ÍNDICE

editorial
.Honremos al Padre Varela con responsabilidad y compromiso

nuestra historia
.El tributo a un hombre bueno
por José A. Quintana

patrimonio
.La ciudad más laberíntica de Cuba por José A. Martínez Coronel

carta desde la habana
.La importancia de la familia en la espiritualidad por Félix Sautié Mederos

literatura
Poesía
.Amor
.¿Cuántos Gregorio?
.Dicen que suelo ser ingenuo
.Para cambiar
por Humberto J. Bomnín
Ensayo
.¿Quién se ha llevado mi queso?
por Antionio Padovani

Opinión
.Premios de la Crítica 2007

música
."Siento el flamenco desde lo más hondo" por Delfina Rodríguez

reflexiones
.Lecciones de la crisis financiera por Mons. Diarmuid Martin

justicia y paz
.Seguridad Social: contribución al debate por José A. Quintana
.La espera cubana por Leonardo Padura Fuentes

educación cívica
.Información: derecho y fuente de riqueza por Sergio Lázaro Cabarrouy Fernández-Fontecha
.Los cristianos deben ayudar a la política a salir de la crisis
por Cardenal Renato Martino

bioética
.Los niños y la miseria espiritual por Lázaro González Piquero
.Los niños con Síndrome de Down, bendición para la familia por P. John Flynn

crónicas
.Tercer encuentro del Instituto Argentino "Jacques Maritain"
por Jorge Núñez.

religión
.¡Nacimiento! por P. Saúl Pinzón
.El Sínodo por Jesús Colina
.La Catedral de Don Justo
por Francisco Rodés
.Héroe de la Caridad, primer beatificado de Cuba
por Dominik Harting

ecos diocesanos
.Día de la cultura nacional
.Consejo Pastoral Diocesano Ampliado
.Un viejo roble
.Recibe Cáritas Pinar, Premio Vida
.Día de la Dignidad Pinareña

Página principal

HÉROE DE LA CARIDAD,
PRIMER BEATIFICADO DE CUBA

DOMINIK HARTING

Año XV. no. 88
noviembre -
diciembre de 2008

RELIGIÓN

     
 
El Padre Olallo .

Fray José Olallo Valdés fue elevado a los altares el 29 de noviembre
En un acontecimiento sin precedentes en la historia, el 29 de noviembre fue beatificado en Cuba fray José Olallo Valdés, religioso de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, héroe de la caridad.
 Compartimos con los lectores de Vitral su legado espiritual, a través de la entrevista realizada por Zenit al padre Félix Lizaso OH, postulador de su causa de beatificación.

