limitaciones y peligros, por eso es de vital importancia conocer el valor del hombre.

DIOS, SENTIDO DE LA VIDA DEL HOMBRE
Innumerables son los testimonios de personas que confiesan que Dios da sentido a su vida, que desde niño, o en una de las otras edades, ha sentido el llamado poniendo de manera inexplicable todo su apoyo en Dios, en la espera, y de él sus obras han sido buenas, de sus errores han aprendido porque sienten que Dios es el sentido de la bondad creadora y salvífica, es su principio y su fin.
Aún cuando la sociedad mundial vive la llamada crisis de los tiempos, existen personas que creen en Dios y son vistas como extraños, escándalo ante las nuevas formas de enajenación social que afectan a la humanidad, influyendo en los estilos de vida, que en gran medida destruyen la espiritualidad humana, donde casi todo tiene un carácter mercantil y Dios aparece como una ambigüedad.
La crisis de nuestro tiempo es la falta de orientación ante el sentido de la vida, mientras que el escepticismo y la resignación se están extendiendo, especialmente en los jóvenes que sienten un vacío terrible.

LA RELIGIÓN DA SENTIDO A LA VIDA
La experiencia religiosa aparece así como una forma de vivir que desarrolla el ser humano cuando ha reconocido su existencia como don, tarea y despliegue ante alguien, que no viene a suplantar nada de lo humano, ni a entrar en pequeños detalles, sino iluminar todo colocándolo en una nueva perspectiva.
La persona religiosa llega a creer, no mediante la huida del mundo, de la realidad cotidiana y de las situaciones históricas.
Quien vive una experiencia religiosa auténtica, siente la aparición de esa luz que ayuda a discernir entre lo absoluto y lo relativo, entre lo trascendente y lo contingente, dando a cada cosa su justo lugar en medio de la realidad que le toca vivir.
La respuesta al sentido de la vida no procede del conocimiento intelectual o de la reducción de todo lo existente a un principio único. Por el contrario, el sentido de la vida humana se ilumina desde el reconocimiento de un Alguien ante quien el hombre se sitúa desplegando su vida.
La temporalidad del hombre siempre será el horizonte de su pregunta por la eternidad, la sigla de Dios está inscrita en el corazón del hombre y cuando le desconoce, irrumpe entonces en su vida cuando menos la persona espera. El Hombre es un ser totalmente trascendente. Dios es la verdadera libertad del Hombre.

EL HOMBRE ES CAPAZ DE DIOS
El hombre siente el deseo de Dios en su propia finitud, ese sentido mortal que ve en su vida, existe en él una constante crisis o tensión ante su realidad perecedera, así como en su imperfección, sintiendo el deseo de lo infinito, de lo absoluto, de lo perfecto, sed de Dios, deseo de trascender el espacio y el tiempo de su vida marcada por el reloj de las edades.
El deseo de Dios está en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no deja de buscar.
El conocimiento natural de Dios no es más que la certeza de su existencia, que se expresa y observa en su propia naturaleza. Por el don de la razón humana el hombre puede conocer a Dios. Dios habita en el hombre y el hombre habita en Dios. En las plantas, animales, ríos, mares, paisajes, celajes, ideas, subyace la existencia, la existencia es la madre de todas las cosas en Dios, la existencia es la primera prueba de Dios.
Históricamente, desde antiguo, de múltiples maneras hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios y cultos) formas de expresión de la fe, del acercamiento, del encuentro íntimo con un ámbito sagrado. Dios.
Esta búsqueda exige al hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad y el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.
El conocimiento de Dios es un camino que exige una apertura al misterio, la fe en Dios no es irracional como algunos piensan sino que es la respuesta al misterio que se ha manifestado a la razón del hombre.
Y así en la actualidad el hombre ha seguido expresando a Dios y Dios por medio de él, el arte también alude al misterio del misterio del hombre y al misterio de Dios por ejemplo: La creación, de Miguel Ángel Bunarroti, localizada en el fresco del techo de la Capilla Sixtina, la mirada indiferente de Adán y la acción creadora de Dios, muestra el renacimiento religioso en un período humanista, contrario a la Edad Media. Unidad de ambos misterios en la creación, el comienzo de la vida, el encuentro de las manos, de las naturalezas, una alianza entre el creador y la criatura.

DIOS SE REVELA AL HOMBRE, TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN
Se revela en medio de una sociedad de consumo donde predomina el materialismo, la distribución desigual de las riquezas del planeta, propiciando la desaparición de formas de vida animal, vegetal, cargando al hombre de un estrés social.
En una sociedad donde impera la increencia, personas carentes de religiosidad, allí también Dios manifiesta su existencia y su intimidad en Jesucristo para unir al hombre consigo y darle la salvación y esto se comunica a todos los hombres por testigos que han visto y oído.
La revelación de Dios, es una manifestación desde la palabra, en la sagrada escritura y el magisterio de la Iglesia, como depósito y comunidad de fe.
Dios actúa mediante signos como la palabra, las obras, el diálogo como vínculo con el hombre y con la comunidad cristiana.
La palabra de Dios es una palabra encarnada que resuena en la conciencia y hacia la cual el hombre abre su corazón, para cambiar su ser y su vida porque lo que antes era rutinario o cotidiano ahora puede ser interpretado como algo trascendente como la salvación de Dios. Jesús es la palabra.
Es una palabra encarnada. Dios ha dicho todo en su verbo, no habrá otra revelación. La plenitud es Jesucristo. De la comunidad de fe, los apóstoles, con su experiencia, dieron paso al mensaje de salvación hasta hoy.