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No cabe la menor duda que la palabra crisis se ha puesto de moda y acapara los cintillos de los principales periódicos del mundo entero. Para los cubanos es quizás una palabra recurrente y de múltiple uso en el argot diario, pero en este caso, amén de los significados que podamos encontrar en cualquier diccionario, merece detenernos a meditar en la Crisis Global actual la cual va a extendiendo sus tentáculos y en mayor o menor medida irá tocando a cada uno de los países, dado lo globalizado del mundo actual y a cada uno de nosotros atendiendo a nuestras características en particular.
Debo reconocer varias cosas antes de adentrarme en un análisis del actual fenómeno. Primeramente que la Crisis sólo me llamaba la atención desde el aspecto informativo; la veía lejana a pesar de vivir en Canadá, el país vecino a donde estalló el problema. Fue una vez que me tocó que comencé a ver más real el problema. Ya no era algo que estaba sucediendo a kilómetros de distancia, era algo que había entrado a mi casa y afectaba en alguna medida mi economía familiar. Por otra parte nunca había tenido una gran cultura económica y muchos de los términos que se manejaban tratando de explicar el por qué, cómo, y demás interrogantes de esta crisis me eran bastante ajenos. Pero no quedaba más remedio, tendría que, de alguna forma, contestarme algunas preguntas para poder entender definitivamente qué era lo que estaba pasando en el mundo, prepararme y ver cómo enfrentar el fenómeno de la mejor manera.
También debo decir que, gracias a Dios, en mi caso particular tengo a mi alcance un imprescindible instrumento en la vida diaria y de él me auxilié para despejar mis dudas. Evidentemente me estoy refiriendo a Internet, pero como sé que muchos de los lectores de Vitral lamentablemente no tienen acceso a la red de redes y los que tienen esa posibilidad, casi pudiéramos decir privilegio, quizás sea muy limitada, es que me decidí a escribir estas reflexiones.
Entrar a cualquiera de los buscadores de Internet y poner la palabra “Crisis” genera instantáneamente un sin fin de artículos imposibles de leer, porque si muchas veces la falta de información agobia, en otras, el exceso, nos asfixia. Pero buscando y buscando encontré un trabajo el cual explicaba la situación de manera sencilla, sin muchos tecnicismos y casi usando un lenguaje, más que español, cubano, lo digo por la manía de los cubanos de analizar los grandes problemas que nos afectan de una manera jocosa. Este artículo más que explicar, respondía todas mis dudas al respecto. Me refiero a lo que el exprofesor español del IESE, de 75 años, Leopoldo Abadía, denomino “La Crisis Ninja”. Después que este señor saco a la luz sus «teorías» sobre la actual crisis su vida cambió radicalmente y en su blog recibe miles de visitas diarias de personas que buscan, como yo, respuestas a sus incertidumbres. Él mismo explica el éxito de su teoría cuando dice no escribir “nada que no entienda”. En el presente trabajo nos proponemos «traducir» la ya famosa teoría de los «Ninjas». Para ello definamos primeramente que un «Ninja» o «Cliente Ninja» es un excluido del sistema crediticio de cualquier país, ya que reúne las siguientes nefastas características financieras: no «income», no «Jobs», no «assets» o sea, sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades. Antes de seguir adelante veamos algunas declaraciones dichas por el propio Abadía y que nos pudieran dar pistas para entender mucho mejor su teoría. Asegura que lo único que ha hecho es “copiar” algunos artículos publicados en importantes diarios, lo único que “puestos en orden”. Abadía utiliza una hipotética Caja de Ahorros, la caja de San Quirico, inspirada en una localidad barcelonesa, ciudad donde vive, cuyos clientes depositan su dinero confiadamente sin tener la menor idea de lo que hacían con él al otro lado del Atlántico. Posteriormente cuando comienzan a leer las noticias de lo que estaba sucediendo en los Estados Unidos solo alcanzan a exclamar, con indeferencia, sin saber hasta qué punto están involucrados en el asunto “!Qué locos estos americanos!” Es que como dice este señor: “La globalización tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes y sus peligros. La gente de San Quirico no sabe que esta corriendo riesgos en los EEUU”.
Dicho todo lo anterior a manera de preámbulo, veamos cómo explica la actual situación la «Crisis Ninja».
Evidentemente, como todo proceso natural y humano, existieron algunas premisas: Durante años, los tipos de interés vigentes en los mercados financieros internacionales habían sido excepcionalmente bajos, por lo cual los bancos veían que sus negocios se hacían más pequeños obligados a dar prestamos con bajos intereses y además tener que pagar algo a los clientes por sus depósitos lo cual hacia más pequeño cada día el Margen de Intermediación del banco que es en definitiva su negocio y de donde salen su ganancias.
