ÍNDICE

editorial
.La emigración, un fenómeno alarmante

nuestra historia
.Yugo y Estrella
por Dr Antonio Padovani

.Inicio de presidio del niño José Martí por Sergio R. San Pedro
.El Chaflán, la otra mirada
por José A. Martínez Coronel

cine
.Cuando a Jesús se le encuentra en el cine
.Película sobre Juan Pablo II
por Carmen E. Villa Betancourt

reflexiones
.Barack Obama: Crónica prospectiva por José Antonio Quintana
.Discurso inaugural del presidente Barack Obama

carta desde La Habana
.Continuar la tarea del sembrador por Félix Saútie Mederos

Educación Cívica
.El comunicador católico, constructor de la paz por P. Antonio Rodríguez.
.La honradez y la fidelidad por P. Juan Carlos Carballo

Justicia y Paz
.Crisis de Superespeculación por José Antonio Quintana
.Las enseñanzas de la crisis financiera por Giovanni Marseguerra
.La Santa Sede pide una auténtica “refundación” del sistema financiero mundial.

bioética
.Por una cirugía que respete al enfermo. Benedicto XVI
.Enfermedad de Alzheimer por Dr. Antonio Padovani

religión
.Pablo, el mayor misionero de todos los tiempos
.Iglesia y sociedad en Cuba a los 15 años de El Amor todo lo espera
.Combatir la pobreza, construir la paz. Mensaje de su Santidad para Jornada mundial de la Paz

deporte
.A la vista el segundo Clásico mundial por P. Juan Carlos Carballo

ecos diocesanos
.Fiesta de la Iglesia en Cuba .Taller sobre El amor todo lo espera
.Encuentro de ministros de la Palabra
.XXIII Graduación de las aulas de Computación
.Navidad en Pinar del Río
.Celebración del 1 de diciembre
.Nacimiento y Fiesta de la Luz en Consolación del Sur.

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BARACK OBAMA:
CRÓNICA PROSPECTIVA

JOSÉ ANTONIO QUINTANA

Año XV. no. 89
enero-febrero
de 2009

REFLEXIONES

 

 

