Hay una Semana Santa que nos “hiere” a todos. Es el olor a incienso y a azahar. Es la gente en la calle, caminando en todas direcciones y recorriendo recobecos y atajos olvidados hasta la llegada del Domingo de Ramos. Son los tambores. Esta es la Semana Santa que nos muestra Raúl en su fotografía.
Nos encontramos ante una serie de fotografías en blanco y negro; sin atuendos ni florituras pero con una expresividad y emotividad inauditas. Podemos analizar cada fotografía con toda minuciosidad sin defraudarnos, pero sigue siendo la impronta y la emoción que ésta desata, donde reside el verdadero valor de su trabajo.
Un trabajo realizado desde donde el olor a incienso impregna la ropa, desde donde nosotros mismos dejamos de ser espectadores para formar parte de la escenas.
Su implicación, su inclusión hace posible las acusadas y hasta forzadas perspectivas, elemento constante en toda la serie. Los ciriales, los varales del paso palio, los capirotes o cualquier otro motivo se repite, alejándose y trazando el camino a seguir por nuestra mirada. Es así como Raúl Díaz nos invita con sus perspectivas, a adentrarnos en la verdadera esencia de la Semana Santa.
En un contrapicado, los ciriales alumbran el vibrante y recóndito espacio del interior de una iglesia y apuntan a los elementos sostenidos, o al cielo mismo, si nos hallamos a la intemperie. Los personajes se convienten en personas, tomadas en un primerísimo plano, sin que se percaten de nuestra presencia. El “quejío” del capataz casi se oye retumbar entre las trabajaderas. El callejón se estrecha ante la furtiva mirada del fotógrafo, para encerrar al Cristo crucificado y a la multitud que lo contempla. Los capirotes se alinean desordenados entre la portada de Santa Marina y el aguador.
La luz, en la mayoría de los casos artificial, ilumina tímidamente las escenas posibilitando la infinidad de grises en los que Raúl las traduce.
La disposición de todos estos elementos se organizan en su visor, en torno a un eje de simetría unas veces, una diagonal otras, pero en todo caso conscientemente. Y es que ha sido necesaria toda una trayectoria para que este “producto” sea posible. La prisa del Raúl Díaz de los primeros años y su espontaneidad inicial, han dado lugar a estas meditadas imágenes, no excentas de lo efímero e increible de su fotografía.
Las fotografías fueron realizadas
por el fotógrafo español Raúl Díaz
en las fechas de Semana Santa
en Sevilla 2008.
.
|