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HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL

PEDRO JOSÉ GONZÁLEZ

Año XVI. no. 94
nov. - diciembre
de 2009

NUESTRA HISTORIA


 “Patria es humanidad”
                                José Martí

A través de la historia del mundo y sus naciones surgieron símbolos que formaron y forman parte del concepto de patria, nación y nacionalidad; en la era moderna surgen las revoluciones burguesas, que dieron paso, al surgimiento de las fronteras.
El fin de la monarquía en América era inminente, los aires de independencia habían dado fruto. Bolívar, Sucre, San Martín, Artigas, Washington, Jefferson, Benjamín Franklin, Tousaint Louverture, el doctor Francia, los cuales encendieron la antorcha de la independencia. La revolución francesa y la revolución norteamericana incluyendo a Haití fueron ejemplos que cambiaron la dirección del viento en contra de las metrópolis. La liberación era inminente.
El antiesclavismo y el concepto de criollo cambiaron el pensamiento dando una posibilidad de pueblos nuevos, con una identidad propia que para nada tenía que ver con las costumbres y tradiciones de los colonialistas.
En Cuba el pensamiento del padre Félix Varela, del padre de la Filosofía entre nosotros y de los pobres José Agustín Caballero, el obispo Espada, José de la Luz y Caballero, Domingo del Monte, José Antonio Saco, Agustín Govantes,  entre otros tantos, fueron parte de los padres fundadores de la tierra de nuestros antepasados.
Todas las influencias revolucionarias marcaron los signos de los tiempos para el cambio, en un proceso de pensamiento que fluctuaba en tendencias ideológicas como el anexionismo, el autonomismo, la anarquía y la que más seguidores tuvo: el independentismo, que en su consecuencia trajo la existencia y el valor de los símbolos patrios, el Himno Nacional, la bandera y el escudo. Hoy narramos la historia del Himno.

El Himno de rebeldía
La revolución ya tenía su Himno y su orquestación fue hecha por el maestro y músico de la orquesta de la ciudad de Bayamo, los que planearon su proyecto en secreto fueron Francisco Vicente Aguilera, Maceo Osorio y Perucho Figueredo autor intelectual.
Fue el día 8 de mayo de 1868, en mañana espléndida, que llegó el maestro Muñoz a la puerta de la regia mansión de Perucho Figueredo a quien le expuso su pentagrama: “como usted ve, le dijo al terminar el maestro Muñoz de leer el pentagrama que le había entregado— solo se trata de una marcha un poco vehemente” y Perucho respondió suplicándole el mayor sigilo en su tarea.
El maestro Muñoz se inflamó de júbilo junto a Figueredo; dijo Muñoz: “es una marcha original que subyuga y conmueve”.

Monumento a Pereucho Figueredo.

