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“La actividad humana es un monstruo, cuando no crea devora.”
José Martí.
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No es un secreto para nadie la crisis económica que afecta a la humanidad. Situación que ha desviado la atención de los hombres a resolver con extrema urgencia los problemas económicos y se han olvidado de la terrible crisis social que impera en la actualidad, un fenómeno más difícil de solucionar, porque la mayoría de la población mundial no tiene conciencia de la decadencia de valores en la convivencia social y espiritual de los hombres.
Una de las características que nos da una imagen de la magnitud de una crisis social en un grupo humano es la mediocridad social.
Apreciado lector, quisiera reflexionar con usted sobre esta patología social. ¿Qué es la mediocridad? y ¿Cómo nos afecta?
La mediocridad es una cualidad promedio entre un extremo superior y otro inferior, no es un término absoluto, por tanto coincido con los criterios de un viejo amigo, que dice “de acuerdo al tiempo y espacio existen varios tipos de mediocre”, por ejemplo:
a) En la cultura se da el caso de un artista virtuoso y otro que no llega a la altura del virtuoso, por ser un mediocre en su profesión cultural.
b) En la medicina conocemos hombres de ciencia que son genios y en tal medida otros que son mediocres en la rama.
c) En el deporte conocemos estrellas con habilidades excepcionales y otras que se quedan en la media de sus posibilidades físicas y mentales como atleta.
d) En la esfera personal de la vida un individuo, se puede dar el caso de ser un profesional (médico, maestro, ingeniero, etc.) un genio en su profesión, pero un imbécil para darle solución a un problema de convivencia social y puede ser todo lo contrario, un campesino analfabeto ser un triunfador como ser social dentro de una comunidad, con muchas habilidades y sabiduría necesaria para solucionar los problemas que se le presentan en su vida personal y familiar. Por tanto un profesional puede ser un mediocre fuera de su profesión y un campesino ser un genio de la vida.
e)En la esfera social ocurre con frecuencia que un atleta es brillante, con habilidades fuera de lo común, un genio dentro de su disciplina deportiva, pero un mediocre social por ser grosero, vulgar, charlatán e ineducado.
Para una mejor comprensión del mensaje que quiero transmitir recuerde esta fábula que siempre llevo presente en mi vida desde que era un adolescente:
“En una ocasión un sabio necesitaba cruzar un río. Contrata a un pescador para que lo lleve en su bote a la otra orilla. Durante el viaje el sabio le pregunta al pescador.
—¿Sabe usted matemática?
El pescador responde: —¡NO¡
El sabio le dice: —Ha perdido usted parte de la vida.
Pregunta de nuevo el sabio:
—¿Sabe usted física?
El pescador contesta —¡NO¡
El sabio le indica: —Ha perdido usted parte de su vida.
Cuando esta el bote en la mitad del río, un viento muy fuerte vira la pequeña embarcación y los dos hombres caen al agua. Entonces el pescador le pregunta al sabio:
—¿Sabe usted nadar? Y el sabio responde: —¡NO¡
El pescador sin pensarlo le dice entonces al sabio —¡Ha perdido usted la vida entera!.”
En otras palabras un hombre puede ser un virtuoso con un talento brillante en una profesión o esfera de la vida y a su vez un mediocre en otra. Nadie es un genio en todos los aspectos de la vida y tampoco nadie es un mediocre total en todas las esferas de la vida.
Un amigo me preguntaba ¿Qué es un mediocre social?, ¿Por qué un estercolero social?
Cuando analizamos al individuo teniendo en cuenta su función social y sus relaciones interpersonales, entonces podemos decir como decía José Ingenieros en su obra El hombre mediocre: “La mediocridad es una ausencia de características personales, que permiten distinguir al individuo en una sociedad porque la sociedad piensa por él, tiene voz pero sin eco, no tiene un ideal propio, es un ser domesticado que vive inmerso en la rutina, carente de personalidad, convertido en un muñeco del medio social, incapaz de crear y de enseñar algo positivo para los demás”. Sin temor a equivocarnos, estamos en presencia de un mediocre social.