El 4 de noviembre entré a la oficina de la revista y percibí en las señoras que allí trabajan una expectativa desacostumbrada. Eran las nueve de la mañana y ya querían saber el ganador de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de Norteamérica. Correlacionaban los inminentes resultados de la votación con el destino de Cuba. Tenían los ojos de su fe vueltos al Norte. El suceso, casi ocurrido, generó en la mayoría de los cubanos curiosidades, esperanzas o preocupación. Tuvo el poder de captar la atención analítica del pueblo de Cuba.
Al día siguiente, en Harlem, un hombre portaba un cartelón que decía: “Obama: the great black hope”, la gran esperanza negra. Ese mismo día, un titular de primera plana de un gran periódico norteamericano decía: Martes Negro. La televisión mostraba un primer plano de Jesse Jackson emocionado, lloroso. No podía creerlo. Un milagro. Un sueño hecho realidad. Parecía que una mujer ocuparía la Casa Blanca primero que un negro. El acontecimiento fue más sorprendente que cuando un polaco se convirtió en Papa. La noche del martes aplaudieron y bailaron los vulnerables, los jóvenes y las mujeres; los negros y los latinos; los que han perdido la vivienda, los que no quieren la guerra ni la tortura y el espionaje doméstico legalizados. Tristes, se preocuparon los otros, y, algunos, comenzaron a limpiar las mirillas telescópicas ocultadas desde el asesinato de Kennedy. Así son los avatares de la historia: una combinación de necesidad y casualidad, de planificación y de sorpresa.
Electo el presidente comienza la transición. Es la hora de instrumentar los acuerdos previos. Todo aquel que puso suficiente dinero y apoyo moral significativo lo hizo a cambio de una cuota de participación en el gobierno, es decir, en el altar donde se sacrifican los intereses personales a los de la nación. Es necesario escoger,  entre la urdimbre de intereses personificados, a los hombres y mujeres más talentosos para organizar el cumplimiento de las promesas que estaba previsto cumplir, y de aquellas otras que no quede otro remedio que hacerlo. También se habrá de consensuar la escogencia de los funcionarios clave para los puestos críticos, aquellos como la secretaría de estado, por citar un ejemplo. Y mientras ese proceso negociador se lleva a cabo, el mundo, que ya tiene conciencia práctica de la suma de problemas que amenazan su existencia, se pregunta: ¿qué pasará?; ¿qué cambiará?
Algunos sueñan, en términos del vocabulario político chino de hace 60 años, que habrá giros de 180 grados en la política exterior norteamericana. Ello implicaría que el imperio dejara de ser tal, que dejara de ser, como se le acusa por sus muchos enemigos, imperialista. Pero, ¿es realmente imperialista la política del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, o se trata de una falsa acusación, inventada por comunistas, fracasados y resentidos?
Tratadistas del tema, occidentales, liberales, dicen que la figura de acto imperialista se integra cuando un país, con base en su poderío militar y fuerza económica, intenta modificar o modifica, para su provecho, el statu quo o equilibrio del mundo. Es lo que hizo César en Las Galias y Napoleón en todo el mundo, por eso eran imperialistas. ¿Ha hecho algo parecido el gobierno norteamericano; le sirve el sayo de la definición a lo que hizo en Viet  Nam, en Afganistán e Irak?  Las invasiones o intervenciones hechas en Santo Domingo, Cuba, Nicaragua, Guatemala y Panamá, no parecen ser actos imperialistas, sino, más bien, acciones de defensa hemisférica, evitadoras de los peligros que esas minúsculas e inermes repúblicas representan para la seguridad de Estados Unidos.
Seguramente el lector tendrá su propio criterio al respecto del imperialismo. Ahora, en caso de que sea imperialista el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, ¿podría no actuar como imperialista su presidente recién electo aunque deplorara las prácticas imperiales? ¿Tendrá convicciones liberales íntimas, no declaradas, el nuevo presidente, que lo induzcan a reprobar las prácticas imperialistas? Si así fuera y puesto yo en su lugar, no lo diría ni a mi confesor.
De todas formas, hay gente que prefiere pensar que el Sr. Obama no es radicalmente diferente del promedio de sus predecesores en el cargo; que estrenará un cambio en las formas y en el estilo de gobernar; que recortará o ampliará las mismas estructuras y matizará los colores, y que, en fin, lo que es alentador, aportará más de lo mismo pero parecidamente diferente. En esa diferencia reside el futuro prestigio y la continuación del liderazgo  de Estados Unidos, así como la paz del mundo.

Pero, ¿y si verdaderamente sus creencias y actitudes difiere del promedio de sus predecesores? El argumento de muchas personas para objetar esta posibilidad es que si fuera diferente al estándar aceptado para dirigir al gran país no habría sido postulado y mucho menos dejado ser presidente. Lee Iacoca, célebre empresario de la Ford, salvador de Cryssler y aparente amigo de Mac Namara y Reagan, fue advertido para que no aceptara su postulación o tendría serios problemas “vitales”. Era un norteamericano de origen italiano. Solo eso. A Collin Powel, el héroe de Viet Nam, el general de mano dura, también le advirtieron lo mismo. Solo es negro. Y Kennedy, millonario, blanco, que cumplía todos los requisitos, ¿qué le pasó? La alianza para el progreso, querer conversar de paz con Jruschov e intentar comenzar negociaciones con Fidel Castro, le costó la vida.
Tal vez ahora el escenario es propiciatorio de un nuevo New Deal liderado por un ciudadano negro con nombre musulmán. Quizá la historia, al repartir las cartas, creó un juego en que la crisis económica, el descalabro de las guerras y el desprestigio de los funcionarios y las políticas establecidas en el gran país, modificaron la intención de voto, los prejuicios de los ciudadanos y la permisividad del poder real tras bambalinas. Es posible que una inesperada y rara combinación de necesidad y casualidad hayan producido el fenómeno Obama.
Lo que hará el presidente recién electo no lo puede saber ni él mismo. La incertidumbre está en el hecho de que pueden ocurrir muchas más cosas de las que definitivamente ocurrirán. La crónica del provenir es un ensayo de conjeturas con diverso grado de probabilidad y un ancho campo de error probable. Si el señor Obama fracasara en el enfrentamiento de la guerra, la crisis económica y las relaciones con el mundo, el racismo habrá ganado un argumento empírico y la humanidad habrá perdido una gran oportunidad. De todas formas, “por sus hechos lo conoceréis”, como reza en las sagradas escrituras.


 
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