Ante todo, díganos: ¿quién era José Olallo Valdés y qué significa para los miembros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en especial y para los demás fieles en general?
Padre Lizaso: El hermano Olallo Valdés era un religioso de San Juan de Dios, y apenas se sabía de su existencia, pues fue el último superviviente en Cuba cuando las leyes del gobierno de España suprimió las Ordenes religiosas en España y América Latina, por los años 1835. La referencia de su existencia sólo aparecía en algunos Anales de la Orden, y poco más.
Nació en 1820 en La Habana, Cuba, vivió 69 años, todos y siempre en Cuba (54 en Camagüey), y murió en Camagüey en 1889. Su nombre completo es José Olallo Valdés, pero se firmaba casi siempre con el nombre de Fray Olallo Valdés y popularmente era llamado "padre Olallo", sin ser sacerdote, pues renunció a serlo cuando se lo propusieron, para poder seguir como enfermero en el hospital.
El nombre de José se unía frecuentemente a otro más propio en los varones, lo mismo que el de María al de las mujeres, por lo que en la Postulación creemos que es más adecuado y propio que sea llamado beato Olallo Valdés.
Al cumplirse el centenario de su muerte, en 1989, dada la popularidad y fama de santidad que se mantenía en el pueblo, un grupo de laicos de Camagüey se organizaron para celebrar la conmemoración centenaria. Fue esta la ocasión para que el arzobispo de Camagüey, monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, unido al hospitalario Manuel Cólliga, español residente en La Habana, invitaran a los actos conmemorativos al entonces nuevo superior General de la Orden, fray Brian O'Donnell, australiano. Monseñor Adolfo aprovechó la oportunidad y pidió al padre Brian que la Orden apoyara el estudio de su santidad en orden a su canonización.
Este fue el origen para que se preparara y se celebrara su proceso de santidad. El hermano Olallo, llamado "padre de los pobres" y "apóstol de la caridad", vivió y murió muy admirado como persona ejemplar íntegra y como relevante enfermero y asiduo servidor de los más desheredados de la sociedad en Camagüey, encarnando plenamente el carisma de la hospitalidad, propio de su vocación.
Al morir, el pueblo y toda la sociedad camagüeyana, a pesar de las grandes divisiones sociales y políticas existentes, se unió para honrarle con el más solemne de los entierros. A continuación,
popularmente se celebró una colecta con otros actos a favor de un mausoleo, que durante 100 años ha sido visitado por muchísimos devotos para pedirle su ayuda y su intercesión.
Varios testigos declararon durante el proceso canónico que frecuentemente encontraban en su tumba flores frescas. De aquí que, en Camagüey particularmente, se haya seguido con grande
expectación el estudio de su Causa de santidad y actualmente, con ocasión de su Beatificación, se viva con especial ilusión y alegría la preparación.
La beatificación del hermano Olallo, pues, alcanza un especial significación para todo Cuba, además de Camagüey. Y no es menos para los Hermanos de San Juan de Dios, en cuanto que se trata del descubrimiento de un religioso, que en poco tiempo se ha hecho admirar por sus características hospitalarias tan singulares. Su extraordinario testimonio de santidad y de Hospitalidad, con fama popular de santo, que relativamente en poco tiempo ha sido reconocido por la Iglesia, llega en un momento muy particular para las vocaciones, no solo en Europa, sino también en América Latina y para toda la Orden. Esta Beatificación puede ser un fuerte revulsivo para todos.
El eslogan de su vida testimonial, que es el de su beatificación lo indica todo: "Se preocupaba por los pobres, enfermos y leprosos; por los abandonados y moribundos; por los niños enfermos y sin escuela; por los ancianos sin familia, por los presos enfermos; por los africanos y asiáticos, contra la esclavitud. Se hizo todo para todos".

José Olallo fue el segundo beato de Cuba, y por primera vez una beatificación tuvo lugar en la isla. ¿Qué se espera en la iglesia de Cuba de este acontecimiento histórico, y cómo se prepara?
Padre Lizaso: Sí, en verdad nuestro beato Olallo fue el segundo cubano beatificado y el primero en Cuba. No obstante, la realidad es que el beato Olallo es el primero prácticamente para todo, porque sin duda es el más popular y el más venerado en la isla como santo.
El primer beato cubano, José López Piteira, apenas solamente nació en Cuba, hijo de padres inmigrantes españoles, que permanecieron pocos años en la Isla, y muy niño volvió a España con sus padres. Se hizo después religioso agustino y murió mártir muy joven en 1936. De hecho no era conocido en Cuba y sólo consta por su bautismo.
La beatificación del hermano de San Juan de Dios Olallo Valdés, históricamente la primera celebrada en la Isla, tuvo lugar en la ciudad de Camagüey, el sábado 29 de noviembre de este año 2008. Con la aprobación de la santidad y del milagro, se ha levantado mucho ánimo y especial entusiasmo, por todo lo que significa y puede estimular y confortar a los cubanos y a la iglesia cubana un santo de su patria.
La Conferencia Episcopal cubana recomendó que se celebrara con una debida preparación para conocer mejor su vida y testimonio y para sensibilizar una vivencia más realista y profunda del acontecimiento.
El arzobispado de Camagüey ha divulgado un cuestionario de 100 preguntas, históricas, culturales y religiosas, sobre el nuevo beato, lo que también ayudó a esta preparación. Además se celebraron frecuentes peregrinaciones a su tumba e iglesia San Juan de Dios, en donde son venerados sus restos desde 2004, acudiendo las diversas comunidades y asociaciones cristianas, incluso de artistas y de otros entes religiosos y culturales, despertando especial entusiasmo e interés.
Los Hermanos de San Juan de Dios también han colaborado generosamente desde el inicio del estudio de la Causa y su contribución ahora se puede decir que está siendo más generosa.
La santidad de Olallo con la beatificación son también un signo concreto de que la iglesia está siempre en medio del pueblo, de sus necesidades y a su servicio por su bien. Así lo hizo Olallo y se pretende siempre hacerlo a su ejemplo.
Todo ello además hará que al conocer mejor su vida y su excelente testimonio, también crezca en bien de todos su veneración, devoción, imitación e intercesión, y no solo en el aspecto de fe y religiosidad, sino también en el campo social y sanitario, donde él más se dedicó.