Para solucionar esta situación a alguien se le ocurrieron dos importantes acciones y ojo que fue aquí precisamente donde comenzó la crisis. Fueron estas dos medidas las que se fueron convirtiendo rápidamente en la gran bola de nieve que cuesta abajo arrastraba o aplastaba todo lo que encontraba a su paso.
- Dar préstamos más arriesgados, por los que podrían cobrar más intereses
- Compensar el bajo Margen aumentando el número de operaciones (1000 x poco es más que 100 x poco).
Fue aquí donde precisamente aparecieron los «Clientes Ninjas» que definimos anteriormente, personas sin recursos financieros y que de pronto los bancos le ofrecen la posibilidad de tener propiedades, haciéndoles prestamos pero con altos intereses justificados por el alto riesgo de la negociación. Cuando una persona no cabe dentro de la definición de «Cliente Ninja» y está buscando un préstamo de un banco, si este le ofrece un alto interés simplemente, va a otro banco a buscar el préstamo necesario con un interés más razonable, pero cuando el cliente no tiene muchas puertas donde tocar tiene que aceptar posiblemente al único que le ofrece el préstamo aunque en el vaya envuelto un alto interés. Los bancos aprovecharon a estos «Clientes Ninjas» fundamentalmente en el boom inmobiliario que estaba estremeciendo los EEUU. Pero para hacer aun más atractivo el negocio y que no quedara ningún posible «Cliente Ninja» excluido de la fiesta, llenos de entusiasmo, decidieron conceder créditos hipotecarios por un valor superior al valor de la casa que compraba el «Ninja», porque, con el citado boom inmobiliario, esa casa, en pocos meses, valdría más que la cantidad dada en préstamo. O sea que los bancos no se conformaron o limitaron en hacer el préstamo por el valor de la casa a personas con altas probabilidades de impagos sino que les daban prestamos superiores a ese valor para que pudieran además arreglar la casa a su gusto, comprar muebles y hasta un auto nuevo que nunca está de más. A este tipo de hipotecas se les llamó «hipotecas subprime». Con estas medidas el negocio de los bancos florecía nuevamente pues desaparecían las dificultades enunciadas inicialmente. Ahora los intereses volvían a ser altos y había mayor número de operaciones lo que redundaba en un mayor margen de ganancias. Sencillo ¿verdad?
Todo esto comenzó a funcionar y de hecho funcionó adecuadamente durante varios años, basado fundamentalmente en que la economía de los EEUU en esta época era sólida y ese «Cliente Ninja» conseguía trabajo y podía ir pagando sus deudas con los bancos. Hasta aquí todos contentos.
El problema comenzó a complicarse precisamente debido al incremento del número de operaciones. Como los bancos iban dando muchos préstamos hipotecarios, se les acababa el dinero. Había que buscar una solución a toda costa y nuevamente un cerebro ágil la encontró: acudir a bancos extranjeros para que les prestasen más dinero, (para algo está la globalización). Y es precisamente aquí donde el exprofesor Abadía saca a relucir la Caja de Ahorros de San Quirico. Un cliente de esa caja de ahorros deposita su dinero allí e inmediatamente ese dinero está volando hacia un banco de EEUU con el cual tiene excelentes relaciones financieras y este banco lo está prestando, con un alto interés, a un «Cliente Ninja». Ni el cliente de la caja de ahorro sabe qué se está haciendo con su dinero ni el «Ninja» sabe de dónde salió, pero el mecanismo funcionaba adecuadamente y rendía buenos dividendos para los que sí sabían lo que estaba pasando.
Pero sucede que existen unas normas internacionales, conocidas por “Normas de Basilea” que estipulan que los bancos de todo el mundo tienen que tener un capital mínimo en relación con sus activos. Fue aquí donde en realidad comenzó a fallar todo el sistema. Las Normas de Basilea exigen que el capital de un banco no sea inferior a un determinado porcentaje del activo. Entonces, si el banco está pidiendo dinero a otros bancos y dando muchos créditos, el porcentaje de capital sobre el activo de ese banco baja y no cumple con las citadas Normas de Basilea y esto crearía un serio problema legal.
Nuevamente se necesita una idea salvadora de la situación y la solución no se hizo esperar. Surgieron lo que se llamó “Mortage Backed Securities” (MBS) haciendo paquetes de hipotecas en los cuales agrupa hipotecas subprime (recordar que son las de alta probabilidad de impagos, o mejor, la de los «Ninjas») con hipotecas prime (clientes con alta probabilidad de pago o no «Ninjas»). De esta forma el banco logra que, por ejemplo, si tenía 1000 hipotecas independientes, ahora tenga 10 paquetes de 100 hipotecas cada uno, juntas las prime y las subprime y entonces de la manera más rápida posible, se venden esos paquetes, lográndose de esta manera aumentar los activos y disminuir los créditos concedidos. En otras palabras se cumplen a la perfección las Normas de Basilea.
