Página principal

¡S.O.S!, HUMILDAD REGRESA A NOSOTROS

LÁZARO GÓMEZ PIQUERO

Año XVI. no. 94
nov. - diciembre
de 2009

EDUCACIÓN CÍVICA


“Desconfíese de quien tiene la modestia en los labios,
porque ese tiene la soberbia en el corazón”.
           José Martí

Según la leyenda en cierta ocasión una hormiguita preguntó a su abuelo:
-¿Qué tengo que hacer para ser importante? El abuelo con la sabiduría de los años le respondió
-Ayuda siempre que puedas y hasta donde puedas.
La hormiguita haciendo caso a los consejos del anciano, salió por la selva con la gran disposición de ayudar para ser importante. En su camino se encontró con el león atrapado en una trampa, sin pensarlo dos veces se dirigió hasta donde estaba la soga de la trampa, y con mucho trabajo logró cortarla para liberar al rey de la selva. Continuó su camino y se encontró con el tigre atrapado en otra trampa similar a la anterior, sin detenerse cortó la soga y de esta forma ayudó al fiero animal a escapar.
Así continuó el día, siempre ayudando a todo el necesitado. Cuando regreso a casa, el abuelo le preguntó:
—¿Qué hiciste hoy?— ella le respondió:
—Siempre que pude ayudé, pero no logré ser importante, porque nadie se percató de mi presencia trabajando para el bien.
El abuelo le respondió
—Hija lo más importante no es que  vean lo que haces, lo  más importante es ser útil a los demás.
Cuando me acuerdo de esta leyenda recuerdo las palabras de Winston Churchill: “Llegarán tiempos en que a los hombres les interesará ser más importantes, que útiles”. Es triste aceptarlo, pero es la realidad, todos queremos ser importantes ante la vista de los demás. Me pregunto ¿dónde esta la humildad en los hombres de hoy? valor humano que embellece la personalidad de todo ser, que lo hace ser importante sin proponérselo. Como dice un gran amigo: “Al hombre de hoy sólo le interesa la imagen y apariencia, pero poco le importa la belleza interior, no sabe mirar al corazón de los demás. Los más viejos no recuerdan la humildad, y los más jóvenes no la conocen”.
Motivado por el desconocimiento, voy a intentar responde la pregunta ¿qué  es  la humildad? pero confieso que es muy difícil argumentar sobre una cualidad humana prácticamente desaparecida, por tanto tengo que apelar a la memoria y pensar en los grandes hombres de la historia, pues dentro de sus grandes virtudes prevalecía ser humildes.
La humildad no es una enfermedad, todo lo contrario es una virtud, un don divino de sanación y purificación de las almas, es una vitamina espiritual que fortalece el espíritu de los hombres; pero, mucho cuidado con la falsa humildad, la más espeluznante miseria humana, que ha hecho y hace mucho daño en la humanidad. Usted se preguntará: ¿Cómo evitar ser víctima de los efectos de tal miseria humana?
Considero que conociendo la humildad verdadera, es una herramienta ideal para identificarla con exactitud y saber diferenciar cuándo estamos en presencia de un falso humilde. Es triste pero necesario aceptar como abundan en estos tiempos, los hombres que fingen ser humildes, para obtener ganancias, y manipular a los demás  a cuenta de su inocencia e ignorancia. Repito y no me cansaré de decir las palabras de San Agustín: “No hay peor soberbia que fingir la humildad”.
Algunos confunden la humildad verdadera cuando se encuentran personas que comentan o dicen públicamente que no somos nada importante en la sociedad y simulan, retirándose para que se les busque y se les coja lástima, pero como decía Francisco de Sales : “La verdadera humildad no adopta aire de retiro o de ocultarse, ni dice palabras humildes. El hombre humilde no sólo desea ocultar sus virtudes, sino también busca ocultarse a sí mismo”.
El hombre humilde no es egoísta, más bien  procura la felicidad y el bienestar de los demás, promueve los sentimientos de confianza y seguridad en el amor,  como la fuente de vida para todo ser humano. Prefiere trabajar en silencio para ser útil, teniendo como lema “que la mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda”, todo lo contrario  al comportamiento actual de muchos, porque anuncian lo que van hacer y gritan a toda voz lo que hacen o han hecho.
Se entiende por humildad la disposición a estimarse a sí mismo y ajustar la conducta a esta estimación; en ella entran mentalidad y voluntad. La valoración recta se obtiene en la relación del hombre con los demás hombres y el juicio que hace sobre ellos. Es ir en contra de la predilección actual de sobreestimarse a sí mismo y subestimar a los otros, y esta es la auténtica hazaña del humilde: superar esta dificultad con la voluntad de crecer en humanidad y estar con honor en el lugar que nos ha tocado vivir. Un hombre fiel a sí mismo y a la realidad, vive y lucha por la verdad y reconoce sus errores sin mentir, y mucho menos humillarse. No guarda rencor y mucho menos es vengativo, pero mucho menos es capaz de hacerle daño a otra persona, el hombre humilde es un verdadero hombre de honor, que ama la vida y a sus semejantes.
El hombre humilde cuando se mira frente a otro que lo supera en cualidades, lo reconoce de buen grado, estima al otro más que a sí mismo y lo dice si viene al caso. Si reconoce en el otro poco más o menos las mismas dotes que en sí mismo, también lo concede interiormente y exteriormente; pero no se subestima ante el otro. Si reconoce que el otro esta más bajo nivel que él mismo, trata de ayudarlo, porque el humilde acude a sus cualidades y talento, cuando hacerlo tiene un buen fin.