¿Puede la beatificación de Olallo ser un estímulo también para la religiosidad de todo el pueblo cristiano, no sólo en Cuba?
Padre Lizaso: Sin duda que sí. Un santo no solamente influye a nivel local o institucional, que en nuestro caso se concretaría a Cuba y a los Hermanos de San Juan de Dios, sino que, en especial desde su canonización, su valor testimonial e intercesión es ya valorado a nivel universal, en toda la Iglesia, en todo el mundo. Ese es el motivo significativo que ha querido expresar el Papa Benedicto XVI reservándose personalmente la celebración de las ceremonias de las canonizaciones, mientras las beatificaciones las solemniza un delegado suyo.
En principio el beato Olallo, hoy, en cuanto casi únicamente conocido y venerado en Cuba, repercute fundamentalmente su ejemplo y testimonio entres los cristianos de la Isla. De hecho fue la difusión de su entrega benemérita, humanitaria, cristiana, misericordiosa, social y sanitaria a través de la publicación de rotativos, gacetas, revistas, etc., casi exclusivamente de Cuba, lo que hizo que se divulgara su vida modélica y ejemplo, y proporcionara a la Postulación material suficiente para el estudio de su santidad. En el pueblo cubano el padre Olallo está considerado y tiene visos de protagonista y héroe local y nacional, y eso naturalmente también influye en alguna medida para la acogida y aceptación de su beatificación a todos los niveles.
Considero además sin ninguna duda que se ha recibido este paso de la beatificación de nuestro Olallo con especial satisfacción por todo el pueblo cubano, pero a través de la Orden Hospitalaria, extendida por todo el mundo, ha empezado a ser conocido por tantas otras partes de la tierra, de la misma manera que tantos otros cubanos, residiendo en tantas otras naciones, y que muchos ya tienen noticia, reciben el acontecimiento con ilusión y alegría.

¿Cuál es el "secreto" del nuevo beato?
Padre Lizaso: No tiene ningún "secreto" en sí mismo, el que un siervo de Dios sea proclamado beato o santo. Pero si deseamos atribuirle uno, no es otro que el de su santidad reconocida; o sea, que la Iglesia haya aprobado su vida santa con el milagro. En nuestro caso del nuevo beato Olallo Valdés, la Iglesia lo ha hecho ya reconociendo su espíritu de vida íntegra y ejemplar, y su plena y total entrega en la acogida y asistencia, de por vida, a los más pobres, enfermos, abandonados.
El beato Olallo fue tan perfecto imitador de san Juan de Dios, su fundador que, como él, también Olallo fue calificado con los títulos de "héroe de la caridad", "apóstol de la caridad", "padre de los pobres", entre otros.

