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1. La participación en el CAM 3 y COMLA 8 (Congreso Americano de Misión) recientemente celebrado en Quito (Ecuador) despertó en mí una inquietud sobre la Iglesia Misionera que peregrina en Cuba.
Repasando la trayectoria de trabajos realizados para celebrar los 400 años del hallazgo de la imagen y la presencia en Cuba de nuestra Madre y Señora la Virgen de la Caridad y más importante aún, la penetración de esa devoción en el corazón de los cubanos, me doy cuenta que si realmente todos le metemos el hombro, este trabajo será muy importante en este proceso misionero pero nos podemos quedar con la idea de que el año 2012 es un momento coyuntural, celebrativo y ya.
Es necesario que se relieve a la Iglesia en su esencia de manera que el trabajo que se haga se prolongue en nuestras comunidades en el sentido de descubrir que la Iglesia es “ESENCIALMENTE MISIÓN” y cuya razón de ser “ES LA MISIÓN” y por lo tanto es así como la Iglesia debe confirmar su presencia en Cuba.
“Nosotros queremos confirmar una vez más (dice Pablo IV en “El anuncio del evangelio hoy” Nº 14) que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”.
2. Este pequeño recorrido me permite insistir en lo que ya nuestro querido Papa Juan Pablo II nos decía sobre la animación y formación del Pueblo de Dios. La encíclica (La Misión de Cristo Redentor Nº 83) “La formación misionera del Pueblo de Dios es obra de la Iglesia local. Esta labor ha de ser entendida no como algo marginal, sino central en la vida cristiana” Aquí hay que señalar la participación e importancia de los laicos en la expansión de la fe, “son hombres de la Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia” (Ap. 209)
El Concilio Vaticano II hablando de la integración de los laicos en el único cuerpo de Cristo (La Iglesia) ve en el apostolado que realizan, su participación en la misma misión de la Iglesia, dice “los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser SAL DE LA TIERRA a través de ellos”.
Me van a permitir insistir en que el apostolado individual es importante para la evangelización, pero éste debe integrarse en la comunidad cristiana, que, a su vez, es misionera y actúa al servicio del reino de Dios.
3. Cuenta una leyenda que cuando Jesús subió al cielo después de su permanencia en la tierra, le llovieron múltiples preguntas. Una de ellas fue: ¿Qué dejaste en la tierra para asegurar la continuidad de tu misión? Jesús respondió: “dejé a un grupito de personas que me aman”. ¿Solamente eso?, Sí, solamente eso dijo Jesús.
Claro, ese grupito de personas que lo aman viven en comunión y forman la Iglesia. Ella existe para llevar adelante la misión de Jesús. Él es el autor de la misión: vayan… dijo, pero la fuente es el amor del Padre que envió a Jesús.
Jesús formó a su Iglesia para que continuase su misión.
La Iglesia no dice: “Mi misión es tal” ella no tiene una misión propia (esto es para tener en cuenta y evitar equivocaciones) La Iglesia habla de la misión de Jesús, de esa misión, es de lo que Él quiere que se ocupe como cometido, como tarea primordial, como algo que le corresponde con mandato especial: “que los hombres conozcan al Padre por el Hijo”.
4. En un congreso de Misiones como el de Quito-Ecuador, se tiene la posibilidad de intercambiar experiencias y de sentir temperaturas y lo lleva a uno a pensar en su Iglesia Particular (diócesis) y también en algo más pequeño, en las parroquias y comunidades y… una flecha como indicadora dice: “FALTA ANIMACIÓN MISIONERA”
Fue insistente el Cardenal Oscar Rodríguez Madarriaga en decir que: “la Iglesia nos exhorta a cumplir nuestro servicio profético y nos pide cultivar en profundidad la experiencia de Dios; discernir a la luz del Espíritu, los desafíos de nuestros tiempos y traducirlos con valentía y audacia a opciones y proyectos coherentes tanto con el carisma original como con la situación histórica concreta”.
