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Por décadas en Cuba se ha utilizado un lenguaje bélico. Hasta los intercambios de ideas son batallas. Ya sea contra los mosquitos o las antenas parabólicas, siempre se están librando guerras. El domingo pasado en La Habana, Juanes y los artistas que lo acompañaron le cantaron a la paz.
Por décadas, Cuba fue oficialmente un país ateo. En su concierto, Juanes les puso el micrófono a los cubanos para que corearan con él “A Dios le pido”.
Por décadas la familia cubana ha estado separada. Olga Tañón le llevó un recado de Miami a Niurka, una mujer anónima allí en la Plaza, cuyo padre no había podido besarla en 20 años. Y todos los que lo escuchábamos en ambas orillas pudimos entender ese drama humano como una metáfora de un país dividido. Por si alguien no lo comprendió, Juanes gritó que la familia cubana era una.
Por siglos ha habido cubanos presos injustamente. Los hubo durante la colonia española, el Machadato, la dictadura de Batista y en grandes números a partir del 1 de enero de 1959. Los hay ahora. También a ellos les cantó Juanes, como cantó a los secuestrados en las selvas de su Colombia natal.
Por décadas los cubanos han oído un discurso monocorde y oficialista. El pasado domingo escucharon un mensaje de cambio, amor en vez de odio, unión de la familia, tolerancia, esperanza en la juventud. Vibró la música; se acallaron las consignas. El pueblo tomó la Plaza. Bailó y cantó a su antojo Agitó los brazos y los pañuelos. Se bebió las canciones y el amor que llevaron los artistas. Los “muchachos” se sintieron protagonistas. Aquello era para ellos y de ellos. Una joven comentó que le habían devuelto su dignidad.

Vi el concierto por televisión en mi casa. Entre canción y canción hablaba con mis hijas, ambas igualmente emocionadas. Hubiera querida estar en La Habana esa tarde, junto a mi pueblo, cantando con ellos a la libertad. Al día siguiente llamé a mi familia en Cuba y supe que muchos en Miami habían hecho lo mismo. Querían comentar la experiencia compartida de haber disfrutado, en Cuba o en la diáspora, el mismo concierto dirigido a todos los cubanos. No cesan de llegarme mensajes electrónicos de amigos en la Isla igualmente entusiasmados.
Claro que no estaban todos los que son y quizás no sean todos los que estaban. Incluso en el público faltaban opositores a los que no dejaron llegar. Como tantos, sueño con un concierto que incluya a Willie Chirino, Gloria Estefan, Albita, Olga Guillot, Marisela Verena, Gorki, Pedro Luis Ferrer y muchos más. Pero el concierto de Juanes ha hecho que ese día esté más cerca.
Naturalmente que no ha cambiado nada en Cuba. La responsabilidad de esos cambios hacia la Cuba mejor que tanto queremos no es de un cantante colombiano sino de todos los cubanos. Pero yo sentí, pese a las altas temperaturas, que una bocanada de aire fresco recorría La Habana y llegaba hasta mi propia casa. No creo que en la historia de Cuba haya habido un concierto semejante. La música, decía el compositor Sindo Garay, es el arte que más une a los pueblos. Para unirnos y no dividirnos debería servir el concierto de Juanes.
Comprendo, respeto y comparto el dolor de los cubanos en el exilio, pero ese dolor no justifica querer negarles a los de la Isla una tarde de música y baile. ¿O es que se puede contonear el cuerpo en el Festival de la Calle Ocho de Miami pero no en la Plaza de El Vedado? Conciliar la historia es gigantesca labor que tendremos algún día que enfrentar, por lo que conviene que antes aprendamos, ya no solo a dialogar, sino a cantar juntos.
Yo, al menos, desde mi casa, estuve en La Habana con mi pueblo el domingo. Gracias, Juanes. A Dios le pido muchos conciertos más, que la música no sólo une, sino ayuda a sanar las heridas. Nos hace falta esa paz sin fronteras que predicas. Basta ya de violencia y odio. Aprendamos de una vez a cultivar con amor la rosa blanca martiana.
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