ÍNDICE

editorial
.el Estado y la Educación Católica

nuestra Historia
.los Pinareños rindieron Homenaje a San José de Calasanz por Lic. Juan Jaume

carta desde La Habana
.la interacción del medio con la espiritualidad  por Félix Saútie Mederos

música
.mi querida España por Rafael Capote Sarmiento

cine
.Hablando de cine  por Miriam Diez Bosch

deporte
.La hora del recuento por P. Juan Carlos Carballo

justicia y paz
.¿Qué es el ruido? por Humberto J. Bomnin
.Sentados en el banco de la paciencia por Herminio Josué Peña
.Una Lección no aprendida por José A. Martínez Coronel

educación cívica
.Entorno a la democracia en Cuba por Roberto Veiga González

reflexiones
.Crisis en el Cáucaso, el problema es otro por Alberto Barlocci

bioética
.La Humanae Vitae y el reto de su Doctrina
.El Sida: la solución y el problema por Isidro Catela Marcos
.Enfermos de VIH por Dr Antonio Padovani

religión
.Mensaje de los Obispos de Cuba a nuestros hermanos cubanos
.Padre Olallo: Signo y Presencia por Ramiro Fuentes Álamo
.Pasos seguidos en la causa de Santidad del P. Olallo
.El Cardenal Rodríguez Maradiaga exige en la ONU lucha contra la pobreza
.Sínodo: la importancia de la palabra en la formación de los sacerdotes por Alexandre Ribeiro
.A propósito del día de los fieles difuntos por Ricardo Ruvalcaba

ecos diocesanos
.Sólo le pido a Díos
.El grupo de trabajadores de la salud, regresó a sus actividades
.Aniversario del sitio Web de la Iglesia cubana
.Comenzó el trienio preparatorio por los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad


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LOS PINAREÑOS RINDIERON HOMENAJE A SAN JOSÉ DE CALASANZ

Discurso pronunciado en el Teatro “Riesgo” por el Dr. Elpidio Pérez Somosa, Inspector Provincial de Escuelas Privadas. Con motivo del III Centenario de la muerte del Insigne Pedagogo San José de Calasanz, Patrono de la Enseñanza Popular y de las Escuelas Pías. Pinar del Río, 26 de marzo de 1949


Año XV. no. 87
septiembre-octubre
de 2008

NUESTRA HISTORIA

 


 
 

Ilustre y Reverendo Sr. Obispo
Dignísimas autoridades civiles y militares
Reverendo P. Rector de las Escuelas Pías

San José de Calazanz.