El mediocre social no es el ombligo del mundo pero sí está en el centro de la sociedad porque repite lo que dicen otros y juzga como juzgan los demás; por tanto, es una sombra del otro porque su esencia es imitar, sin ideales y criterios propios, no crea algo útil para los demás, pero defiende los esquemas por muy absurdos que sean, al punto que odia a los creadores. No soporta la creatividad y el talento de los demás; como dijo alguien: “envidian a los emprendedores y los tildan de locos”.
Es un hombre incapaz de arriesgarse en algo difícil para lograr el éxito y dar más utilidad por el bien común. Busca siempre el camino más corto y fácil para escalar y especular ante la miseria de los demás. Es un hombre conformista que no se propone metas en beneficio de la sociedad; como dice un gran amigo: “los mediocres no viven los sueños, los matan”.
Su incapacidad los hace criticar a los luchadores, aquellos que aceptan las adversidades pero no se conforman, critican a aquellos que son incansables ante las dificultades y luchan a costa de nadie para triunfar y ser útiles a los demás y a sí mismos. El mediocre social odia a quienes son los verdaderos profesionales del arte de vivir porque ellos ponen de manifiesto la mediocridad de los demás.
El mediocre social ataca la pasión por el progreso espiritual y se burla de todo aquel que quiere ser mejor persona, se burla de todo aquel que vive rompiendo la rutina sin dañar a sus semejantes. Es un hombre que odia el amor y la paz.
Otra característica del mediocre social es la vulgaridad. No ama lo bello y esencial de la naturaleza humana. Es un hombre vulgar para hablar y actuar como ser social. Es un signo de ostentación y falsedad. Vive lo externo, pero nunca descubre el contenido o lo esencial de la vida. En resumen es un estercolero social que critica sin medidas pero no es capaz de crear algo nuevo y útil para los otros.
Siempre me he preguntado ¿por qué el mediocre social no piensa, no crea, solo imita y repite lo que le dicen? Un gran amigo, cuyos criterios admiro, dice: “No piensa porque no está entrenado para pensar por sí mismo, para crear y lograr un juicio propio ante determinada situación”. Es una mediocridad adquirida porque aparece en el individuo debido a la educación recibida desde el seno familiar, es un entrenamiento prolongado de repetir lo que dicen y hacer lo que hacen lo demás. Mediocridad que puede ser contagiosa cuando lo normal en un grupo es no pensar por sí mismo, sin un razonamiento propio al extremo de convertirse en un hábito o costumbre, como dice un genio, la mediocridad social adquirida “puede ser tan profunda que a los hombres solo le preocupa la cantidad sin importarle la calidad en todos los aspectos de la vida social y personal del ser humano”. Es todo un adverbio de cantidad que nunca llegará a ser verbo.
La mediocridad social puede llegar a producir trastornos tan severos en la conducta del individuo que éste puede llegar a creerse cosas que no son reales en su vida personal, al punto de ser víctima de otra enfermedad muy lesiva para el ser humano: la elefantiasis del yo, un egoísmo sin límites. Cuando esta enfermedad ataca a una comunidad aparece otra tan peligrosa como la anterior: la enfermedad del tener, el hombre quiere tener más y más, exhibirlo, mostrarlo, pero sin saber qué bien hacer con lo que tiene. No sabe vivir los pequeños detalles, muy esenciales para enriquecer su espíritu y ser feliz. Siempre recuerdo las palabras de Benedetti cuando dice “Lo más trágico no es ser mediocre pero inconciente de esa mediocridad, lo peor es ser mediocre y saberlo y no conformarse con su destino que, por otra parte (eso es lo peor), es de estricta justicia”.
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Su amor por el dinero le hace creerse Dios, que todo lo puede con su dinero, un error fatal querer ocupar el lugar del Creador. El amor por lo material le impide conquistar la felicidad con pequeñas cosas, es un mueble barato que su esencia es la miseria espiritual. No cree en la frase “ser pobre pero con dignidad”. Sólo le interesa todo lo que pueda aprovechar para su enriquecimiento material, un individualista que llega a sentir envidia por las virtudes de sus semejantes, capaz de inventar una trama diabólica para empañar la imagen del virtuoso.
