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Hoy en día mucho se ha polemizado con respecto a la educación como vehículo de dominación y manipulación. En Cuba, y en otros países donde el poder del Estado radica en un partido, se defiende por las autoridades la posición de que la educación es clasista y por tanto obedece y debe obedecer a la clase en el poder. Desgraciadamente, a través de la historia, esta concepción ha sido aceptada por muchos como una ley inexorable y natural que debemos asumir irremediablemente.
La educación manipuladora, tenga el fin que tenga y venga de donde venga, ha sido y es un gran mal para la humanidad porque coarta la libertad de la persona, la despersonaliza y la deshumaniza. La educación no debe responder a una filosofía e ideología determinada y mucho menos ser manipulada por un partido o un Estado. La educación debe responder únicamente al bienestar y a la dignidad de la persona humana en general.
Para ejercer una educación manipuladora se parte, al menos, de dos premisas. Primero, formar a los educadores en una mentalidad ideológica que defienda a la clase en el poder, resaltando su justeza y dignidad por sobre otra ideología o filosofía. En segundo lugar los métodos didácticos, procedimientos y enfoques seleccionados dentro del estilo pedagógico que se implanta juegan un papel vital. En nuestro contexto educativo puede ser que el maestro o profesor, no sepa que está manipulando la formación de la personalidad de sus alumnos, o puede saberlo, pero, si hace lo contrario y se rebela se perjudica y no quiere comprometerse dado lo adversa que puede ser la situación, lo que evidencia signos de despersonalización y deshumanización.
Uno de los principales intereses educativos de la escuela, si de verdad quiere educar en valores humanos, es contribuir a que sus alumnos adquieran los medios y recursos educativos necesarios para que puedan reconocer las variadas aristas de la manipulación y, sobre todo, pertrecharlos de recursos racionales y axiológicos para que no sean manipuladores y respeten la dignidad de la persona, la libertad y la responsabilidad del otro. La Iglesia católica defiende con firmeza el desarrollo pleno de este empoderamiento: la educación debe ser personalizada y liberadora y no dogmática y manipuladora.
Para ello los maestros y profesores, conscientes de estos daños antropológicos y de verdad estimulados para contribuir al desarrollo de un proceso de enseñanza-aprendizaje pleno y liberador, debemos tener muy claro los conceptos de manipulación y educación liberadora. Es muy importante tener presente que la manipulación educativa puede estar, y de hecho está, en nuestras escuelas, en los métodos y procedimientos que aplicamos en nuestras clases y actividades metodológicas, en los objetivos y contenidos de los programas, en los objetivos y fines de cuadros directivos, etc. Por eso, no podemos limitarnos a que desarrollamos una educación personalizada y liberadora solo cuando hablamos de métodos activos y de técnicas de participación a través del trabajo independiente, o de trabajo grupal o en equipos, o de estudio individual y colectivo, incluso hasta cuando nos referimos a la formación de un hombre nuevo e integral, porque la educación personalizada y liberadora no se restringe a métodos, programas, objetivos y fines, es mucho más, es todo un sistema de educación.
Esta reflexión la hemos fundamentado en la pedagogía personalizada y liberadora de Paulo Freire (1921-1997), destacado abogado brasileño devenido en educador y pedagogo insigne a escala internacional. Freire consideró que el proceso de formación personalizado y liberador, irremediablemente debe transitar por cuatro etapas claves:
Etapa de la sensibilización. El sistema de Freire se fundamenta en un proceso educativo totalmente basado en el entorno del estudiante, en asumir que los enseñantes deben entender la realidad en la que viven como parte de su actividad de aprendizaje. El famoso ejemplo que él mismo propone es la frase “Eva vio una uva”, que cualquier estudiante puede leer. Según Freire, el estudiante necesita, para conocer el sentido real de lo que lee, situar a Eva en su contexto social, descubrir quién produjo la uva y quién pudo beneficiarse de este trabajo.
La percepción de la realidad se realiza por los sentidos y pasa a la esfera de los sentimientos, necesidades, motivaciones e intereses. De esta sensibilidad humana así entendida, brota entonces la compasión y de ella surge la acción caritativa. Esta etapa puede ser muy bien manipulada, al estimularse una sensibilidad en aras de lo que quiere el manipulador; por ej., en nuestro contexto escolar cuando en un análisis del proceso docente educativo, un dirigente de la escuela, en nombre de lo que cuesta económicamente un curso escolar, exige e impone un 100 % de promoción, o exige cuestionarios evaluativos fáciles y repasados, si esto no es acatado por los profesores implicaría acusaciones de todo tipo incluyendo las éticas y las políticas. El manipulador, en este caso, subordina un acto totalmente corrupto en aras de defender su objetivo político.
