Era 20 de mayo de 1951. La imagen de Ntra. Sra. de La Caridad, venerada en la antigua y santiaguera iglesia de Santo Tomás, fue llevada a El Cobre. Y allí La Caridad Peregrina inició su andar por toda Cuba.
El Arzobispo Mons. Pérez Serantes bendijo en el Santuario 200.000 (doscientas mil) estampas de la Virgen. Se pensó que esa tonga alcanzaría para satisfacer la devoción de los fieles que acogieran en sus pueblos a la Madre Peregrina.
Las doscientas mil estampas —dice una crónica de entonces— representaban “la esperanza hecha número”. Pero enseguida la respuesta de los hijos desbordó lo esperado. Llegando a Barajagua y faltando todavía por recorrer 484 pueblos y ciudades, se acabaron las estampas. “¡Así fallan en el amor las matemáticas!”, comentó aquel cronista.
Allá por 1951 eran seis las diócesis cubanas. Ahora son once en igual geografía. Todas fueron recorridas por la Madre Peregrina. Su imagen viajó en autos, camionetas, jeeps, motores, barcos y hasta en avión. Y sobre todo a hombros de sus hijos. Peregrina Incansable, la Madre fue del este oriental al oeste pinareño. De Baracoa a los extremos más occidentales de Mantua.
563 ciudades y pueblos recorridos
Recorriendo la costa norte, La Caridad Peregrina llegó a Sagua de Tánamo; Banes; Puerto de Manatí; Nuevitas; Isabela de Sagua; Cárdenas; Varadero; Boca de Jaruco; Bahía Honda; Puerto Esperanza y un largo etcétera. Por el sur visitó Coloma; Surgidero de Batabanó; Santa Fe; Castillo de Jagua; Júcaro; Santa Cruz del Sur; Niquero; Santiago de Cuba; Caimanera y muchos más.
Fueron 563 las poblaciones y ciudades visitadas. 116 en las actuales diócesis de Guantánamo-Baracoa, Santiago de Cuba, Holguín y Granma. 67 en las de Camagüey y Ciego de Ávila. 169 en las de Cienfuegos y Santa Clara. 131 en Matanzas. 101 en La Habana. 70 en Pinar del Río. Sumen a eso las incontables paradas en pequeños caseríos, bateyes y cruces de caminos.
Altar -hoy desaparecido- dedicado a Ntra. Sra. de La Caridad en el Cayo de la Virgen.
Hoy recordamos un lejano miércoles 25 de julio de 1951, cuando La Caridad Peregrina salió de Mayarí y fue conducida en procesión a la bahía de Nipe. Pensando en el hallazgo de la pequeña imagen, escribió un cronista emocionado: “¡Sobre estas aguas fue que bogaba, o volaba risueña rizando las aguas!”.
Hay por allá una franja de tierra pedregosa metida en el mar de Nipe. Los vecinos la llaman El Cayo de la Virgen. Se dice que allí los tres nativos, al dejar la canoa, depositaron la imagen encontrada. La llevada enseguida a Barajagua. La después trasladada hasta El Cobre. La Madre presente siglo tras siglo —desde hace casi cuatro— en la vida y corazón de millones de cubanos.
La devoción de una mujer sencilla permitió recuperar aquella imagen, ahora conservada en el antiguo Seminario de El Cobre. La pacífica y serena presencia de la Madre y su Niño, ¿regresarán al Cayo de la Virgen?
Si así sucede —cuando suceda— habrá un motivo más para decir alegres a la Madre de todos:
“Has venido a visitar nuestro pueblo
y has querido quedarte con nosotros
como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar
por los caminos de la historia.
Haz de la nación cubana
un hogar de hermanos y hermanas
para que este pueblo abra de par en par
su mente, su corazón y su vida a Cristo”
(Juan Pablo II, “Invocación”, Santiago de Cuba 24.01.1998).
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