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La historia de la Iglesia en Cuba no es distinta a la del resto de América durante los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando las órdenes religiosas, principalmente franciscanos y dominicos, trataron de evangelizar a los indios primero y a éstos y los negros después, al tiempo que fundaban seminarios y universidades.
Debemos tener en cuenta que durante todo el tiempo de la colonización española, desafortunadamente la Iglesia, debido al Concordato, fue una rama del gobierno español, que la mantenía económicamente y a cambio de esto llegó a someter a Roma la recomendación para el nombramiento de los obispos. Errores de una época que después tendrían un alto costo para la Iglesia.
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El Obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa. |
Al llegar el siglo XIX, la Iglesia cubana disfrutó de una época brillante. El nombramiento del Obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, el Obispo Espada como sería llamado en Cuba, para la Diócesis de La Habana fue un regalo del Espíritu Santo para la Iglesia en Cuba.
El Obispo Espada, nació en Álava, el 29 de abril de 1756, en el seno de una familia de la nobleza vasca de profunda tradición católica, heredó de sus antepasados un gran amor al pensamiento científico e ilustrado.
Estudió en la Universidad de Salamanca donde cursó con 16 años los estudios mayores, en una época en que las ideas de la Ilustración hispana y las tradiciones medievales se enfrentaban en aquel centro docente. De allí salió el futuro Obispo nutrido con las ideas del Siglo de las Luces: el progreso, las ciencias y el arte guiarían desde entonces sus pasos.
Tenía licencia para leer libros prohibidos: sus lecturas favoritas eran los enciclopedistas franceses, los fisiócratas españoles y otros autores que concordaban con esas corrientes.
Fue el reformista en la educación, las costumbres, la vida social y económica que requería la sociedad de la época y La Habana tuvo la dicha de tenerlo como Obispo.
Desde el punto de vista material se le reconoce la reconstrucción de los templos, construcción de nuevas parroquias, fundó el cementerio que llevó su nombre y reformó la Casa de Beneficencia, la Casa de Expósitos y la Casa de Recogidas.
Pero su mayor aporte a Cuba fue en el orden cultural, la Universidad, el Seminario, y la Academia de Artes San Alejandro, fundada durante su dirección de la Iglesia habanera.
Alentó la entrada de los «criollos» a la vida religiosa y estimuló los estudios y participación de éstos en la vida política y económica de Cuba. A su sombra se desarrolló el Padre Félix Varela, el “Santo Cubano” como lo llamó José Martí.
A la muerte del Obispo Espada, falleció en La Habana el 13 de agosto de 1832, el gran educador y patriota cubano, alumno del Padre Félix Varela, Don José de la Luz y Caballero pronunció estas palabras: “Fue uno de los hombres que más ardientemente deseó y promovió la felicidad de nuestra Isla”. Desafortunadamente, durante la época republicana en Cuba, de todo ese siglo, sólo se destacaron y enseñaron los muchos méritos patrióticos de Varela, no su enorme trabajo como soldado de Cristo.
Su muerte, más los problemas de España, marcaron el final del progreso de la Iglesia Católica por el resto del siglo XIX.
La década de 1840 no fue propicia para la Iglesia en España y sus colonias, pues continuaron las expulsiones de las órdenes y la expropiación de los bienes inmuebles.
La década de 1850 comenzó con el Concordato del 17 de octubre de 1851. Este desafortunado concordato fue, según Vicente Cárcel Orti, “Ante todo un acto político tanto por parte del Estado español como de la Santa Sede” y significó el regreso al sistema de Patronato Real de 1753, que de nuevo reconocía a la Corona Española los más amplios poderes en el nombramiento de obispos y otras dignidades y cargos eclesiásticos.
Destaca la labor de San Antonio María Claret, quien fue nombrado Obispo de Santiago de Cuba en marzo de 1851, después de haber estado 15 años sin Obispo, terminando éste en 1857 después de un atentado en Holguín.
La llamada “Revolución Gloriosa” de 1868 en España, demostró lo frágil que era la Monarquía de Isabel II y su pilar, la Iglesia Católica. Ocurrieron nuevos cambios en la Iglesia con la restauración en 1874.
La España alfonsista no cambió el curso de la Iglesia Española que era mayoritariamente carlista. En Cuba, desde la muerte del Obispo Espada en 1832 se desalentó la promoción del clero nativo y los pocos ordenados fueron relegados a parroquias de ingreso en pequeños pueblos.
La poca preparación, cultural y religiosa del clero asignado a Cuba y el españolismo del mismo, mayormente desde los movimientos separatistas de 1850, sumados al hecho que en 1895 al comenzar la Guerra de Independencia de Cuba, España era el único país de Europa que mantenía concordato con la Santa Sede y que el Papa León XIII fuera el padrino de bautismo del Rey Niño, Alfonso XIII, algo muy utilizado por la Regencia, hizo que la República de Cuba naciera en 1902 identificando a la Iglesia con España.