Etapa de la mentalización. Esta etapa tiene como objetivo rector, introducir ideas nuevas para que se produzca un cambio en la persona, una manera distinta de pensar y de ver las cosas, de ver la realidad, de convencerse de que todo cambia y que se puede cambiar, lo cual garantiza un crecimiento en la persona humana a través de su propio aprendizaje activo y protagónico. En esta etapa, la manipulación puede ser también indirecta, digamos, cuando el dirigente y el profesor impone críticas a maestros y alumnos respectivamente por las creencias religiosas, dejándose llevar por su ignorancia, suplantando la fe por la razón, y no percibiéndola por como complementos, o cuando impone a sus educandos, recetas y fórmulas pre hechas y acabadas a fenómenos y procesos de estudio, que deben suscitar, por obligación, enfoques y análisis diversos. O cuando el aprendizaje es mecánicamente algoritmizado y receptivo, sin esfuerzos propios y sin que el estudiante sienta su rol protagónico de manera consciente. En fin, cuando se mutila la visión y creatividad de cada alumno, tomándolo como un objeto dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje y no como un sujeto, como una persona.
Etapa de toma de conciencia. Es etapa se define como la facultad que tiene toda persona de percibir singularmente la realidad que le rodea, de reflejarla también de manera particular y subjetiva y de introducir cambios en ella como una necesidad para su desarrollo. La presencia del radicalismo extremo en los docentes es otra manifestación de la educación manipuladora, para estos docentes solo existe el blanco y el negro, sin percibir que también existe el color gris formado por ellos y que se manifiesta incluso dentro de una gama de tonalidades. Estos profesores tampoco aceptan que existen diferentes tipos de blancos.

Etapa de concientización. Es el proceso por el cual la persona despierta a la conciencia crítica y autocrítica y se autositúa en relación con su trascendente, con la naturaleza y el mundo y con las demás personas. Es cuando el estudiante, por ser una persona creada para vivir en comunión, llega a preguntarse después de un largo proceso de aprendizaje ¿qué debo y qué puedo hacer yo?, es la etapa en que redescubre la necesidad del compromiso consciente con su realidad y su nivel de desarrollo.
Esta etapa también puede ser manipulada, cuando los profesores y maestros no creamos los necesarios espacios de libertad para la también necesaria autorrealización, para que los alumnos manifiesten lo aprendido desde la diversidad en sus puntos de vista, sean oídos y valorados por los demás y lleguen a sus propias conclusiones para poder asumirlas en convicciones propias. Cuando se les impide hacer uso de su vocación y capacidades, o cuando se les presiona para que se comprometan en proyectos ajenos, los cuales son asumidos de manera irresponsable, no dejando espacios para crear sus propios proyectos de vida. La manipulación en la oferta de las carreras universitarias como opciones impuestas, sin respetar la vocación e intereses de los estudiantes, es un ejemplo típico de manipulación educativa, o cuando se tiene que asumir un estilo pedagógico impuesto porque no se ofertan otras posibilidades de educación.
Un estado democrático debe permitir la creación de todos los espacios educativos religiosos y laicos posibles: escuelas públicas y privadas, confesionales y no confesionales, para que tanto las familias como los profesores y maestros puedan optar según sus preferencias, motivos e intereses. Los países que ofrecen este abanico de posibilidades, sin dudas, aportan mucho más, por la gran variedad y riqueza de los estilos pedagógicos que se impacogen, en lograr que sus niños, adolescentes y jóvenes, reciban una educación liberadora y no manipuladora.
Referencias bibliográficas
- Freire Paulo. La educación como práctica de la verdad. 1967.
- Freire Paulo. Acción cultural para la libertad. 1970
- Colectivos de autores (CEPES) Universidad de La Habana. Tendencias pedagógicas en la realidad educativa de hoy. Editorial Universitaria. Tarija-Bolivia. 2000 (Versión digitalizada)
- Silvestre, Oramas, Margarita y Zilberstein, Toruncha, José. Enseñanza y aprendizaje desarrollador (ICCP). Ediciones *CEIDE*. 2000 (Versión digitalizada)
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