El mediocre no llega a comprender nunca las palabras del sabio Séneca cuando decía:
“No es pobre el que tiene menos, sino el que desea más. Ni rico el que más tiene, sino el que menos ambiciona. El que vive conforme a la naturaleza, nunca será pobre, el que vive atento al qué dirán, jamás será rico. La naturaleza exige muy poco, la opinión del mundo muchísimo”.
La envidia es una de las características principales del mediocre social, ésta acaba con el hombre desde adentro, como un parásito que lo convierte en un inadaptado que no acepta lo que tiene y lucha por tener lo ajeno, es obsesivo por acabar con la felicidad ajena, es un individuo amargado por los éxitos de sus semejantes.
Algunos consideran que la pasión del mediocre es la envidia, es el mayor mérito de la mediocridad, porque sufre el bien y la dicha ajena. Es un fenómeno espontáneo en los hombres de corazones pequeños, pues trabajan con la mentira y odian la verdad.
La hipocresía es uno de los rasgos más sobresalientes en la personalidad del mediocre. Comparto el criterio de que la hipocresía es más profunda que la mentira porque ésta puede ser accidental pero la hipocresía es permanente, el hipócrita transforma su vida entera en una mentira metódicamente organizada. Hace lo contrario de lo que dice, siempre que le reporte un beneficio. La mentira es el poderoso instrumento de la hipocresía, dispuesta a adular al rico y engañar a los humildes.
El hombre hipócrita y de hecho mediocre ataca la amistad, al extremo que mide su generosidad por las ganancias que obtiene; es decir, da si va a recibir recompensa. No crea amigos, los destruye si de ganancias se trata.
Hermógenes en su obra Lo esencial de la vida, nos dice: “Los hombres más atrasados en la escala evolutiva, son manipulados por su propio egoísmo, se conducen como diabloides perversos y pervertidos. Luego están aquellos que son muy egoístas y sin amor por los demás, estos forman el grueso de la humanidad, los mediocres, son los que luchan incansablemente por no ser sacrificados y por el contrario, conseguir siempre sacrificar a los demás. Los sabios y los santos nunca piensan en sacrificar a los demás, sino que optan por sacrificarse ellos mismos en beneficio del amor y en armonía con la verdad”.
Aplaudo a los que dicen que la ignorancia engendra mediocridad y viceversa. “La ignorancia de muchos la padecen unos pocos”. Yo agrego, la mediocridad de muchos acaba con la razón de las gentes y los convierte en una masa de ignorantes sin capacidad de pensar por sí mismos. Los convierte en imbéciles fáciles de manipular por el consumismo del mercado barato y la basura espiritual de hoy.
La mediocridad social, cuando es colectiva en un grupo determinado, es muy peligrosa, puede confundir hasta a los más virtuosos y convertirlos en muñecos sociales, porque es un rebaño en una estampida diabólica que arrastra todo lo que está en su camino, y es aquí la interrogante que me hacía sin encontrarle respuesta ¿Cómo luchar para no ser arrastrado por la mediocridad social?.
Siempre recuerdo las palabras de un amigo cuando hablábamos del tema: “En un medio social donde la mediocridad es masiva, es sinónimo de un río muy caudaloso con una corriente muy fuerte capaz de arrastrar todo lo que encuentre, por tanto no se puede luchar en su contra, pero mucho menos dejar que nos arrastre, por tanto debemos agarrarnos de algo muy fuerte para no sucumbir como una miseria humana.” Este algo tan poderoso es nuestra dignidad y honor. Es nuestro amor propio y el amor a los demás. En resumen es el amor a Dios nuestro Creador, Padre Todopoderoso que nunca nos abandona y nos da fuerzas para resistir y vencer las dificultades por muy difíciles que estas sean. Él nos da su mano poderosa para sacarnos del río infernal de la mediocridad.
Pon tu vida en las manos del Señor,
Confía en Él, y Él vendrá en tu ayuda,
hará brillar tu rectitud y tu justicia
como brilla el sol del mediodía.