Durante los años de luchas por la Independencia, muchos cubanos se habían agrupado en Logias Masónicas, mas por razones políticas al poder conspirar desde el secreto de la Logia, que por verdaderas creencias. De hecho la Logia Masónica de Cayo Hueso en La Florida se llama “Félix Varela”.
Este hecho fue muy utilizado contra la Iglesia Católica haciendo resaltar la “masonería” de muchos de nuestros patriotas, especialmente la de José Martí. En otros casos como el del Siervo de Dios y candidato a los altares Padre Félix Varela, haciendo resaltar sus valores patrios y callando su vida como sacerdote excepcional.
En medio de esas dificultades y la falta de personal preparado, las conmociones políticas y los naturales dolores de crecimiento, la Iglesia Cubana fue ganando el reconocimiento del pueblo y encarnándose en él.
Nació al Siglo XX con sólo dos diócesis y muy pocos sacerdotes y religiosos, casi todos extranjeros, al llegar el año triste de 1961, la Iglesia Cubana contaba con el Primer Cardenal de todo el Caribe, seis diócesis, tres universidades católicas regidas por los Padres Agustinos y Jesuitas y Hermanos de La Salle, ciento cincuenta y tres escuelas católicas, varias de ellas consideradas dentro de las mejores escuelas vocacionales.
En 1961 había en Cuba, para una población de 6,5 millones de habitantes, 670 sacerdotes y 8,120 religiosos y religiosas. Trabajaban en Cuba un total de 158 comunidades femeninas y 87 comunidades masculinas. Al finalizar el año de 1961 el personal religioso se había reducido a 200 sacerdotes, 43 comunidades femeninas y 17 masculinas con un personal total de menos de mil personas.
Los movimientos laicos que tanto sirvieron en la evangelización del pueblo, en especial de la ruralía, fueron totalmente eliminados por persecución, hostigamiento y aún fusilamiento.
Una gran parte de las propiedades de la Iglesia, en especial las universidades, escuelas católicas y asilos fueron confiscados sin compensación alguna.
El 17 de septiembre de 1961, 131 sacerdotes entre ellos el Obispo Eduardo Boza Masvidal, fueron expulsados en el vapor español “Covadonga” a pesar de que muchos sacerdotes cubanos habían servido como capellanes en el Ejército Rebelde en la Sierra a petición de la tropa y contando con el permiso de los obispos, y que uno de dichos obispos había salvado la vida de Fidel Castro, el 26 de julio de 1953.
Con el establecimiento de la sociedad socialista, el ateísmo se convirtió en una “religión”, según reconoció años más tarde el propio Fidel Castro. Esto evidentemente ha quedado en el pasado.
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El vapor Covadonga. (www.shipshape.es). |
Ese ateísmo se manifestó en diversas formas, y afectó a diferentes Iglesias cristianas. La discriminación religiosa, que impedía acceder a determinados puestos profesionales o al estudio de algunas carreras universitarias, unido a la presión social sobre las familias para persuadirles y mantenerlos alejados de los templos, continuó acelerando la disminución de los feligreses que vivían su fe.
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Procesión dentro de un recinto eclesial. |
A ello se unió un sistema educacional ateo que negaba toda trascendencia espiritual, sentando las bases del ateísmo de Estado, sancionado en la Constitución socialista de 1976.
En 1986, después de la visita del Santo Padre a Puebla, México, la Iglesia Católica Cubana celebró el Primer Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC).
El ENEC, a partir de una atenta reflexión sobre el pasado, sentó las bases de la Iglesia Cubana hacia el futuro. La Iglesia comenzaba así a desembarazarse de los viejos conceptos y prejuicios, comprometiéndose a ser orante, encarnada y evangelizadora en medio de la sociedad. Se puso fin a una pastoral de conservación y se dio inicio a una pastoral más activa, sobre todo en la línea de un anuncio explícito del mensaje evangélico y orientada a lograr un mayor espacio de participación social del laico.
Como resultado, en 1991, el IV Congreso del Partido Comunista aprobó el ingreso de creyentes a sus filas. En 1992, se introdujeron modificaciones a la Constitución de 1976 y se declaró el carácter laico del Estado cubano. Laico, no ateo.
Actualmente las actividades de la Iglesia continúan con dificultades para el ingreso de sacerdotes y religiosos, para la comunicación, pues no cuenta con espacio en la prensa, radio o televisión y aún para las obras de Caridad, a cargo de Caritas, pues se le dificulta recibir ayuda de otras Iglesias y organizaciones de beneficencia.
Universidad de Puerto Rico, recinto de Bayamón. 30 de marzo de 1998.
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