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LA INCAPACIDAD DE PENSAR
CAUSAS Y CONSECUENCIAS

LÁZARO GÓMEZ PIQUERO

Año XVI. no. 93
septiembre -
octubre de 2009

EDUCACIÓN
CÍVICA


“Me parece que me matan a un hijo, cada vez que
le privan a un hombre el derecho de pensar”
           José Martí

Conversando con un gran amigo, profesor de Ciencias Sociales, este me comentaba sobre la gigantesca crisis social en que vivimos, nuestra subsistencia se ha convertido en una lucha del hombre por la sobrevivencia y por ende los valores que aportan sentido a la vida y crean prioridades en las normas de conducta cívica están en retroceso. Es fácil encontrar trabajadores impuntuales en su empleo. Hay falta de lealtad entre las personas, tanto en la familia como en el medio social y laboral. No hay cortesía y honestidad, mucho menos humildad. Las personas no hablan: ¡gritan y pelean! Abunda la envidia y la insolidaridad. Su mayor preocupación es por un fenómeno social que cubre el planeta, la incapacidad de pensar en el bien común con amor por la vida y por nuestros semejantes. Me preguntaba él, ¿por qué el hombre actual repite e imita, pero no piensa? ¿Por qué la mayoría critican y destruyen?  ¿Cuál es la causa de esta incapacidad de pensar y discernir entre el bien y el mal con sabiduría y amor, para darle solución a los problemas que afectan nuestra sociedad?
Apreciado lector teniendo en cuenta las ideas y argumentos debatidos  en dicha conversación, decidí aprovechar este espacio para transmitirle a usted nuestras ideas y reflexionar juntos sobre esta problemática de índole social que afecta a la humanidad. No soy filósofo, ni nada que se parezca, pero intento, desde mi humilde posición de ser humano,  poner un granito en la solución a los tantos problemas sociales que ya son parte de nuestra vida.
                                    
¿Qué es pensar?
Es la acción de imaginar, discernir, reflexionar y meditar acerca de una cosa que se estudia o examina con cuidado y atención. Decía José Martí: “Pensar es desencadenar, es fundar, es abrir surcos, levantar cimientos y dar el santo y seña de los corazones. Pensar es servir a la humanidad, cuando se dice como ocurre en la mente. Un pensamiento enérgico, como la luz que brilla en la oscuridad, ilumina el espíritu de los tiempos y dota al futuro como una reproducción valiosa y duradera del presente”.

Causas y consecuencias de la incapacidad del pensar
La incapacidad o invalidez de pensar con buen discernimiento entre el bien y el mal puede estar originada por dos causas generales: un factor interno, propio de la constitución genética y biológica del individuo, que le impide un funcionamiento normal como todo ser humano apto para realizar cualquier función del organismo; y un factor externo, que es el medio social donde crece, se desarrolla y vive el ser humano. Dentro de este medio social existen varios elementos que influyen negativa o positivamente sobre el crecimiento del hombre y su capacidad de raciocinio intelectual. Coincido con criterios de especialistas que opinan que la educación recibida desde niño es el factor externo determinante en la imposibilidad del hombre de pensar con sentido común en el bien de todos.
Cuando el hombre recibe desde niño una educación para la vida, aprende a pensar con un sentido real de la naturaleza y la existencia humana, al punto de preguntarse ¿cómo nos crearon? ¿por qué? Cuando él aprende a pensar, es capaz de cuestionarse si la vida surgió en la tierra por casualidad a través de sucesos aleatorios y si la evolución produjo al género humano con todas sus capacidades emocionales, intelectuales y espirituales, o si somos el resultado de un Creador con una sabiduría superior a la especie humana.
Cuando aprende a pensar, piensa por sí mismo y no imita o hace lo que otro dice, entonces trata de buscarle un sentido a su vida para enfrentar mejor las dificultades; como decía el célebre Víctor E. Frankl: “Me atrevería a decir que no hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido”. Es capaz de cuestionarse el por qué de tanto sufrimiento en la humanidad. Aprender a vivir, sufrir y morir, como decía Auguez: “Son tres cosas que no se enseñan en nuestras universidades y que sin embargo encierran en sí toda la sabiduría  necesaria al hombre”.