Todo hombre humilde de corazón es un transportador de paz y comunicador de alegrías, pero al mismo tiempo es un guerrero a la hora de afrontar y superar todo lo que impide el establecimiento de una paz hecha justicia. Esta en contra de todo aquello que entorpece la amistad verdadera entre los hombres. Es un hombre sencillo que refleja con limpieza lo que hay en su interior, sin doblez de ninguna clase, en otras palabras no es hipócrita ni consigo mismo. Por su franqueza se gana el respeto de todos, ya que sabe guardar secretos, sabe comunicar o hablar lo que se debe decir y es capaz de callar lo que debe permanecer en secreto. Su actitud es contraria  a  la autosuficiencia, porque el autosuficiente se jacta de la justicia de sus obras, se olvida que todo lo que tiene y ha hecho es gracias a Dios, y en momentos determinados llega a creerse Dios. La persona humilde en su relación con Dios, agradece al Creador el talento recibido.
Cuando la persona es humilde, es auténtica, no es falsa en sus acciones, es sincera en su comportamiento social. Cree en el amor y manifiesta su amor por los demás con un verdadero equilibrio entre el amor por sí mismo  y el amor por otro. Se alimenta de la paz y vive por ella.
La modestia en su modo de vestir (sencillo y decente) y de hablar evitando habladuría, es otra de las virtudes del humilde. No se alaba a sí mismo, no es un gran hablador de sí mismo y de sus obras, sabe poner freno a su lengua cuando se trata de hablar de sí. Habla poco para hacer mucho por el bien ajeno. Lleva  consigo una cualidad innata, la mansedumbre, palabra rara en la mente del hombre actual y por tanto puede confundir y hasta decepcionar a quien la escuche. Hoy predomina el egoísmo y nadie recuerda las palabras de Jesucristo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. (Mt 11;29). Debo aclarar que ser manso no significa debilidad de carácter y falta de criterios propios, capaz de no responder a un insulto, ser indiferente e insensible ante una injusticia o falta de respeto. Ser manso es lo contrario del odio, la envidia, la venganza, la humillación y la arrogancia. Es una bella cualidad amiga del respeto a los demás, de escuchar, de comprender, de callar con paciencia y hablar en el momento necesario, es amor y por tanto su compañía es agradable y buscada por los demás, porque inspira reposo, paz y seguridad para enfrentar las dificultades sin miedo y con naturalidad. Es juicioso y respetable, pacífico y desinteresado en cuanto al dinero, y es respetuoso y hospitalario.
Apreciado lector, seguro estoy que usted ha deseado por un momento estar en presencia, hablar y escuchar palabras de verdadera humildad, le confieso que yo sentía el mismo deseo en estos tiempos diabólicos donde impera la maldad, el odio y la mentira. Buscaba incesantemente encontrar alguien de humildad verdadera, que me llenara de la paz que tanto necesitaba para seguir viviendo. Repito una vez más, pase mucho trabajo para encontrarlo, hasta que tomé el camino angosto y estrecho de la verdad, decidí acercarme a  Dios por medio de su hijo Jesucristo, mediante Él le abrí mi corazón a Dios, y recibí como premio la paz de vida, el espíritu santo de amor y humildad, que tanto busque para darle un sentido  a mi vida  y ser feliz desde el sufrimiento cotidiano en que vivimos.
Estimo que con los argumentos anteriores, usted tiene información y herramientas necesarias para no ser víctima de la falsa humildad. No quiero terminar sin hablar, en mi opinión personal, del ejemplo más grande de humildad jamás visto, Jesucristo.
Los discípulos de Jesús comenzaron a discutir quien de ellos era el más importante. Jesús al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso junto a Él y les dijo:
—El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, también recibe al que me envío. Por eso, el más insignificante entre todos ustedes, ése es el más importante. (Lucas 9: 46-48)
—El que se porta como uno de los menores entre todos ustedes es el que es grande. (Lucas 9:48)
El nacimiento de Jesús fue en un pesebre rodeado de paja y animales, en el seno de una familia pobre. Realizó hechos de sanación a los enfermos, y después les pedía que no dijeran quién fue. En una ocasión se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas delante de Él y le dijo:
—Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.
Jesús lo tocó con la mano, y le dijo:
—Quiero, ¡quedas limpio!
Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad, Jesús añadió:
—Mira no se le digas a nadie; solamente ve y preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordeno Moisés, para que todos sepan que ya estás limpio de tu enfermedad. (Mateo 8:1-5)
En otra ocasión dos ciegos se le acercaron gritando:
—¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!
Jesús les tocó los ojos, y les dijo:
—Que se haga conforme a la fe que ustedes tienen.
Y cobraron la vista. Jesús les advirtió mucho:
—Procuren que no lo sepa nadie. (Mateo 9:27-31).
Todo hombre lleno de humildad es una vacuna humana contra los males sociales, que nos azotan a diario, y nos impiden vivir en paz y armonía el uno con el otro. Estimado lector, oremos entre usted, su familia y yo, esta plegaria al Ser Supremo:
Dios Topoderoso, creador del cielo y de la tierra,
Tú que todo lo puedes con tu inmenso amor,
permite que la  humildad regrese a nosotros,
permite que los hombres de hoy y del mañana,
sean humildes de corazón y espíritu.
Amén.