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MARTÍ Y EL 10 DE OCTUBRE ANTONIO PADOVANI |
Año XVI. no. 93 |
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Quince años tenía Martí cuando Céspedes iniciaba la Gesta Libertadora en “La Demajagua” Meses más tarde publicaba en “Siboney”, un periódico manuscrito que elaboraban los estudiantes de segunda enseñanza en La Habana, su soneto 10 de Octubre y que reproducimos a continuación. 10 de Octubre
Un Himno a la Revolución que muestra el alborozo del joven Martí ante la gesta emprendida por los cubanos. Meses después, acusado de “infidencia” era condenado a presidio, a trabajos forzados en la cantera de San Lázaro. Deportado a España pasaron varios años, el adolescente se hizo hombre, estudió Derecho y mientras la Revolución seguía un duro camino de sacrificios, muchos de los mejores murieron en la manigua redentora y diez años después de su nacimiento la traición del Zanjón la haría recesar. “Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros, porque como nosotros piensan todos, aun cuando, como quien quiere sofocar el aire, quieran sofocar el pensamiento; porque nosotros, como los persas que se refugiaron a adorar el fuego, que era el símbolo de la patria sometida por el moro, a las cumbres solitarias adonde no hallaba camino el opresor, con el fuego sagrado nos refugiamos, orgullosos de nuestra soledad, en las cumbres de nuestras conciencias! iNosotros somos el deseo escondido, la gloria que no se pone, el fin inevitable! Lo que se ha de preguntar no si piensan como nosotros; isi no si sirven a la patria con aquel filial gusto, con aquella sabia indulgencia, con aquel dominio de las antipatías señoriales, con aquel acatamiento del derecho del hombre ineducado a errar, con aquel estudio de los componentes del país y el modo de allegarlos en vez de dividirlos, con aquel supremo sentido de justicia que puede únicamente equilibrar en lo futuro tenebroso el resultado natural de las injusticias supremas, con aquel ingenuo afecto a los humildes que encadena las voluntades incultas en vez de agriarlas y llevarlas de la mano al enemigo, con aquel respeto a la parte que prohíbe agitarla inoportunamente en provecho de la vanidad o el interés, con aquel incendio del alma ante la injusticia que muchos aventureros del pensamiento fingen con semejanza y arte tales que llegan a ser caricaturas acabadas de la gloria! Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros; sino si, divisando lo porvenir con la mirada segura que es dote esencial de los que pongan manos en las cosas del Estado, dirigen sus actos de modo que, en vez de levantar sin propósito y dirigir sin cordialidad pasiones que no se podrán apagar luego sino con la acción, prevean y dispongan ésta, se conformen a la política real de la Isla, y contribuyan a la conservación y reforma de sus fuerzas y al fortalecimiento y pujanza de los caracteres. Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros; sino si comprendiendo a tiempo el carácter fogoso y enérgico que el padecimiento bajo la tiranía, el destierro en países de república y su natural apasionado de la libertad han creado en el cubano, disponen la patria para acomodarla a él, en vez de amenguarla con planes de mando exclusivos, o con soberbia de grupo alucinado, o con esperanzas cobardes de ayudas extrañas, peligrosas e imposibles. Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros; lsi no si familiarizados con la grandeza, como han de estar los que pretenden influir en tiempos que la requieren, en vez del odio raquítico a lo inferior en orden social, a lo que no comulga en el propio templo, a lo que ha nacido en la propia tierra, demuestran la determinación conocida de obrar sin odio, el día en que nos reconozca la historia nuestra autoridad sobre la casa que recibimos de la naturaleza!” (2) En 1888 defiende el papel de la palabra, ante aquellos que acusan a los revolucionarios de hablar y no hacer; la palabra sirve de heraldo de la Revolución, si se utiliza para explicar como todos deben unirse, sin resquemores, sin racismo, si sirve para impedir las tiranías que pueden suceder a una Revolución victoriosa. “Lo que veo y oigo no me convida a la elegía, sino al himno. Pero éste es en mí el júbilo de la resurrección, y no el gusto infecundo de la tribuna vocinglera. Con compunción, y no con arrogancia, se debe venir a hablar aquí: que hay algo de vergüenza en la oratoria, en estos tiempos de sobra de palabras y de falta de hechos. Cimientos a la vez que trincheras deben ser las palabras ahora, no torneo literario, mientras nuestro país se desmigaja y se pudre, y los caracteres se vician, y se pospone a la seguridad personal la de la patria. Tribunal somos nosotros aquí, más que tribuna: tribunal que no ha de olvidar que cumple al juez dar el ejemplo de la virtud cuya falta censura en los demás, y que los que