Pero entonces se desprende la pregunta de quién compra esos MBS o paquetes de hipotecas. Fue otra genial idea de esa ágil mente financiera. Aparecen las filiales de los bancos, los conduits, que no son Sociedades sino trusts o fondos, y que, por ello no tienen obligación de consolidar sus balances con los del banco matriz. Claro, cabe otra pregunta elemental: ¿De dónde sacan el dinero los conduits para comprar estos paquetes de hipotecas? Pues efectivamente, en este mundo tan globalizado no podían salir de otro lugar que no fuera de préstamos de otros bancos, lo cual evidentemente no hace otra cosa que crecer aún más el problema.
Así en el decursar de los últimos años, (2007/2008) se fueron sucediendo problemas e ingeniosas soluciones, financieramente complejas y cada vez más complicadas pero que tenían los dos iniciales puntos de apoyo, para más, bastante débiles: el cliente que deposita confiadamente su dinero en cualquier institución bancaria en cualquier lugar del mundo (San Quirico para Abadía) y el cliente «Ninja», que sin tener capacidad de pago ha recibido un cuantioso préstamo con un altísimo interés. La cosa no podía funcionar eternamente y el detonador que reventó la burbuja financiera fue el desplome, a principios de 2007, del precio de las viviendas en los EEUU. Muchos de los «Ninjas» se dieron cuenta de que estaban pagando por su casa más de lo que ahora valía y decidieron (o no pudieron) seguir pagando sus hipotecas. Automáticamente, nadie quiso comprar más MBS (o ninguno de los otros productos financieros que fueron apareciendo en los mercados de valor como CDO, CDS, Synthetic CDO) y quienes ya los tenían no pudieron venderlos. Todo el montaje se fue hundiendo y un día, el cliente que confiadamente depositaba en su institución bancaria su dinero se enteró que aquel dinero se había esfumado, o, en el mejor de los casos, había perdido un 60 % de su valor.
Todo esto trae consecuencias peores: los bancos empiezan a desconfiar unos de otros, se limitan las normales relaciones entre este tipo de instituciones lo cual hace que a los bancos les empiece a escasear el dinero (¡?). Es por ello que no pueden dar créditos ni hipotecas y tienen que comenzar a vender propiedades. Por otra parte las personas normales (léase no «Ninjas») comienzan a su vez a tomar medidas al sentirse desconfiadas y desorientadas, o sea a economizar, a hacer menos gastos. Pero ello trae como consecuencia que las cadenas de supermercados, de tiendas, los fabricantes y vendedores de autos, o sea, todo el normal engranaje económico-productivo-social, comiencen a ver reducidas su ventas y ganancias por lo cual comienzan a hacer reducciones, inicialmente de horarios laborales, posteriormente de personal, finalmente de cierres. En fin, la bola creció y creció hasta llegar a empatar el inicio y el final, que en definitiva eran las mismas personas.
El tema de la actual Crisis Global es muchísimo más amplio y complicado. Quedaría por analizar, por ejemplo, cuál fue el momento exacto en que se reconoció que estábamos en presencia de una crisis financiera internacional. Quedaría por analizar hasta cuándo durará esta situación y cuáles serían las medidas a tomar a nivel doméstico, que es en el que la mayoría de nosotros nos desarrollamos. Quedaría por analizar hasta dónde llegarán los tentáculos de esta crisis, si se detendrá en el Primer Mundo, o si llegar al Tercer Mundo. En fin, quedan muchos aspectos por analizar que pudieran ser tema de próximos trabajos.
Para finalizar digamos que aunque la situación es seria, confusa y queda mucho camino por transitar pues apenas está comenzando, no obstante ello, ya se oyen voces poderosas que trabajan seria y responsablemente para minimizar los daños y resolver la situación en el más breve lapso. El actual presidente de los EEUU, país que se pudiera considerar responsable de esta crisis, ha dado muestras de estar enfocado, hasta en los aspectos más elementales, para ayudar a resolver esta situación. Veamos una reciente noticia, a manera de ejemplo bien esclarecedor, del por qué surge la Crisis y de que en medio de ella hay muchísimos lucrando porque, a no dudarlo, ya hay muchos sacándole partido a esta crisis: El presidente de EEUU, Barack Obama, calificó de “indignante” el pago de bonificaciones por valor de 165 millones de dólares de la aseguradora AIG a sus directivos e indicó que hará todo lo posible para impedir esas bonificaciones. Obama afirmó que esos bonos, después de que AIG tuviera que recibir una inyección de 170 millones de dólares en fondos federales para sobrevivir “subrayan una necesidad de una reforma exhaustiva del sistema regulador financiero”. Es difícil entender que los operadores derivados en AIG se merezcan la más mínima bonificación, mucho menos pagos extras de 165 millones de dólares. ¿Cómo justifican este escándalo a los contribuyentes que mantienen a flote esa compañía?
Nada, que se cumple el refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores”, lo único que en esta oportunidad, al parecer, los que revolvieron el río y los pescadores son los mismos.
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