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NAVIDAD: FIESTA DE HERMANOS

Año XVI. no. 94
nov. - diciembre
de 2009

EDITORIAL


En la Navidad celebramos el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo hombre en el seno de la Virgen María para entrar de forma plena y definitiva en la historia humana para salvar a cada hombre y mujer concretos y para salvar la historia y la cultura humanas.
Con el nacimiento de Cristo, cambió la ley del “ojo por ojo y diente por diente” por la de devolver bien por el mal recibido, cambio el rencor por el perdón, cambio la vida sin sentido por un proyecto de vida cuya razón de ser es vivir para los demás, cambio la forma de relacionarse los hombres al comprender que todos somos hermanos.
Ningún otro nacimiento, de ningún otro ser sobre la tierra, se ha celebrado con mayor cariño, perseverancia y esplendor, precisamente porque no se trata del nacimiento de un hombre como otro cualquiera sino del Hijo de Dios hecho hombre para cambiar la vida de este mundo y salvarla, dignificarla, darle plenitud y felicidad.
La  nueva era para la humanidad ya había llegado con Cristo, a quien celebramos como único Salvador, como único Mesías, como único capaz de dar sentido y felicidad al corazón humano. Lo que pasó fue que los hombres, haciendo uso de la libertad que Dios nos ha dado, abandonamos el camino que se abrió en Belén y nos intrincamos en otros trillos que ahora vamos entendiendo que no conducen a ningún lado.
Aprendamos la lección, cuando un pueblo abandona sus mejores tradiciones, su memoria cultural, su historia y sus costumbres, cuando un pueblo abandona su espiritualidad, su mística, su religión y su Dios, se empobrece, se amarga, se desintegra moralmente y se seca.
Esa es la respuesta a tantas preguntas que nos hacemos hoy muchos cubanos. ¿Qué ha sucedido que muchas familias están destruidas y muchos se alarman cuando una pareja va a tener más de uno o dos hijos? ¿Qué ha pasado que casi todo el mundo reconoce que hay una pérdida de valores éticos en nuestra sociedad? ¿Qué ha pasado que con frecuencia vemos situaciones de infidelidad y deslealtad a nuestro alrededor?
Los pueblos alimentan su espiritualidad y viven su mística y su religión a través de las celebraciones religiosas. La religión no es para esconderla dentro del escaparate, ni  para encerrarla en los templos, ni para reducirla a sentimientos privados y ocultos. La religión es para celebrarla en el sagrario del corazón y poder expresarla públicamente.
Por eso la Iglesia reclama junto con las celebraciones públicas de la fe cristiana, como es la Navidad, la presencia en los medios de comunicación social para poder expresar a su pueblo el mensaje de salvación, de paz, de reconciliación y de justicia que brota del evangelio de Cristo.
Pobre de la nación que haya intentado borrar sus fiestas religiosas e intente llenar el vacío espiritual con el culto a falsos dioses. La navidad ha sido siempre “una Buena Noticia”, una gran alegría para todo el pueblo, como anunciaron desde hace dos mil nueve años los ángeles a los pastores que estaban en los campos de Belén.
La Navidad es la fiesta de la familia creyente y de la nación que reconoce sus raíces arraigadas en el humus fértil del cristianismo. Ese es el sentido de una celebración de Navidad que se hace reposo del trabajo cotidiano, encuentro de toda la familia alrededor de la mesa y plegaria de acción de gracias alrededor del Nacimiento y del Altar.
Navidad es también fiesta del pueblo que no cree en Jesucristo como Dios pero que celebra el nacimiento de un hombre totalmente extraordinario que ha revolucionado la historia de la humanidad de tal forma que desde ese día el mundo comenzó a contar los años de nuevo. Su persona, sus enseñanzas y los valores que vivió, son hoy un paradigma para todos los hombres y para la convivencia fraterna de todos los pueblos. Ese es el sentido de que la Navidad sea una fiesta de todo el pueblo y no sólo de los cristianos.
La Navidad es la fiesta de la familia. La cena de Nochebuena es una comida muy especial, no por lo que haya sobre la mesa sino por lo que haya en el corazón y el ánimo de los que se sientan alrededor de ella. La intimidad del hogar, la reunión de todos los miembros de la familia que deben dejar todo en esta noche para estar juntos, para compartir con serenidad, para gozar del santuario de la familia aunque sea una vez al año.
La Navidad desde hace siglos ha pasado a la memoria de todo el pueblo independientemente de sus creencias o ideas políticas. Cerca de la nostalgia, pegadas a la raíz de los abuelos, llenas de ternura y fantasía, vienen a nuestro recuerdo aquellas fiestas familiares, en el campo o en las ciudades, entre pobres y acomodados, con las desigualdades de entonces que eran otras que las de ahora, pero siempre queda en la mente un sabor a Nochebuena, a calor de hogar, a fantasía de Reyes, a la alegría del árbol de Navidad, al esmerado cuidado con que cada año poníamos el Nacimiento con aquellas figuras de yeso o madera que se iban desgastando y que se fueron rompiendo. Estas familias tienen un triple mérito: haber sostenido la fe, haber mantenido la fiesta de Navidad en los momentos más duros y haber conservado las imágenes que simbolizan todo esto.
Deseamos a todos los cubanos, aún a aquellos que no entienden todavía estas cosas, una Feliz Navidad, un próspero Año Nuevo, exhortando a cada familia a celebrarlo de la mejor forma, de la forma más sencilla y pública que pueda, porque la Navidad es, en fin de cuentas, fiesta de hermanos donde todos estamos invitados a compartir, no la confrontación sino la cena, no la amargura sino el cariño del hogar, no la violencia, siempre repelida, sino la paz verdadera entre todos los hermanos de un mismo pueblo.
Que este año que celebramos los 2010 años del nacimiento de Cristo sea el tiempo de apertura y gracia, de justicia y de paz, de perdón y reconciliación que Cuba necesita. En el pobre establo de Belén, en la humilde familia de Nazaret, comenzó este camino. Eso nos hace creer en la fecundidad del grano de mostaza, en la iluminación de una pequeña luz en el interior del espíritu humano, en la virtud del grano de sal y en la potencialidad del fermento en medio de la masa.
Navidad es la fiesta de los humildes, de los que esperan sin tener nada, es la fiesta de lo nuevo que viene y del perdón. Que en medio de las dificultades no dejemos caer la esperanza, y nos demos cuenta que ya es hora de cambiar el odio por el amor como nos dijera el cantautor colombiano Juanes hace unos meses en la Plaza Cívica de La Habana.