Para una beatificación se necesita un milagro. ¿En qué consistió en este caso?
Padre Lizaso: Por lo mismo que a la muerte del padre Olallo, el pueblo entero se echó a la calle y empezó a manifestar su veneración con extraordinarias manifestaciones de pena, de oración y participando a sus funerales y entierro, también después continuaron visitando su tumba; del recuerdo y de la admiración agradecida, sus devotos pasaron a una conmovida veneración: le visitaban, le rezaban, le llevaban flores, le pedían su ayuda e intercesión y ellos sentían su amparo, su patrocinio y expresaban las gracias y favores recibidos.
El recuerdo y admiración se convirtieron en veneración e intercesión, signo de su fama de santidad, mantenidas por espacio de cien años, y después afirmadas y declaradas por no pocos de los testigos al Tribunal del Proceso sobre su santidad.
Con el inicio del Proceso y estudio de su santidad, se acentuó todavía más la veneración; era muy frecuente recibir en la Postulación cartas comunicando nuevas gracias y favores recibidos por intercesión del Padre Olallo. De los diversos casos comunicados, se escogió uno por su peculiaridad: fue el de la curación de una niña de 3 años, llamada Danielita Cabrera Ramos, de la misma ciudad de Camagüey. La enfermedad que afectaba a la niña fue catalogada y diagnosticada como un "linfoma non Hodgkin probable Burkitt, en el 3-4 estadio, con vasta difusión abdominal, complicado con una insuficiencia renal aguda y precoz recaída".
Su curación inmediata y perfecta ocurrió la tarde del 18 de septiembre de 1999, sábado. Se puede sostener que fue fruto de una continua oración comunitaria de toda la parroquia, además de otros grupos y vecinos de la familia, los cuales unidos y estimulados por el ejemplo de fe y confianza en el Siervo de Dios Olallo de los padres de Danielita. Todos reconocieron que cuanto más se manifestaba la gravedad, más redoblaban la oración.

Los tiempos vividos por el futuro beato no eran nada fáciles para los religiosos, ¿puede describirnos un poco los desafíos de aquel entonces y cómo fray José y su Orden reaccionaron?
Padre Lizaso: Sí, realmente, no eran tiempos fáciles, los años propios del siglo XIX, en que le tocó vivir al beato Olallo. En la Isla de Cuba, como en la mayoría de los países de América Latina, eran pueblos que se estaban constituyendo en su identidad con el deseo de su emancipación y en plena evolución en su desarrollo social y político; al mismo tiempo reinaba mucha pobreza, falta de higiene, apareciendo graves epidemias, existiendo todavía la esclavitud, con dominio del que más podía, etc., etc.
El padre Olallo se desenvolvió durante 54 años en un hospital para pobres y ancianos, en medio de la falta de medios, hambre, guerra, epidemias, esclavitud, rivalidades políticas y sociales, etc., y siempre y continuamente estuvo comprometido en esos ambientes y sus necesidades.
Un autor escribe: "En el período terrible y borrascoso en que luchaban desencadenadas las pasiones de los hombres, ajeno a la contienda, él era el único tal vez, que no guardaba rencor, y al verse solo no sintió vértigos, ni vacilaciones en su obra, y supo rechazar la honra, aunque merecida, y perdonar la injuria, siempre injusta".
En medio de tan desastrosa situación social, también le tocó sobrellevar el momento difícil que vivía la Iglesia y los religiosos, con la desamortización y la exclaustración con todas sus consecuencias, más bien desastrosas, para los sacerdotes, los conventos y las personas consagradas.
En condición de exclaustrado continuó el Padre Olallo en el hospital, como un enfermero civil, pero muy admirado y reconocido por el pueblo por su calidad de vida. De los 25 últimos años de su vida, los primeros diez tuvo que atender de una grave enfermedad a su entonces único compañero religioso, fray Juan Manuel Torres, y después que él murió, los 13 últimos de su vida, se quedó totalmente solo en el hospital, como único superviviente hospitalario. Únicamente Dios y unos pocos bienhechores estaban cerca de él.

