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Los meses de julio y agosto son vistos como los meses de descanso y vacaciones en nuestro país. Es por ello que deseamos hacer una reflexión acerca de esta realidad que forma parte de la vida cotidiana de nuestro pueblo.
La persona del hombre y la mujer no ha sido creada por Dios sólo para trabajar y, mucho menos, somos un fruto mecánico del trabajo como defiende el marxismo. También es desmesurado decir que las personas viven para trabajar, sino más bien todos trabajamos para vivir y hacer la vida más creativa, más confortable y más humana.
Hoy en Cuba se hace necesario un equilibrio justo entre el trabajo y el descanso.
Fruto del trabajo, el ciudadano cubano debería obtener lo necesario para poder descansar, disfrutar de una sana recreación y poder tener la seguridad de la casa y de la familia. Para ello es necesario una reevaluación de los salarios que permitan a la familia del trabajador tener la indispensable seguridad de vida; es decir, que no tenga el trabajador, después de terminar su jornada laboral, que comenzar la lucha diaria por la subsistencia en otros trabajos que muchas veces son ilegales y perseguidos.
Otra condición indispensable es que existan espacios adecuados y accesibles para el descanso. El primero de estos espacios físicos y psicológicos debería ser nuestro hogar. En efecto, cada persona tiene el derecho de tener un hogar que le permita reposar en familia, sin hacinamientos, sin promiscuidad, sin intromisión de personas y sin violencia doméstica.
Hace unos meses el Estado cubano suprimió la ley que impedía a ciudadanos cubanos poder entrar a hoteles u otros lugares concebidos desde siempre para el descanso y la recreación en ambientes naturales como playas, montañas y valles. Pero todos sabemos que esos hoteles y demás instituciones no están al alcance de la mayoría de los trabajadores cubanos, porque el salario que reciben resulta insuficiente aún cuando estuvieran años ahorrando, por tanto, esta medida debería ir acompañada con una reestructuración salarial que permita realmente al trabajador cubano acudir a esos sitios.
También, quizá, deberíamos reconsiderar el mismo concepto de recreación que ha sido generalizado en los últimos años entre los cubanos. Muchos de nosotros al oír hablar de fiesta, la identificamos con bebidas alcohólicas y, aún más, una fiesta estuvo buena si todos salieron borrachos. La razón principal de la fiesta, de la recreación, que es pasar un rato de sano esparcimiento para refrescar el alma y estrechar los lazos de amistad, no es mencionada tan siquiera.
Un ejemplo de esto son los actuales carnavales, que han pasado de ser una ocasión anual para salir con nuestra familia a disfrutar de la belleza y la buena música, a unas trochas que son un signo del deterioro ético del cubano y de nuestra sociedad, donde la falta de higiene, el atropello de muchos frente a una pipa para comprar un vaso de cerveza de mala calidad, las groserías y la violencia se apoderan de nuestras calles como signo de la más triste mediocridad.
Es necesario y urgente, hoy en Cuba, recuperar el verdadero sentido de la recreación; que sea variada, que conduzca a la formación moral y que contribuya al sano y educativo esparcimiento de la persona en la familia y en la sociedad. Así como evitar identificar la recreación con los excesos en la ingestión de bebidas alcohólicas o con las relaciones sexuales irresponsables y egoístas.
Cada año al llegar estos meses de vacaciones y sana recreación, todos necesitamos el descanso y la sana y consciente distracción, no para “desconectarnos” como decimos muchos, como si fuera una droga alienante de la realidad, sino para retomar fuerzas necesarias para seguir transformando mi vida y la de la sociedad en aras del bien común y la realización personal.
Entonces, descansados y renovados con el contacto con la belleza natural y humana, no con lo grosero y la inmundicia, reemprender un nuevo ciclo de trabajo y estudios con creatividad, voluntad fortalecida y cuerpo descansado.