Señoras y Señores:
Intentamos hoy, aunque sin las dotes tribunicias que la ocasión demande, enaltecer la vida y obras de uno de los varones más eminentes, que meciera su cuna en Peralta de la Sal, partido judicial de Tamarite, provincia de Huesca, España, allá por el año de 1556: José de Calasanz  y Gastón. Mucho me temo que la tarea resulte superior a mis fuerzas, porque se trata de una cumbre de la Pedagogía Escolástica, y los átomos, como este humilde y viejo maestro, aunque encendidos de admiración por la grandeza y santidad del enaltecido, no pueden, como no sea por un milagro, poseer la elocuencia, capacidad y acierto necesarios para tan alto y nobilísimo empeño. Abónesele, no obstante, la circunstancia de que se atreve a tanto alentado por la amistad profunda con que le honra el Padre Rector de la comunidad calasancia y el hecho que va a dar un testimonio público y solemne de los inmarcesibles méritos de un maestro que amó, como nadie, a los niños que, como dijera nuestro gran Martí, son los seres que saben amar y la esperanza de este atormentado mundo.
Si la piedad constante e inquebrantable en el servicio religioso pueden ganar las almas para el amor de Dios, si la pureza de corazón y las cristianas virtudes pueden enaltecer los hombres, ganando para ellos el título de Santo que le ha reconocido la sacratísima Iglesia Católica, Apostólica, Romana, quien le encontrara sin mancha e inmaculado para santificarle, ninguno superior a San José de Calasanz. Para mí lo más grande en la vida y obras de este gran hombre, fue su amor indesmallable por la niñez, amor que en él cobra relieve insospechado, claridades de aurora, pureza de pétalo, suavidades de ala y sonoridades de música angelical; no sabiendo si amaba porque era santo o fuera santo por este su amor sublime, que sabía siempre superar los obstáculos, sobreponerse a las adversidades y mantenerse fuerte, indeclinable, magnífico, en el servicio de la infancia, en ganar los niños para el hogar cristiano, para las grandezas de la familia y de la patria, para la ciencia y el trabajo, para el bien de los hombres y la gracia de Dios, ¡que todo eso y más aún, hizo San José de Calasanz por los niños sus mejores amigos!
Hizo José de Calasanz sus primeras letras en Estadiílla, donde permaneció hasta cumplir los quince años, por el año de 1571. Sus padres, de la mejor nobleza aragonesa, que se afanaban de su estirpe blasonada, quisieron dedicarlo a la carrera de armas; pero el joven se ingenió para pasar entonces a la Universidad de Lérida, dedicándose a estudios de Filosofía, alcanzando brillantemente la licenciatura al cumplir los 19 años, pasando después a Valencia.
De esta ciudad se trasladó a la de Alcalá de Henares donde completó sus estudios de Teología. Ya graduado, José tuvo la desgracia de enfermar, y fue este accidente el que aprovechara para obtener de su padre el permiso que ansiaba de ordenarse sacerdote.
El padre, que soñaba para José otros rumbos en su vida, prefiriendo al hijo presente a los nietos futuros, accedió a concederle la autorización para hacerse sacerdote, por no disgustarlo en trance tan difícil, y así tuvo este hombre ejemplar ocasión de seguir la voluntad por la qué clamaba su corazón, la ambición más cara de su vida: el sacerdocio.
Ya sacerdote, tuvo José de Calasanz la oportunidad de poner de manifiesto el templo de su alma, la firmeza de sus virtudes y su grandeza de corazón y esto, no sólo en las provincias aragonesas, sino en otras regiones de España.
Estudió dondequiera las necesidades del pueblo y se percató de las maldades y lacras sociales que debían ser combatidas, tanto entre los que le rodeaban como entre los integrantes del clero.
Ahora pasa por la terrible pena de perder a sus padres. Entra así en posesión de su menguado patrimonio, dividiéndolo en tres partes: una para sus hermanas, otra para los pobres y sólo una tercera reserva para sí.
Por esta época pasa José al corazón de los montes Pirineos, en la parte en que su provincia linda con Francia y allí evangelizó a los campesinos hasta entonces díscolos e impíos derramando sobre ellos el tesoro de su corazón, especialmente entre los más pobres y humildes de aquellas tierras lejanas; poco después, terminada esta piadosa tarea, bajó a Barcelona, donde graves querellas familiares traían perturbadas a las familias, divididas por odios que parecían irreconciliables,  Calasanz interviene, aquieta los ánimos exaltados y lleva su palabra persuasiva por los derroteros de la piedad y del amor, hasta serenar las almas y conducirlas mansamente a la cordura y el vivir cristianos; fue secretario de obispos y señores, haciendo un uso prudente de su influencia y un empleo adecuado de su inagotable sabiduría; pero su destino lo llamaba a Roma, la Capital del Mundo Cristiano, y allá se fue, entrando a la ciudad de incógnito, porque su modestia y sus virtudes lo alejaban de toda vanidad, de toda ostentación, y lo hacían rehuir la pompa, la comodidad y el regalo del que suelen los hombres rodear su vida. Roma no conocía a José de Calasanz; pero ahora va a conocerlo, pues es en esta ciudad donde sus obras, saturadas de fervor y caridad cristianos, lo elevan a las altas cumbres de la santidad.

San José de Calazanz.