Salmo 37
Todo hombre de bien que esté influido o atacado por la mediocridad debe acercarse a Dios, porque Él esta entre nosotros, entre usted y yo, dispuesto a darnos su mano poderosa para guiarnos y vencer los obstáculos que se presentan en el largo y tortuoso camino de la vida. Como decía Martí, “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en Él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente del sentimiento eterno.”
Apreciado amigo, nunca olvide que Dios nos ama muchísimo, y con su infinito amor e inmenso poder, no nos quita los ríos llenos de problemas, pero sí nos da la fuerza para cruzarlos, nos da la fuerza para no doblegarnos ante la humillación de los ricos. Él nos da la fuerza para no perder el honor, porque sin honor no hay hombres de bien y de gran corazón.
Dios, mediante sus hechos de amor, nos enseña que lo más bello en la vida es sentir el placer de dar a quien lo necesita a cambio de la satisfacción de serle útil al necesitado. Nos enseña a respetar y admirar al hombre virtuoso e inteligente, nunca envidiándole para destruirlo. Él nos enseña que todo hombre debe aprender a ser algo útil en la vida y aprender a ser estimado por el bien que se hace a los demás. Nos enseña que todo hombre debe actuar con franqueza, pensar por sí mismo y obedecer a su conciencia, como el maestro nos enseñó “Ser mano y no masa, ser jinete y no corcel, ser su rey y su sacerdote, regirse por sí mismo.”
Estimo que todo individuo para lograr el acercamiento a Dios y luchar para no ser víctima de la mediocridad debe tener como ley de oro, hacer el bien y dar para poder recibir y nunca, pero nunca, traicionar la verdad queriendo vivir de la mentira.
Aléjate de la maldad y haz lo bueno,
y tendrás siempre un lugar donde vivir
pues el Señor ama la justicia y no abandona
a quienes le son fieles,
pero destruye a los malvados.
Salmo 30 (28)
Soy del criterio que todo hombre debe recibir educación e instrucción pero mucho mejor, es que el propio hombre busque por sí mismo la sabiduría, porque ella le da prudencia, justicia, rectitud, conocimiento de la vida, discernimiento y reflexión. La sabiduría es un tesoro que da herramientas para luchar contra las enfermedades sociales como la mediocridad. La sabiduría de la vida es más profunda que la instrucción de los hombres. Los enseña a ser discretos, humildes y sencillos, como dicen los sabios: “Que la mano derecha no sepa lo que hizo la mano izquierda”.La sabiduría enseña que la discreción sirve de escudo para la envidia del mediocre.
El hombre bueno habla con sabiduría,
el hombre bueno habla con justicia.
Lleva en el corazón la enseñanza de Dios.
¡Jamás resbalarán sus pies!
Salmo 37(30)
Estimado lector, de una manera muy sencilla he tratado de describir como es el mediocre social y su efecto en el medio en que vivimos. De mi escasa experiencia de la vida e intentado darle algunos consejos para luchar contra la mediocridad, espero que le sirvan para no dejarse vencer por esta terrible enfermedad, pero recuerde: primero que todo busque la protección de nuestro Padre Celestial, con Él como aliado, nuestras fuerzas se duplican para alejar las espeluznantes consecuencias de las patologías sociales que tanto abundan en la actualidad. La enseñanza más importante que Dios nos transmite mediante su hijo Jesucristo, es que toda actividad debe hacerse con amor y respeto a los demás.
“Tres cosas hay permanentes: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante de las tres es el amor”
San Pablo (1Corintios 12,13)
Cuando encuentras a Dios y vives con Él, entonces tu vida se convierte en un río de fe, esperanza y amor por la vida y por todo lo que nos rodea.
Carísimo lector, antes de despedirme le pido un último favor, no olvide estas palabras del reverendo Williams que le servirán de mucho para seguir adelante con dignidad y honor:
“La distancia más corta entre un problema y su solución, es la distancia entre sus rodillas y el piso. El que dobla sus rodillas ante Dios, puede estar de pie ante cualquier cosa. Las rodillas que se doblan ante el Señor, NO TIEMBLAN”.
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