fungen de jueces habrán en su día de ser juzgados. El que tacha a los demás de no fundar, ha de fundar.” (3) Continúa disertando acerca de una idea que estaría siempre presente en su visión de la Cuba Independiente, la unidad de todos los cubanos: “La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie; …en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas; por lo que, cuando las manos no están bien puestas, hay derecho pleno para quitarles de sobre la patria las manos. No hay que refutar ya, arrogancias semejantes. Ya se están cayendo las estatuas de polvo: ya se van apagando de sí propias las escorias brillantes que quedaron, vestidas como de oro por la luz del gran incendio, después de la guerra: ya no hay espacio en las mejillas de los pedigüeños para las bofetadas: ya están cumplidas nuestras profecías, y vencidos por su impotencia y por sus yerros los que osaban tachar de usurpación la tarea nuestra de preparar el país de acuerdo con sus antecedentes y sus elementos, para la acción desesperada que según ellos mismos habría de seguir inevitablemente a la catástrofe de su política. De ningún modo es necesario responder con ira desde aquí, porque si son cubanos que yerran, jamás hemos de olvidar que son cubanos , los que nos censuran el amor tenaz a nuestras glorías, que aun cuando no pasara de amor de contemplación no sería censurable, sino vital y fecundo, por más que sea preferible acompañarlo de una parte activa en la reedificación de la hermosura cuyo desastre se lamenta: de ningún modo es necesario disculparnos de aquella lealtad del corazón que nos manda ostentar, por sobre nuestras cabezas, el culto de los que murieron por nosotros. IDesventurado el hijo de Cuba que no lo ostenta; porque en propagar después del sacrificio el culto de los que supieron inmolarse, hay más honra que en haber ostentado en el sombrero, durante la inmolación, la cinta de hule de los sacrificadores!” (4) 1890, la oratoria enciende, vibra y estimula: “Otros llegarán sin temor a la pira donde humean, como citando con la hecatombe, nuestros héroes: yo tiemblo avergonzado: tiemblo de admiración, de pesar y de impaciencia. Me parece que veo cruzar, pasando lista, una sombra colérica y sublime, la sombra de la estrella en el sombrero; y mi deber, mientras me queden pies, el deber de todos nosotros, mientras nos queden pies, es ponernos en pie y decir: “presente!” Ante los temores de una tiranía de los triunfadores aclara: “Pero yerra el que diga, tomando a mal esta honrada admiración nuestra yerra a sabiendas el que diga, como por Cuba andan diciendo ahora los que no ven sino lo que se les pone delante, que el cubano libre que tiene en algo la salud de la patria y el honor, no es más que silla de monta, para que el tirano militar se pavonee, después de la guerra triunfante, sobre una tribu de demagogos sumisos. No conocen los que esto dicen a muchos de los militares de nuestra guerra, que saben que el hombre se deshonra cuando deshonra a los demás; ni a su patria…. si con la cubierta de echar abajo una tiranía se estuviese preparando otra: otros cubanos serán los que lo vean, que nosotros, que estamos aquí, y sabemos por qué estamos, no lo vemos; otros cubanos serán los que lo consientan, porque nosotros, mientras nos queden lengua y manos, no lo hemos de consentir.” (7) 1891, su último discurso por el 10 de Octubre, ya anuncia la Revolución próxima, ya descubre a medias el velo que ha utilizado para prepararla: “No venimos aquí como gusanos, a empinamos sobre el sauce heroico; ni a cantar en sus ramas lindamente, como sinsontes vocingleros; ni a fiar, como bonzos, la suerte del país de nuestras entrañas al buitre que acecha ya la gangrena que corroe; ni a proclamar, con el reloj de arena sobre nuestras cabezas, que llegó la hora de la descomposición y del espanto, ni a tañer en la mandolina patrióticas serenatas a balcones que no se quieren abrir. Venimos a caballo como el año pasado, a anunciar que al caballo le ha ido bien; que las jornadas que se andan en la sombra son también jornadas; que con las orejas caídas y los belfos al pesebre no se fundan pueblos; que no es la hora todavía de soltarle el freno a la cabalgadura, pero que la cincha se la hemos puesto ya, y la venda se la hemos quitado ya, y la silla se la vamos a poner, y los jinetes. . .los corazones están llenos de jinetes! La miseria cría magníficos jinetes. Pero no es mi intención copiar todos los discursos, ni tan siquiera lo esencial de ellos, lo que deseo es que todos los cubanos busquen y lean las palabras de Martí, Apóstol de la Independencia, llevado y traído por todos, pero no con las mismas intenciones. Leer a Martí, directamente, sin interpretaciones, sin lo que nos dicen que quiso decir, es como leer la Biblia de Cuba. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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