Contemplando un grupo de niños que juegan en la Plaza de San Pedro, concibió la idea de dedicarse al servicio de la educación cristiana de la juventud. Mucho meditó el asunto, hasta que se decidió a fundar la Escuela Pía, nombre que adoptó para su institución por parecerle dulce, porque abraza la fe y la caridad, la inteligencia y el corazón, la palabra y la obra, la compasión y el amor, el hombre y Dios.
En menesteres dedicados a la organización de su escuela, gastó el resto de sus caudales y es ahora cuando más pobre y desvalido se encuentra cuando la institución crece, salvando todos los tropiezos y dificultades, que fueron muchos, se arraigan más, hasta el punto de ser favorablemente acogidas por el Santo Padre, y a más de SS, por otros varones benefactores, difundiéndose primero por España e Italia y más tarde por la América Española.
La educación de la Escuela Pía, no necesita encarecimiento ni en España, ni en Italia, ni en los jóvenes países americanos.
Hagamos ahora, una investigación somera sobre esta escuela pedagógica tal como fuera organizada por San José de Calasanz.
De modo general podemos decir que la organización de la institución Calasancia nos lo presenta en un triple aspecto: como cooperador insigne de la verdad, como primer apóstol de la enseñanza popular, y como reformador eximio del pueblo cristiano.
Como cooperador insigne de la verdad el instituto Calasanz y su fundador, aventajan a todos los pedagogos e instituciones similares, al definir qué debe ser el Maestro, cómo debe ejercer su altísimo ministerio y cuál es la manera mejor de educar a la infancia. La verdad, para San José de Calasanz como para Balmes y Santo Tomás, está en la realidad de las cosas. Considerando objetivamente, ella nos conduce, como de la mano, a la verdad subjetiva, a la que llegamos indefectiblemente; Dios. La actuación del maestro no es, como creían los filósofos griegos y latinos, sacar fuera la verdad de las cosas que permanecía en las almas, porque esa verdad era evidente, bastando que se coopere, que se ayude a verla en nosotros y fuera de nosotros. Ello lleva aparejado la libertad en su más alto sentido, para que las potencias del alma puedan trabajar o ejercitarse en la contemplación de la verdad, después de intuida. Hay en este concepto de la educación y de la actuación del maestro respeto por la persona humana y su libertad y hay humildad profunda en el modo de considerar la función del preceptor, que cooperando con el alumno para encontrar la verdad, llega a ser amado, comprendido y estimado.
Como apóstol de la enseñanza popular, es cierto que otros religiosos o no, católicos o protestantes, laboraron en el mismo sentido que San José de Calasanz, antes de José de Calasanz, y después de él; pero ninguno, hasta su muerte ocurrida en 1618, le supera, ni siquiera le iguala. En efecto: los mismos jesuitas miraban con desdén a los de esta benemérita institución, considerando un menester insignificante el de la enseñanza primaria.
Antes, se fundara la Hermandad de San Casiano en España, y Victoria de Fietre, en Italia, estableciera su Casa Giocosa; pero estas escuelas o instituciones populares no alcanzaron la organización perfecta ni la amplitud de la Escuela Pía, ni traspasaron las fronteras de los países que las vieron nacer, muchas desaparecieron o se transformaron después de sus comienzos; sólo la Escuela Pía tuvo y tiene vida robusta, ejerciendo una acción duradera en la sociedad y la patria, porque se funda en la verdad y se exterioriza en el amor y con éstas por escudo y por espada avanza siempre, triunfadora invicta…
Como reformador eximio del pueblo cristiano, San José de Calasanz hizo obra duradera y perfecta, edificó, como decía Cristo, sobre la roca, y por eso lo edificado subsiste, y vivirá robusta existencia por los siglos de los siglos.
No trabajó para ninguna nación, sino para el pueblo cristiano, sin importarle la bandera que lo cobija. Por eso, aquí entre nosotros mismos, fueron muchos los patriotas que se batieron por la libertad de Cuba y se educaron en la institución Calasancia, porque la Escuela Pía les enseñó a ser firmes en su convicción de cubanos, porque eso era la verdad, era la luz, era la libertad, y así lo dictaba el amor a la tierra nativa. Todo eso, con tal que sea generoso y grande y noble y verdadero, eso y nada más que eso, enseñaban y enseñan las Escuelas Pías que fundara San José de Calasanz.
San José de Calasanz tiene el extraordinario mérito de haber modificado el llamado sistema simultáneo o de Lancáster, asociándolo al sistema mutuo y creando así un sistema mixto en que sabiamente se combinan la enseñaza colectiva y la individual. Además fue Calasanz el que introdujo el canto en las escuelas, considerando la educación musical no sólo como adorno, sino como medio de modificar el carácter, endulzándolo y llenando al individuo de gracia.
En suma, la pedagogía calasancia, a la luz de todos los principios, tiene una base de verdad, de libertad; pero sobre todo, de amor. El propio santo la condensaba así: “Ama y haz lo que quieras”, y ya se sabe que ésta no sólo es la regla de buena conducta para la persona humana, para las familias y para los pueblos; sino que, insensiblemente nos conduce a regir el materialismo grosero y el determinismo tirano, a mostrar al hombre su verdadero y luminoso destino sobre la tierra.
He dicho.

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