Eran las ocho de la noche cuando los cuatro conspiradores se detuvieron en la puerta del venerable maestro. Allí alineados todos con sus respectivos instrumentos se hallaban los músicos, a una señal del maestro Muñoz irrumpieron las sonoras y viriles notas de la magnífica marcha y en ella el ímpetu, el dolor y todas las esperanzas de aquella marcha guerrera, era un canto revolucionario, era la Marsellesa cubana.
En aquellos días se acercaba la fiesta del Corpus  Christie, cuya festividad era de tradición celebrar con el mayor lucimiento, y Perucho Figueredo quiso aprovecharla. Nada mejor que en el Te Deum que se celebraría en la iglesia mayor, la procesión recorrería las calles, pero en lugar de la marcha habitual se tocaría por primera vez la Bayamesa.
Se puso de acuerdo con el padre Batista que aceptó la idea y fue a ver al maestro Muñoz para que hiciera la ejecución. El maestro le objetó: “—el Gobernador ha de estar presente en la iglesia. Si me pregunta algo con respecto a la ejecución de la marcha…” no le dejó terminar Figueredo: “—si el gobernador le dice algo, contéstele que me pregunte a mí, que yo fui quien se la di a usted para que la tocase” y el maestro quedó conforme.
Y así fue, la Iglesia Mayor se colmó, invadida por personas que incluían los más connotados revolucionarios, el Gobernador y el pelotón de infantería con su Plana Mayor casi llegaban, todo el mundo esperaba la reacción. Un silencio se sentía en la casa del Señor. En medio de ese silencio apareció ante el altar, sereno y majestuoso, el padre Diego José Batista, vestido con los hábitos de sacerdote, se sentía un ardor clamoroso.
Allí se encontraban: Figueredo, Aguilera, Donato Mármol, José Joaquín Palma, Manuel Anastasio Aguilera, Juan Luis Pacheco, Rodrigo Tamayo, Esteban Estrada, Joaquín Acosta y Juan Izaguirre Guzmán entre otros. El sacerdote estaba de espaldas. Se volvió al público, presentó el santísimo sacramento, e hizo un gesto hacia el sitial de los músicos.
La marcha irrumpió vibrante y clamorosa con todo el vigor que requería. El propio gobernador Udaeta se extrañó del ímpetu ardoroso de aquella música, fijó su mirada en el ejecutor. No se podía ocultar, no era una música religiosa, no era un himno de alabanza al Señor. Aquello era una marcha guerrera. Todos decían: “¡Una marcha compuesta por Perucho Figueredo en homenaje al Señor!” Las felicitaciones abrumaron al autor.
Se disgregó la multitud y el maestro Muñoz se retiró para su hogar, satisfecho del éxito alcanzado, pero al llegar le aguardaban dos Guardias Civiles y le detuvieron, resistirse era inútil, lleváronle a la cárcel, donde se encontraba la autoridad. El Gobernador, de manera agresiva, le preguntó: “—¿qué clase de música es esa que usted ha tocado en el Te Deum de la procesión?” El maestro respondió sin inmutarse: “—esa es una marcha compuesta por el señor Figueredo.” El gobernador replicó “—¡Esa no es una música religiosa, ese es un canto patriótico”. A lo que respondió el maestro “—Si lo es, yo lo ignoro”. Persuadido de la inocencia del músico, mandó a buscar a Perucho Figueredo.
Perucho fue cuestionado de la misma manera y sin perder la ecuanimidad le replicó si dejar lugar a dudas: “—Señor Gobernador. No me equivoco al asegurar, como aseguro, que no es usted músico, por lo tanto nada le autoriza a usted para decirme que ese es un canto patriótico”.
Esta respuesta categórica hizo cambiar al Gobernador la posición en su asiento y le contestó: “—Dice usted bien, no soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engañó.”  Volvió Perucho la espalda con una sonrisa de satisfacción, era el éxito de sus aspiraciones. El propio enemigo reconocía la expresión de sus sentimientos, hechos ritmo, luz, intenso colorido, grito de rebeldía, exclamación de triunfo, en su maravilloso Himno.
Los músicos que integraban la orquesta del maestro Muñoz fueron los siguientes: Manuel Muñoz Cedeño, violín (director), Pedro Muñoz Jerez, violín, Juan Ramírez, violín, Manuel Muñoz Jerez, clarinete, Joaquín Fonseca, clarinete, Jesús Hechavarría, clarinete, José Caridad Cedeño, cornetín, Miguel Aguilera, cornetín, Juan Aguilera, trombón, Francisco Cedeño, bombardina, Francisco María Tamayo, figle, y José Manuel Aguilera.
Al ocurrir el 10 de Octubre el levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio “La Demajagua”, en Yara, y después la toma de Bayamo, es en esta cuando Pedro Figueredo (Perucho), sobre su caballo, escribe la letra de nuestro Himno Nacional. La quema de Bayamo fue la demostración de un pueblo que no bajó su cabeza al colonialismo español.
Esta es la historia de nuestros padres fundadores, rindamos honor, gloria y tributo eterno a los que en el nombre de Dios lucharon por la independencia plena de Cuba. Que esto sea un aporte histórico a las generaciones más jóvenes.
“La iglesia nunca estuvo fuera de la patria, sino, que la patria siempre estuvo dentro de ella”. ¡Que viva el Día de la Cultura Nacional, para todos los cubanos del mundo!

Bibliografía consultada:
Colectivo de autores. Cultura cubana I.
Colectivo de autores. Historia de Cuba, t. II.
Gay-Calbó, Enrique. La bandera, el escudo y el himno.  Academia de la Historia  de Cuba. 1935.
Maceo Verdecia, José. Bayamo, t. I, pp 99 -110. Imprenta “El Arte”. 1936.
Torres Cuevas, Eduardo. Pensamiento político cubano.