Es necesario que se respeten el tiempo de descanso y las vacaciones periódicas de todas las personas, con opciones viables y éticas, que vayan desde las más modestas y baratas, hasta las más lujosas y caras, pero todas con dignidad.
Que no se tenga que «resolver» con influencias o con mucho dinero que muy pocos tienen, y no siempre fruto del trabajo, los lugares donde uno pueda renovar su alma y descansar su cuerpo.
Hoy se habla mucho de reanimación de las ciudades cubanas, es importante que se tenga muy en cuenta los espacios y lugares de recreación y entretenimiento para el ciudadano cubano de a pie y sus familias.
Es necesario la presencia de opciones reales y funcionales como parques de diversión para niños, restaurantes limpios y agradables con ofertas en moneda nacional, opciones culturales de calidad en teatros y cines, y otras más que ayudarían a que las familias pudieran compartir juntas su tiempo de vacaciones.
Es responsabilidad del Estado cubano garantizar una sana recreación que nos haga parecernos más al Creador y nos reconcilie con la creación, respetar los tiempos de descanso, hacer regresar el sentido humanista de nuestras fiestas y facilitar opciones de sana diversión para todos, independiente del salario y posición social, porque de lo contrario se violan los derechos de los trabajadores, se lesiona su alma y se provoca una ruptura, a veces irreparable, en su equilibrio interior.
Es muy importante la integridad física, psíquica y espiritual de las personas, porque no se puede construir un país sin personas sanas y equilibradas y no hay programas sociales, económicos o culturales que progresen con personas rotas por dentro y rodeadas de crispación.
El descanso y la recreación son derechos de las personas, que nacen y se fundamentan en la dignidad de cada ser humano; es bueno y noble tener acceso a la educación y a la salud de una forma gratuita, pero también es muy saludable tener donde descansar y donde poder divertirse sanamente. Una cosa no excluye la otra.
El hombre y los pueblos necesitan de la fiesta y del descanso como del alimento y del aire que respiran. La fiesta es un componente del espíritu humano y es parte de la convivencia social.
Un pueblo sin fiestas y sin opciones para descansar es un triste pueblo que se asfixia en la monotonía existencial.
La fiesta es por tanto expresión del latido rítmico del corazón de un pueblo, de su cultura, de su alma.
Si ese latido se altera, los pueblos se enferman del espíritu. Si el compás del aliento popular se acelera con una excesiva tensión por ganarse el pan y sostener a la familia; si el trabajo se hace agobio y el descanso trabajo para sostener el cuerpo, para que este pueda a su vez, responder a más trabajo; los pueblos se cansan de vivir en perenne angustia y su alma se defiende con la indolencia y la apatía. El reposo y la fiesta se hacen entonces no solo necesidad periódica, sino curación de urgencia. Ya desde el Antiguo Testamento el libro del Eclesiastés marca ese ritmo vital del tiempo que hace que la existencia vaya convirtiéndose en camino de plenitud para el hombre:
“En este mundo todo tiene su hora.
Todo tiene su tiempo bajo el sol:
Hay tiempo para nacer y tiempo para morir…
Hay tiempo para llorar y tiempo para reír,
Hay tiempo para estar de luto
Y tiempo para estar de fiesta…
Yo sé que no hay mayor felicidad
Para el hombre que comer, beber y pasarlo bien
Gracias al esfuerzo de su trabajo… eso es un don de Dios.
El tonto se cruza de brazos y se devora a sí mismo.
Sin embargo, más vale tener un poco de reposo
Antes que llenarse de amarguras por pescar el viento.”
(Eclesiastés 3, 1-13. 4, 5-6)
Esta milenaria sabiduría nos recuerda que en vano se fatiga el hombre, y los pueblos, si su alma no marca el ritmo de su vida. Ni todo es reír, ni todo es llanto. Como tampoco todo es luto, ni la vida puede ser todo fiesta. Los excesos son malos. |