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VERBENA DE LA CARIDAD

ENCARNACIÓN MARRERO

Año XVI. no. 93
septiembre -
octubre de 2009

ECOS
DIOCESANOS


Desde el 30 de agosto del 2009, la comunidad de la Ermita de la Caridad de la Diócesis de Pinar del Río, se preparó para celebrar la tradicional  novena a nuestra Madre de la Caridad. La misma estuvo  animada por varios sacerdotes de la Diócesis con una concurrida asistencia de feligreses. El domingo 6  se celebró la verbena, la que   además de las rifas y ventas  incluyó un encuentro fraternal entre niños que participaron con bailes  que llenaron  a todos de alegria,  la  Comunidad aportó prendas de vestir  y otros para regalar una canastillas a dos  bebes que nacieran en la madrugada del día 8.
 Con una  hermosa y sentida  vigilia  llegó el  ansiado día , en que la Eucaristía  fue celebrada por nuestro querido obispo Jorge E. Serpa, quien resaltó la presencia y devoción  a la Virgen de la Caridad en el corazón  de todos los cubanos  creyentes y no creyentes.
El pueblo cubano tiene mucha  sensibilidad por esa fiesta  religiosa, en ese río de personas  que llegan  con esperanzas  a los pies de la Virgen,  acuden  muchos que por primera vez  participan  en la Misa y se animan  a continuar  un proceso  que los envía a  nuestra Iglesia Católica.

“Hoy siguiendo con esa gloriosa tradición de amor a la Madre común, antes de proceder a su coronación quiero dirigirme a Ella e invocarla con todos ustedes:

¡Virgen de la Caridad del Cobre,
Patrona de Cuba!
¡Dios te salve, María, llena de gracia!
Tú eres la Hija amada del Padre,
la Madre de Cristo, nuestro Dios,
el Templo vivo del Espíritu Santo.
Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad,
la memoria del Dios que es Amor,
el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús,
la evocación del Espíritu Santo:
amor derramado en nuestros corazones,
fuego de caridad enviado en Pentecostés
sobre la Iglesia,
don de la plena libertad de los hijos de Dios.

¡Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre, Jesús!
Has venido a visitar nuestro pueblo
y has querido quedarte con nosotros
como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar
por los caminos de la historia.
Tu nombre y tu imagen están esculpidos
en la mente y en el corazón de todos los cubanos,
dentro y fuera de la Patria,
como signo de esperanza y centro de
comunión fraterna.

¡Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra!
Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo,
intercede por nosotros con tu corazón maternal,
inundado de la caridad del Espíritu.
Acrecienta nuestra fe, aviva la esperanza,
aumenta y fortalece en nosotros el amor.
Ampara nuestras familias,
protege a los jóvenes y a los niños,
consuela a los que sufren.
Sé Madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia,
modelo y estrella de la nueva evangelización”.

(Juan Pablo II, “Invocación”,
Santiago de Cuba 24.01.1998)

 

 

“Hoy siguiendo con esa gloriosa tradición de
amor a la Madre común, antes de proceder
a su coronación quiero dirigirme a Ella e invocarla
con todos ustedes: