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LA CAMA 16

ANTONIO PADOVANI CANTÓN

Año XVI. no. 94
nov. - diciembre
de 2009

BIOÉTICA


Recientemente un colega me pidió que valorara a “la cama 16” de su sala, quería consultar acerca de la situación que presentaba “la cama 16”.
Me acerqué a la misma y me incliné:
—Tiene una rueda que no está en buen estado, debes cambiársela, necesita un poco de pintura y te aconsejo que engrases los mecanismos para elevar la cabecera y la pielera, están algo oxidados y pueden romperse.
—No, no es la cama, es el paciente lo que quiero que veas— Me replicó.
—Entonces dime cómo se llama el paciente.
—No lo sé, es una neumonía.
—¿Una neumonía o un paciente?
—Un paciente con una neumonía extra hospitalaria.
—No te sabes el nombre del paciente pero sí el de la neumonía.

Desde hace años, muchos dolorosos años, el paciente ha ido dejando de ser persona en los hospitales, es un número “el 16” o una cama “la cama 16” o una enfermedad “una neumonía extra hospitalaria” Pero NO UNA PERSONA.
¿Qué es usted? ¿Una cama, un número, una enfermedad o una persona?
No es un fenómeno cubano, lo plantean los españoles, los europeos en general y los norteamericanos. La despersonalización del paciente es un fenómeno que se ha ido desarrollando paralelamente con la tecnificación de la medicina, cada día la medicina es más técnica y menos humana. En todo el mundo.
La dimensión humana de la medicina.
En la Edad Media Paracelso decía: “El corazón hace al médico” y esto significa que no es el conocimiento técnico si no el sentimiento humano lo que diferencia al médico de la máquina.
“Actualmente somos gigantes tecnológicos pero niños éticos” Señaló Kieffer hace más de 20 años, pero no lo interiorizamos. La tecnología médica actual nos permite conocer casi cualquier alteración orgánica que pueda presentar un paciente, pero muchas veces nos olvidamos que hay algo más importante que el simple conocimiento de un padecimiento y es el conocimiento de la persona que padece.
Recuerdo un paciente que conocí hace muchos años que a su nombre agregaba, a modo de apellido, el nombre de una afección de la que padecía, Síndrome de Kartagener y en vez de llamarse Miguel X, se denominaba a sí mismo “Miguelito Kartagener”. Creo que esto se debía a que los médicos no decían cuando lo presentaban a otros médicos o alumnos “este es Miguel X, un paciente que padece de un Síndrome de Kartagener” si no “este es un Kartagener” (El Síndrome de Kartagener no es una afección frecuente) y esto ayudó a que el mismo paciente se despersonalizara inconscientemente.
Poco a poco el paciente ha ido perdiendo el nombre para convertirse en una denominación, esto va llevando cada vez más a una separación progresiva entre el paciente como persona y el médico como persona y al despersonalizarse la relación entre ambos esta pierde su aspecto humano. La medicina basada en una relación puramente técnica no es verdadera medicina.
Otro aspecto que muestra la despersonalización de la medicina es la atención al paciente en fase terminal, médicos que han atendido a un paciente con una enfermedad importante y potencialmente mortal, cuando el paciente se encuentra en “Fase terminal”, lo que quiere decir que ha llegado a una etapa donde la enfermedad de base ya no tiene solución, la muerte es segura a un plazo no muy largo y no existen medidas terapéuticas que puedan prolongar la vida por un término razonable y con ciertas condiciones, si no que todo esfuerzo que se emprenda solo puede conseguir prolongar la agonía del paciente, en ese momento tan difícil, algunos médicos le dicen a los familiares: “Yo no puedo hacer más, busca otro médico que te lo atienda”.
Eso es también una despersonalización de la medicina, tratar una enfermedad, no un paciente, cuando no se puede hacer nada por salvar al paciente queda el aspecto humano de la medicina que es acompañar al paciente y sus familiares hasta el final y eso no puede hacerlo un médico que llega nuevo, solo el que ha seguido la evolución de la afección. Aquí es el corazón, no la técnica lo que importa.
El viejo médico general que atendía a la familia completa, desde que nacía alguien hasta que moría, ha desaparecido de la medicina moderna, hoy en día la división de la medicina por especialidades, cada vez más especializadas, necesario porque nadie es capaz de abarcar toda la complejidad de la medicina moderna, ha separado cada vez más al médico del paciente, lo vemos por pedazos (Y me incluyo entre los especialistas que no son capaces de atender todas las situaciones que pueda presentar un enfermo) y sólo mantener la atención humana en el mismo nos puede impedir la despersonalización.
La especialización es necesaria, es conveniente y permite una atención más calificada, pero por ser especialista no podemos olvidar que tratamos personas, no enfermedades.
La especialización lleva a que un médico esté más capacitado en un campo de la medicina, pero por ello mismo menos capacitado en los demás campos.
Otro aspecto de interés es que los pacientes muchas veces tienden a buscar un médico que sea humano y trate bien a los pacientes más que un médico técnicamente capaz, reconociendo así que es el corazón el que hace al médico.
La unión de los dos párrafos anteriores nos lleva a una situación en la cual muchas personas buscan a un médico humano pero no capacitado en el campo de la afección que ellos padecen y muchas veces este médico comete el error de tratar enfermedades para las cuales no está capacitado, haciendo que el aspecto humano sobrepase el técnico y acercándose al peligroso campo de la impericia, que es tan peligrosa como la deshumanización.
El Médico de la Familia fue un intento de rescatar el médico humano y con formación amplia, aunque superficial, que tan necesario es para la atención primaria. Dije intento porque situaciones que todos conocemos y que incluyen la no voluntariedad de los que eran destinados a esta tarea, la falta de vocación de muchos profesionales que estudiaron medicina porque no podían alcanzar otras carreras o porque pensaban en los beneficios que el reconocimiento social del médico podían obtener y este reconocimiento se obtiene con mucho esfuerzo cuando la práctica médica se limita a un consultorio y con mayor facilidad si se obtiene una especialidad de las que tienen pocos profesionales. Todo esto y mucho más, conspiró contra la función esencial del Médico General que es ser el amigo, el consejero, el que acompaña al que sufre en todos los momentos. Muchos médicos han sido y son lo que aspiramos a tener como médico de familia, pero desgraciadamente no han sido los más, muchos ven en el consultorio el lugar por el que deben transitar para alcanzar la especialidad que desean.
“La Ética sin Pericia es débil e inútil, la Pericia sin Ética peligrosa y temible” dijo Samuel Johnson hace ya más de tres siglos, pero esta afirmación es de una vigencia extraordinaria. Es necesaria la combinación de valores humanos con conocimientos técnicos y esta unión es la que permite tener un profesional humano y calificado, virtudes necesarias para la correcta atención al paciente.
¿Podremos rescatar el médico humano y técnicamente capaz?
Soy optimista, creo que es posible, pero conlleva un esfuerzo de todos, de los trabajadores de la salud, de los mismos pacientes pero sobre todo de los profesores que tenemos la tarea de formar a los futuros profesionales. La tarea es dura, pero factible.
Hagámosla.