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LA VERDAD ENNOBLECE, LA MENTIRA DESTRUYE

Año XVI. no. 93
septiembre -
octubre de 2009

EDITORIAL


El más grande de los regalos que hemos recibido es la vida, que se nos ha dado de forma gratuita de manos de Dios y por el amor y la decisión de nuestros padres, para  vivir en felicidad. Valores como la fe, la amistad, la fidelidad, son atributos que le vamos incorporando a lo largo del camino para hacer de este presente, algo agradable para los demás, pues convivimos con otros seres que también han recibido este don y con quien debemos trabajar de una manera responsable para crear un entorno agradable.
La vida no se nos ha dado para vivirla como una concha que se cierra a la realidad y se enajena de cuanto la rodea. Todo lo contrario, mientras más nos hacemos solidarios con los otros, más enriquecemos el valor de nuestra vida. Estamos llamados a servir, a multiplicar talentos y a transformar el entorno para el bien de los demás.
Pero es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, que exige cuidado y atención, para no estropear el valor que posee, la mentira ensucia y estropea la vida de una persona. Por eso es necesario decir no a la mentira dentro de nosotros mismos, que nos hace tener doble cara, decir no a la mentira en nuestras familias, que las convierte en un infierno en lugar de un hogar, decir no a la mentira de llamar manipulación a la verdad y verdad a la manipulación que envicia a una sociedad
Para lograr este objetivo es necesario vivir en la verdad. “La verdad nos hará libres”, dijo Jesucristo y su vida tuvo como misión decir y vivir la verdad. Eso lo llevó a los tribunales de Poncio Pilatos y de Herodes. Ante Pilatos, habló Jesús y dijo: “Yo para eso he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la verdad sigue mi voz (Jn 18,37). Ante Herodes, Jesús calló y no mintió. Habló callando, el silencio es a veces, un modo de vivir en la verdad.
La verdad duele y vale sacrificio, la mentira es fácil y alivia el dolor del momento, o resuelve una situación embarazosa. Pero quien se sacrifica por la verdad siente una gran liberación por dentro y se sacude de un gran peso por fuera, pero el que vive en la mentira luego del alivio momentáneo, carga con el peso de la doble cara hasta que reconoce con doble dolor que mintió, o peor, que está viviendo en la mentira.
Vivir en la verdad no es sólo no mentir, sino poder transparentar lo que somos y lo que pensamos, es poder discrepar sin ser atacado, es poder criticar sin ser discriminado, es poder aportar alternativas sin ser condenado, es tener espacios de libertad y responsabilidad en las estructuras sociales donde se promueva el verdadero diálogo para llegar a la participación activa y libre.
Para poder vivir en la verdad tenemos que conocer nuestra conciencia, que es conocerse primero a sí mismo, secreto de la felicidad, como decían los antiguos. Y no solo conocer nuestra conciencia, sino educarla, cultivarla, ser fieles a ella, proteger su libertad frente a lo que la quiera manipular o dominar.
Si nuestra vida transcurre cuidándonos de todo, y de todos, la libertad de conciencia anda mal. El miedo paralizante es síntoma de que la libertad interior está enferma. Limitar la libertad de conciencia es atacar a la persona en su propia intimidad, en su alma, estas heridas cuesta mucho sanarlas, y algunas veces no tienen cura, es lo que el  Papa Juan Pablo II llamó daño antropológico.
Por eso, cuando una sociedad quiere que sus miembros vivan en la verdad y destierren la mentira como modo de vida que los hace vivir en una esquizofrenia social, que los hace tener un doble rasero en las actitudes, tiene que buscar las causas que lesionan la libertad de conciencia.
Entre estas causas tenemos:

  • La falta de información, por manipulación de la verdad o por mezclar pequeñas verdades con grandes mentiras o grandes verdades que nos hace creer las pequeñas mentiras que se le adhieren y hace que la conciencia se vicie y pierda el sentido de lo bueno y de lo malo.
  • Cuando se establece un código de actitudes y conductas, absoluto y condenatorio de todo lo demás, que responde a una única manera de percibir el orden económico, político y cultural.
  • Cuando en lugar de educar se adoctrina, seleccionando la información y presentándola como verdad total y única y los demás no tienen la forma de buscar la información que desean.

Para erradicar estos males es necesario crear una cultura de la verdad y de la transparencia en la que nadie, ni nada, pueda irrumpir en el sagrario de la conciencia de nadie y en la que todos puedan expresar, sin miedo y sin represalias explícitas o enmarañadas, su propia forma de pensar y de sentir.
Para crear esta cultura de la verdad y la transparencia es necesario educar para la libertad de conciencia y la responsabilidad: despertando la conciencia crítica mediante el ejercicio del criterio, propiciar un clima de tolerancia y diversidad en que las personas puedan ejercer, sin autocensura, el difícil arte de pensar con cabeza propia.
Para que esta cultura de la verdad llegue a todos hay que dejar que todos puedan tener la oportunidad de cultivarse según su propia manera de ver la vida, según su filosofía y creencias, según sus talentos y capacidades, según sus opciones políticas y sus carismas.
Nada se puede sostener sobre la mentira y la doble moral, nada se puede salvar sin tocar primero el fondo de la verdad. Por eso, cada vez que nos encontremos con la mentira, por muy pequeña que sea y por muy silenciosa que ande, sabemos que algo se destruye, que algo perece.
Por eso hay que ir abriendo camino a la verdad, y el primer camino de la verdad es la humildad, nadie tiene toda la verdad. Los servidores de la verdad saben que nadie la posee totalmente en este mundo y que a cada persona hay que quererla como es, para estimularla a ser mejor de lo que es. Pero a partir de la verdad, sobre sí misma y sobre el mundo que la rodea.
La verdad duele, pero sana como algunos remedios, Pero, remedio al fin, cura y fortalece. En efecto, cuando se abre paso a la verdad, crecemos en la confianza mutua y se fortalece la convivencia fraterna y pacífica. Porque el mayor enemigo de la paz personal es la incoherencia entre lo que somos, lo que decimos y lo que hacemos, y el mayor enemigo de la paz social es hacer creer a los demás lo que no se cree, decir lo que no se piensa y hacer lo contrario de lo que se dice, y de lo que se piensa.
Vivir en la verdad, es encontrar cada mañana que es más fácil ser honesto que falso, es encontrarnos que en nuestra familia valoramos más al que es auténtico que al que oculta sus defectos para hacerse querer, es encontrar en nuestras escuelas padres y maestros que eduquen a los niños en la honestidad y en la verdad y no en la simulación y el engaño.
Si queremos que Cuba mejore comencemos por buscar en nuestro pequeño espacio de vida, la verdad donde quiera que la escondan, digamos con sencillez y audacia esa pequeña verdad y tratemos de vivirla con autenticidad y abnegación.

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