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Rubia, como de oro, hacia el azar extraño,
sale de las centrífugas la riqueza del año;
la esperanza de todos hecha fino cristal:
¡grano de nuestro bien… clave de nuestro mal!
Se ignora, mientras rauda danzas en la turbina
si serás nuestra gloria o serás nuestra ruina.
Para lograrte han sido pocos los sacrificios:
eres como una mágica fuente de beneficios.
Los bancos han abierto sus cajas millonarias
para inundar de caña las planicies agrarias.
¡Azúcar! El colono te sueña con torpeza
como una reina rubia venida a la pobreza.
El comerciante vende sus víveres fiados
al precio tambaleante de tus granos dorados…
Los químicos abonos te hacen más abundante,
pero el guajiro estruja la bolsa claudicante.
Todo pende del hilo de tu precio logrado
en la estafa bursátil de un leonino mercado…
Y tú, cual si supieras tu alcurnia, tu importancia,
concretas en los sacos tu melosa fragancia,
y en los lejanos puertos del mundo desarrollas
las altas calorías de las tierras criollas…
Todo sale de ti: el lujo, los placeres,
el fausto principesco de las bellas mujeres
cubanas; la suntuosa comodidad del coche
automóvil; las fiestas doradas en la noche;
el bullicio sin tregua, la inconsciente alegría;
las óperas carísimas… el derroche… la orgía…
Todo sale de ti, áurea azúcar cubana:
antes que la caña germine en la sabana,
a tu aleatorio influjo ya se ha dado la vida:
¡nuestro costado tiene siempre abierta una herida…!
Se vive y se confía por lo que tú prometes
mientras al viento das tus largos gallardetes;
pero al manejo extraño de las cotizaciones
¡aquellos gallardetes conviértense en crespones…!
Todo, ¿por qué? Por nuestra pereza patricida;
por el despreocupado bienestar de la vida;
porque la provisión del suelo excluye el bravo
esfuerzo sin reposo al logro del centavo…
Por nuestra inclinación a jugar a la suerte,
esperando la vida sin temor a la muerte,
jugamos nuestra inmensa fortuna en los mercados
como la jugaríamos en un café a los dados…
Por nuestra sumisión a lo convencional;
por no tener un gesto de santo… o de animal;
por aceptar los tácitos convenios inconsultos…
¡Por rendir a la Patria equivocados cultos…!
Por no guardar un año nuestros preciosos granos,
enriquecemos todos los graneros lejanos…
Por no sembrar en tierra propia nuestro alimento,
¡A las extrañas tierras debemos el sustento…!
[…]
Los guajiros transitan del pueblo a sus bohíos;
llevan, si van al pueblo, los serones vacíos;
pero al retorno ínflanse, redondos y repletos.
Del batey se arrancaron los floridos cafetos;
mas el grano que enérgico las ilusiones forja,
aromático viene de la tienda en la alforja…
La manteca se compra en la tienda a quintales:
¡y los puercos se mueren de hambre en los corrales…!
Frutos alimenticios se adquieren con dinero:
¡y la finca es tan sólo un vacío potrero…!
Por jugar a los gallos la vaca está empeñada:
y se toma —¡oh delicia!— la leche condensada;
esta emulsión pastosa de algodón y ceniza,
¡que dicen que es la leche de las vacas de Suiza…! |