|
Anunciar a Cristo, en todo momento por encima de cualquier dificultad, es una de las maneras de definir la misión permanente, eje central de la pastoral de nuestra Diócesis y recomendada por la Conferencia de Obispos Latinoamericanos de Aparecida, celebrada hace dos años.
El pasado 2 de abril, fue el día de la Misa Crismal, donde se bendicen los óleos para el bautismo, la confirmación, la consagración y la unción de los enfermos. Día en que los sacerdotes renuevan sus votos ante el Obispo.
Como es costumbre en Pinar del Río, los sacerdotes y religiosas tuvieron retiro toda la mañana, en la tarde hubo una reunión de 3 horas del Consejo Pastoral, que incluyó a los laicos responsables de Comisiones Diocesanas. El Obispo dictó una conferencia de 20 minutos sobre los elementos de la historia cubana de los últimos 50 años que han influido drásticamente en las maneras en que la Iglesia y realiza su misión, enfatizando en aquellos que aun hoy están presentes y constituyen retos o dificultades. Luego varios de los participantes hablaron de temas importantes para la Evangelización, como la necesidad de mejorar la pastoral de acogida y del Bautismo, la formulación de un programa pastoral diocesano escrito, que sirva como “columna vertebral” para el trabajo de las comunidades y las comisiones.
La Misa Crismal se realizó a las cinco de la tarde en la Catedral concelebrada por los sacerdotes presentes y presidida por el Obispo, quien predicó sobre el papel del sacerdocio en medio de nuestra realidad a la luz del Evangelio de Lucas 4, 16-29. La Palabra es “camino de liberación” cuestionadota de toda realidad, interior a la persona y social, contraria al criterio de que “todo está bien”, propia de los que tienen el poder y no lo usan para servir, dijo el Obispo. En ese sentido los sacerdotes deben acompañar al pueblo, siendo “sacerdotes verdaderos, padres y pastores, no simples activistas y organizadores. ¡Eso es lo que quiere el pueblo!”, recalcó con fuerza. “La justicia se basa principalmente en el cambio interior de las personas, para que así cambie, la familia, el trabajo y la sociedad, quienes pretenden sanear la sociedad, deben primero sanearse a sí mismos”. Así los sacerdotes deben gobernar sus comunidades con “caridad y razón”, conduciéndola con “respeto a todos”, pero “sin faltar a la verdad”.
La misa concluyó con el abrazo y apretón de manos entre hermanos que se ven pocas veces en el año, pero que trabajan juntos por los mismos altos propósitos.
|