Animación misionera, su nombre indica: vitalizar, dinamizar, esto crea condiciones que favorecen que el pueblo de Dios descubra su ser misionero, acoja el don de su vocación misionera y se inserte decidido en ese movimiento de amor que lo lleva a anunciar a Jesucristo.
Esa animación debe impregnar a todos los grupos eclesiales, particularmente los más representativos. Ejemplo: parroquias.
Cuando en Aparecida se habla de conversión pastoral y renovación misionera (Nº. 365) se está hablando de impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de: diócesis, parroquias, comunidades religiosas, etc.
Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera y de abandonar estructuras caducas que ya no favorecen la transmisión de la fe. Esto exigirá una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza.
Con palabras de Aparecida: “Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo”
El Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en una ponencia que tituló “La gran opción de Aparecida” citó este numeral: “La Iglesia está llamada a pensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericana y mundiales. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas, o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresión irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu” (Ap. Nº.11)
El Cardenal Errázuriz presenta este texto como un “cauce pastoral”: Ser y Formar discípulos misioneros de Jesucristo.
Sabemos que esto se puede realizar de muchas maneras, en muchos grupos eclesiales pero me sorprende que el mismo documento cuando habla de “lugares eclesiales” para la comunión diga: “El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad” (Ap. 164) y que entre las comunidades eclesiales en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo “SOBRESALEN LAS PARROQUIAS (Ap. 170) y la señalan como células vivas de la Iglesia.
Seguramente esta afirmación se inspira en una de las conclusiones de Santo Domingo (Nº. 58) que llama a la Parroquia:
- Comunidad de comunidades y movimientos.
- Que acoge las angustias y esperanzas de los hombres
- Que anima y orienta la comunión, participación y misión.
- Y que con fuerza dice: “no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, ella es FAMILIA DE DIOS, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad.
Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades.
Ejemplo: (en el momento que vivimos por los azotes de los ciclones, el trabajo de CARITAS se ha podido canalizar por Caritas pero en las parroquias)
5. Nuestro campo de evangelización es grande y el mandato sigue siendo el mismo: VAYAN, ANUNCIEN, BAUTICEN, INTEGREN.
- La Iglesia no puede desarrollar, debe seguir, no puede bajar la guardia porque sería infiel al mandato recibido “de que se realice la misión de Jesús: que todos conozcan al Padre que me ha enviado”.
- Conocemos el trabajo que se realiza en las casas de misión-oración, y como a través de esos laicos que son Ministros de la Palabra, llega el mensaje, llega LA PALABRA, y me digo, tiene razón Aparecida (172) “Desde la Parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hc.1,1) mientras estuvo con nosotros.
- Pero, esa “parroquia” que está llamada a ser el espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del discipulado misionero. Su propia renovación exige que se deje iluminar siempre de nuevo por la Palabra viva y eficaz.
- En el folleto La Misión Continental para una Iglesia Misionera, en capítulo 2 que habla de la pedagogía de esta misión señala cinco aspectos del proceso evangelizador que no es el caso de tratarlo aquí pero vale la pena señalar algo que nos dicen: “sólo surgirán discípulos misioneros si nuestras comunidades se comprometen con la evangelización de los bautizados que no tienen conciencia de ser discípulos, acompañándolos para que puedan vivir una maduración paulatina hacia la voluntad de servicio y, así respondan al envío que el Señor les da por medio de la Iglesia”.
Considero alentador la invitación que el Papa Benedicto XVI nos hizo el 31 de agosto donde “nos invita a acoger cotidianamente en el corazón la Palabra de Dios, a meditarla y llevarla a la práctica con valentía y esperanza para que, como auténticos hijos de Dios Padre, discípulos fieles de Cristo y con la fuerza del Espíritu Santo, seamos misioneros del Evangelio en cualquier circunstancia de la vida”.
6. Todo el plan que se está trabajando en este caminar de la celebración de los 400 años y su trienio preparatorio tiene un gran sentido misionero pero me doy cuenta que hay que dinamizar las comunidades, revisar los planes no en un sentido paralelo a este trabajo pero sí afianzando el que la Iglesia mantenga siempre su espíritu misionero.
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