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IGLESIA Y EDUCACIÓN

FÉLIX SAUTIÉ MEDEROS

Año XVI. no. 92
julio - agosto
de 2009

CARTA DESDE LA HABANA


Estimado lector de Vitral, la paz es uno de los valores más ansiados de que se tienen noticias recogidas en la Historia de la humanidad. Los signos de la guerra y de la violencia han azotado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales, a veces nos parece que la guerra es una condena que no se extinguirá, porque cuando termina en unas latitudes, reaparece por otras. La violencia es un signo implícito de la guerra, pero la violencia además por sí misma constituye una impronta extendida por todo el planeta durante los años de historia escrita que hemos conocido hasta el presente. No hay guerra sin violencia pero si puede haber violencia sin guerra. Son verdaderos estigmas que dañan a la humanidad y  la paz se convierte en unos de los más hermosos anhelos  que podamos desearnos los unos a  los otros.
Después de la derrota de la rebelión de los esclavos liderada por Espartaco, vino Jesús a la tierra y en las primeras señales de su llegada recogidas en los evangelios, ya se comienza a hablar de un mensaje de Paz. Recordemos el relato de los ángeles cantando ante los pastores y los Reyes Magos que fueron los primeros en visitar al niño Dios. El texto es claro y directo: Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad. (Las versiones varían en forma pero no en esencia).
El saludo más habitual de Jesús, reiterado y directo es La Paz sea con vosotros. No por casualidad ha sido este texto. Nada de lo que dijo ni lo que hizo Jesús responde a casualidades o caprichos. Cuando estudiamos los textos evangélicos, descubrimos una consecuencia total de contenido y de forma, de la palabra con los hechos, de los anuncios proféticos con las realizaciones en sus obras. Jesús cambió toda la lógica de su tiempo, significada por la fuerza, la violencia y la guerra. Los israelitas esperaban un Mesías rey de los ejércitos que los emancipara definitivamente como pueblo escogido de Dios y no estaban preparados para entender el mensaje desconcertante para su tiempo que predicaba Jesús, que cambiaba totalmente el ritmo de la historia conocida. Lo repudiaron, lo condenaron y lo crucificaron, pero Jesús venció a la muerte y se mostró en su verdadero esplendor de hombre y Dios verdadero.
Los esclavizados, los víctimas del mal y de las  explotaciones con Espartaco como símbolo máximo lo habían intentado con la guerra y Jesús nos trajo la fórmula del amor que lo puede todo. Conceptualmente su mensaje se distanció de manera radical con todo lo anterior y desde entonces sus seguidores entre otras denominaciones somos conocidos como hijos de la paz. El mensaje de la fe cristiana es un mensaje consustancial de amor sin límites. Dios es amor, lo explica con toda amplitud  en la época actual, SS Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas est.
En un mitin celebrado a finales de agosto del 2008 el Cardenal Jean -Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Dialogo Interreligioso, planteó explícitamente que “Los creyentes deben ser protagonistas de la educación para la paz”  y añadió de forma directa que : “Los creyentes tenemos la misión de ser protagonistas de una verdadera y concreta 'pedagogía de la paz', o lo que es lo mismo: el primado de la persona humana sobre el Estado y sobre la organización económica de la sociedad, la especial atención a la justicia, el rechazo de la guerra como medio para resolver las cuestiones entre los Estados, y el primado del derecho sobre la violencia”.
No debe pues, cabernos duda que Iglesia de Jesús está mandatada y es protagonista genuina de la vocación para la paz que nos trajo el único Maestro fundador, el Dios que se hizo hombre y en virtud de esta razón esencial, la iglesia ha de ser una protagonista directa y genuina en la educación para la paz, para el reencuentro, el perdón y el amor como formas esenciales de la armonía necesaria al funcionamiento de la sociedad humana sobre la tierra. Son principios y esencias que dan base genuina al derecho moral  de la Iglesia para participar en la educación y la formación de las nuevas generaciones.