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Se desarrolló del 11 al 14 de agosto en la Casa Nuestra Señora de Loreto la Primera Escuela de Verano Para Educadores “Padre Jaime Manich” de la Diócesis de Pinar del Río.
Con el nombre de “Padre Jaime Manich” quien fuera presbítero de la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, —los Padres Escolapios—, Rector de Las Escuelas Pías de Pinar del Río desde 1954 hasta el año 1961, cuando se nacionaliza la enseñanza en Cuba, y designado sacerdote coadjutor de la Iglesia Catedral de esta diócesis pinareña por el entonces Mons. Manuel Rodríguez Rozas y con el lema “Educar es crecer” se llevó a cabo satisfactoriamente la Ira. Escuela de Verano para Educadores de la diócesis de Pinar del Río, en los locales de la Casa Diocesana Nuestra Señora de Loreto.
Las labores desarrolladas fueron dirigidas a ofrecer herramientas pedagógicas y didácticas que servirán a maestros, profesores y educadores en general, para desarrollar con mayor eficiencia el trabajo docente educativo con sus educandos en el próximo curso escolar en sus variados contextos educativos, a la luz de una pedagogía liberadora, personalizada y humanista. Las actividades se efectuaron durante los días del 11 al 14 de agosto del presente año, con una participación de más de 45 educadores profesionales de diferentes parroquias y de diferentes sistemas de enseñanza y niveles de educación.
La acogida se realizó el lunes 10 en horas de la tarde con la llegada de los educadores de las parroquias más distantes. En horas matutinas del martes 11 se inició la jornada con la acreditación, la oración de la mañana y las palabras de bienvenida pronunciadas por Monseñor Jorge Enrique Serpa quien ocupó la presidencia conjuntamente con el P. Ángel Cuevas, máximo organizador de estas Escuelas de Verano en Cuba, la Madre Escolapia Ana María García Novo responsable del Departamento de Formación de la diócesis y Rafael Capote Martínez, responsable de la Comisión Católica de Educadores de la diócesis pinareña. Además fue realizada la presentación de las actividades fundamentales relacionadas con horarios, organización de seminarios y talleres que se realizarían en las cuatro jornadas consecutivas de trabajo, hasta la clausura en horas de la tarde del viernes 14 de agosto.
Se dictaron dos Conferencias: La Comunidad Educativa, por la religiosa escolapia madrileña Pilar Gabasa y La Ética del Educador: retos en el mundo de hoy, dictada por el Dr. Pedro González del Instituto de Bioética Juan Pablo II de Ciudad de La Habana.
Conjuntamente se desarrollaron tres talleres: El primero, La Comunidad Educativa, donde se significó el valor de la vida comunitaria por ser hoy un objeto de atención social de relevante importancia, pues la base de la Comunidad Educativa radica precisamente en el grupo de trabajo en equipo, pero con una visión más amplia y enriquecedora.
El segundo taller: El Maestro como líder, se desarrolló pensando en una educación no directiva y sí en una enseñanza centrada en el estudiante, priorizando el aprendizaje sobre la enseñanza, donde el alumno sea sujeto activo y protagónico de su propio aprendizaje, mediante el trabajo independiente y grupal o cooperativo en espacios de autorrealización en el aula, en los cuales los maestros y profesores deben ser facilitadores.
El tercer taller: Constructivismo, su contenido estuvo fundamentado en las exigencias de la UNESCO a partir de su Declaración Mundial sobre “Educación Superior del siglo XXI” y en una educación general y en particular universitaria, cuyo paradigma educativo, transforme la educación.
Los organizadores de este encuentro quieren agradecer la voluntad y la colaboración de todos lo participantes, especialmente a la Madre Escolapia Elvia Carreño, por su entrega total al trabajo de la secretaría y organización junto al Equipo Organizador dirigido por el Lic. Rafael Capote Martínez. Exquisito fue el trato ofrecido por los trabajadores de servicio de la Casa Nuestra Señora de Loreto, según las propias evaluaciones de los educadores al final de la escuela.
En opinión de los educadores, algunos que asistían por primera vez a estos eventos y otros con experiencias de Escuelas de Verano para Educadores desarrolladas en La Habana, manifestaron que durante toda la trayectoria de las jornadas y el desarrollo en la participación y evaluación de conferencias y talleres, se habían sentido muy satisfechos por la calidad de las actividades, por la preparación académica de los profesores que impartieron los talleres, por su ejemplaridad como facilitadores docentes y por la empatía, respeto y consideraciones entre alumnos y profesores, así como el trabajo colectivo y grupal en cada uno de los equipos.
En la jornada de clausura se contó con la presencia del Dr. René Zamora, director del Centro de Bioética Juan Pablo II. La misma fue bañada por la imaginación y creatividad de los maestros y profesores participantes, que dieron rienda suelta a representaciones teatrales de situaciones dadas durante la escuela, concursos de participación y exposiciones libres, las cuales matizaron esta última jornada. Algunos profesores expresaron con palabras muy sentidas lo importante que había resultado para sus vidas el vivir, según ellos, esta inolvidable experiencia, el vuelco formativo que incentivó para el trabajo futuro y el compromiso de transformarse en portavoz para las futuras escuelas.
Muchos de nosotros con lágrimas en los ojos aceptamos las palabras de clausura pronunciadas por el M Sc Rafael Capote Martínez, director de la Escuela de Educadores, quien nos exhortó a no dejar solo en teoría lo que habíamos aprendido y reflexionado entre todos ya que nuestro compromiso, y gran reto como educadores cristianos, es llevar esas experiencias teóricas al plano práctico, cada cual teniendo en cuenta las condiciones propias de su contexto educativo, con humildad y sencillez.´

Fueron unas jornadas bajo el fragor de un verano intensamente severo, en el que se respiró un ambiente fraterno, diverso, de diálogo, de mucho optimismo, respeto y esperanzas en lo que se debe y se puede hacer en torno a la formación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, en lo cotidiano de nuestra labor edificadora y dignificante, como bien escuché a muchos expresar, “…llevamos con nosotros unas herramientas que pueden ayudar a hacer la mejor de todas las obras, de todas las acciones para bien de una nación y de su pueblo, hacer que nuestros alumnos presentes, aprendan a conocer, a hacer, a ser personas y a convivir como hombres y mujeres educados en humanidad y en ciencias, que sirvan cada vez mejor a Cuba”. Así sea y, ¡Hasta la próxima Escuela de Verano para Educadores, Padre Jaime Manich!
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