Criterios de especialistas plantean que la civilización moderna ha recibido un proceso de enseñanza con una instrucción excesiva y poco educativa, porque la instrucción comunica ideas o conocimientos, informa sobre algo en especifico, enseña métodos para ser mejores que otros en determinada actividad, a ser el primero en el deporte, en el trabajo, etc. Tiende a encauzar todo esfuerzo y resultado con un sentido de supremacía sobre los demás, al punto de confundir y ver a los demás como competidores en todo tipo de actividad, desde física, escolar, profesional y hasta cultural. La instrucción induce y dirige, y puede llegar a ser una imposición manipulada muy inteligentemente por manipuladores de la conciencia humana para llevar a cabo sus objetivos, convirtiendo al hombre en un esclavo de pasiones y de ideas, con una vida limitada en el espacio y en el tiempo protegido por un techo de vidrio. Esta prepara al hombre en los aspectos técnicos del trabajo o determinada actividad a realizar, pero no lo forma en la esfera humana del trabajo, su actitud y estilo en las relaciones humanas.
Todo proceso de enseñanza con una metodología netamente instructiva puede ocasionar problemas de indisciplina social en un colectivo humano, según criterios del profesor Carlos Alberti en su libro La patología de la sociedad, diagnóstico y terapia, una de las patologías sociales más terribles, es ”el mal común o cáncer social”. Patología caracterizada por el egoísmo, el robo, la sed de poder, la violencia, el odio, la negación de la libertad espiritual. Esta patología tiene dos fundamentos:
1-Cuando hay hombres malos los poderosos deben ser más malos que ellos.
2-El fin justifica el  medio o los medios que proporcionan el poder constituyen en sí mismos el bien sumo de la existencia humana.
Seguro estoy, que usted se preguntará ¿cómo darle solución a esta situación social de invalidez colectiva de pensar en bien de todos y amor por los demás?
Sin temor a equivocarme confieso públicamente estar de parte de aquellos, que opinan que la formula correcta es una educación cívica verdaderamente humana, que fomente y genere en los hombres la fuerza del amor.
Todos hablan de educación, pero en realidad pocos saben lo que es y significa la educación en el proceso de enseñanza del hombre. Con palabras sencillas trataré de resumir qué es educar.
Educar del latín educere, quiere decir conducir, tomar a alguien de la mano y guiarlo. Es el arte de sacar lo que está dentro del ser, y no el arte de cargar un vaso vacío. Es llevar a alguien por sí mismo a realizar lo que está potencialmente dentro de él, es despertarlo con todo un movimiento de extraer y no de llenar. Es cultivar una semilla útil para la humanidad a la que no debe faltarle el agua, el sol y el aire para el florecimiento de un fruto de amor. Es enseñar la cortesía, la urbanidad y a pensar y prever las consecuencias de nuestros actos.
Todo proceso de enseñanza con una educación verdaderamente humana inspirada en el amor, tiene dentro sus fundamentos esenciales la sabiduría para el mejor aprovechamiento de los medios que favorecen el crecimiento humano y hacer del hombre mejor persona. Enseña a perdonar y olvidar mediante el bien. Enseña a cuidar, defender y admirar la belleza de la Tierra para saber usar las cosas y amar las personas, por tanto prepara al hombre para una vida feliz, en libertad sin fronteras, porque lo convence mediante la lógica y los acontecimientos en el mundo. Enseña  que el hombre es quien genera y determina la dinámica de todo colectivo  humano, como lo proclamó el Papa Juan XXIII en su sentencia inmortal: “El hombre, es necesariamente, el fundamento, la causa y el fin de toda vida en colectivo”. Teniendo en cuenta todo lo anterior, la educación debe preparar al individuo para resolver los problemas que se le presenten en la vida, con mucho amor por los demás y con la sabiduría de entender correctamente la diferencia entre el bien y el mal.
Decía José Martí: “Hay un sistema de educación que consiste en convertir a los hombres en mulos y ovejas, en deshombrarlos, en vez de ahombrarlos más. Una buena educación, ni en corceles siquiera, en cebras ha de convertirlos. Vale más un rebelde que un manso. Un río vale más que un lago muerto. Educar es poner coraza contra los males de la vida. El crimen y el deseo, que lleva a él, muerden fácilmente en los ignorantes, o en los que por no tener la mente acostumbrada a pensar, ni aficción por los goces que proviene de ejercitar el pensamiento. Un pueblo educado y entrenado para pensar, es feliz, ama el trabajo y saca provecho de el. Un pueblo educado nunca será esclavo de nadie, bajo ningún concepto”.
En resumen, podemos decir que la educación humana, ilumina el camino hacia la verdadera felicidad, porque nos enseña a amar siempre lo que se hace y ser útil a los demás; nos enseña que la felicidad está en nuestros propósitos de hacer feliz a los demás, satisfacer nuestros ideales cultivando el bien, con la búsqueda constante de la verdad y la belleza espiritual de la vida. Enseña al individuo a escuchar, siendo este uno de los grandes problemas de la sociedad actual, porque el hombre no conoce los beneficios de saber escuchar sin distinción de razas y edades, desde un campesino hasta un catedrático.
 El hombre, desde la infancia, debe recibir un entrenamiento educativo para la vida, a pensar, sobre el por qué de las cosas y los hechos que le suceden en el transcurso de su quehacer diario. Este aprendizaje comienza en la familia y continúa en la escuela y en la sociedad, pero siempre los padres deben continuar enriqueciendo la sabiduría de sus hijos para recoger de ellos, hombres que sepan distinguir entre el bien y el mal, que sepan actuar correctamente y hacer el bien en todo momento y en cualquier lugar.
Al ser humano desde pequeño se le debe dar una información verdadera de la realidad, según la edad y la complejidad de los hechos. Educarlos en buscar información completa de todas las partes, para poder emitir un criterio justo con el menor error posible. La información y la verdad son dos herramientas divinas para un buen desarrollo en el aprendizaje del pensar como hombres de bien, como decía José Martí:”La ignorancia mata los pueblos”.
No puedo terminar este espacio sin hablar de la que considero la verdadera educación para la vida de todo ser humano, la enseñaza de Dios Creador, impartida por el mejor de los maestros jamás conocido en la historia de la humanidad, Jesucristo, Él, mediante sus palabras y hechos de vida, nos da la herramienta divina para el buen vivir. Él, en pocas palabras nos muestra la esencia de la vida y la primera norma para el buen discernimiento y aprender a pensar con la sabiduría basada en el fundamento divino, el amor.

  “Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a este; dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos Mandamientos son la base de toda ley y de las enseñanzas de los profetas”. Mateo (22; 37-40).
En estos tiempos difíciles de crisis económicas y sociales, el hombre no sabe lo mejor para sí, no sabe el camino que va a tomar para darle un rumbo correcto a su vida. Jesucristo nos ayuda a pensar para lograr entender quiénes somos en el mundo de hoy. Como he dicho en otras ocasiones: el hombre solo no puede solucionar los problemas de la humanidad; tiene que acercarse a Dios, para formar un pensamiento lleno de humildad y amor por el prójimo. Con su ayuda el hombre aprende a pensar en la verdad y buscar el bien de todos.
Nunca olvido estas palabras de Jesucristo:
“Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5)
“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12).