El carisma de la Orden Hospitalaria es la hospitalidad. ¿En qué consistió en tiempos de fray José Olallo Valdés, en que consiste hoy? ¿Qué quiere decir "hospitalidad"?
Padre Lizaso: Mientras comúnmente la hospitalidad se orientaba a la acogida de peregrinos en sentido de albergues, en cuanto acepción común del término "hospitalidad", el mismo término con San Juan de Dios adquiere una significación particular, más directa y profunda, de carisma de acogida y asistencia con actitud cristiana y evangélica hacia los enfermos y preocupación de ayuda al pobre y necesitado en general.
Concretando en Olallo Valdés, el carisma hospitalario se manifestó mediante su cercanía, acogida, asistencia y curación por y con amor a toda persona enferma y necesitada. Olallo desde el primer momento (se incorporó a Camagüey a los 15 años) se entregó con plena dedicación a los enfermos, sobresaliendo pronto asistiendo a los afectados del cólera morbo; se multiplicó en todas las circunstancias, se puede decir fáciles y difíciles, siempre y continuamente.
En las circunstancias normales no fue menos su preocupación y dedicación a los ancianos, muchas veces abandonados, a enfermos pobres, lo mismo que acogiendo a niños de la calle, e incluso sin escuela, y siempre sin acepción de personas. Todo enfermo es un necesitado. Además de enfermero, en virtud del carisma de la hospitalidad aprendió y practicó de cirujano, de médico, de farmacéutico, e incluso de maestro y educador, no suplantando a ningún profesional, sino ayudando a quien no lo tenía o estaba impedido de tenerlo.
Hoy la hospitalidad en la Orden de San Juan de Dios, sin perder de vista toda asistencia a enfermos y necesitados, tanto en sentido sanitario como social, va más dirigida a realizar, suplir y complementar necesidades sociales y asistenciales no cubiertas suficientemente, teniendo en cuenta siempre lugares y circunstancias, sin olvidar las misiones y países del tercer mundo.

¿Qué es lo que usted estima más en el nuevo beato? ¿Hay algo que aprendió de él? ¿Qué era verdaderamente impresionante para usted?
Padre Lizaso: Al conocerle, mi reacción primera fue de admiración y pena. Admiración ante una figura tan singular, tan íntegra, tan fenomenal e íntegro como persona, como hospitalario y como santo, y pena por haber pasado tantos años sin haber sido conocido y reconocido.
Además del modo extraordinario de comportamiento que Olallo mostraba, lo que más me llamó la atención fue desde el primer momento su grandeza de espíritu y su constancia. Me admiró especialmente su reacción positiva desde el primer momento ante la acogida un tanto despectiva del primer superior en Camagüey que, considerándole un jovenzuelo inmaduro, en pocos meses cambió su prevención en "afecto y confianza", reconociendo que Olallo había llegado a ser como "sus pies y sus manos".
Al ir conociendo los testimonios sobre Olallo comprendí los designios de Dios en él: se cumplía el criterio evangélico de que el humilde es ensalzado, pues había permanecido en la penumbra histórica, oculto en el corazón del pueblo camagüeyano y en el momento preciso surgía su testimonio tan fuerte, que apareció su figura como una nueva estrella en el firmamento, la perla preciosa del evangelio, que aparecía para enriquecer e iluminar a Camagüey, a todo Cuba, a la Orden de San Juan de Dios, en definitiva a la Iglesia, cual modelo evangélico del Jesús compasivo y misericordioso y buen samaritano.
Y más en particular personalmente, Olallo se me fue haciendo un Hermano especial, de desconocido a inmediato y compañero, que me ha estimulado e incluso denunciado; también se me presentó necesitado, no por él ni para él, sino un Hermano nuevo que el Señor nos lo regalaba para nosotros, para que su testimonio nos iluminara a todos. Él con la Orden, la Iglesia y Dios pedía mi aportación como Hermano de San Juan de Dios-Postulador, para que su extraordinario testimonio carismático de hospitalidad heroica fuera conocido, reconocido, y desde la Iglesia iluminara el camino de Cuba y de
la Orden en lo que es la esencia del evangelio, el amor, hecho servicio en favor de los que sufren a nuestro alrededor.
Considero que la beatificación del hermano Olallo Valdés es el momento en que la perla preciosa es presentada, descubierta, a todos por la Iglesia.