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Hablar de fútbol es despertar pasiones, aún en los países donde el deporte nacional no tiene que ver con las habilidades para anotar goles con los pies o la cabeza —como es nuestro caso— miles de aficionados siguen los avatares de los mejores clubes del mundo y penan con las derrotas de sus favoritos como si fueran propias. Un ejemplo cercano es el de quien firma estas líneas que a lo largo de su vida se ha dedicado a recuperar parte del inmenso anecdotario vinculado con la tan vapuleada blanquinegra a lo largo de tantos Mundiales y Copas.
Vitral, que no es ajeno a esas pasiones, agradece al autor ese esfuerzo y la autorización para que compartamos con los lectores algunas de esas «curiosidades» en sus entregas hasta el torneo mundial de este año, por lo que, a partir de este número, quienes gusten de este deporte y de sus sorpresas podrán encontrar aquí algunos de los detalles que han hecho universal este deporte.
¡Que los disfruten!
¿Qué es el fútbol?
Allá, en 1888, Rudyard Kyplling condenaba “esas almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados que lo practican”. Más acá José María Cajigal lo calificaría “vaciadero de excrementos morales”. Pero el colmo del desdén lo aportó Jorge Luis Borges: en el minuto en que Argentina abría el Mundial de 1978, él iniciaba una conferencia sobre la inmortalidad del alma en un céntrico salón capitalino. Estimó quedarse corto: tras el título exigió ser excluido del jolgorio. “El fútbol es popular porque la estupidez es popular... es un invento post-colonial inglés para sustituir las peleas a cuchillo”. Aún con tanto vitriolo el “ofendido” le retribuyó regiamente: cuando falleció, en 1986, los noticiarios deportivos emitieron boletines con el obituario de quien un «inspirado» llamó “El Maradona de los versos”.
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Una de las primeras pelotas de fútbol sin tiento, fabricada en Bell Ville, marca Superball. |
Antonio Gramsci lo estimaba “el reino de la libertad ejercido al aire libre”; Andre Giradoux lo calificó “el rey de los deportes porque la pelota escapa a todas las leyes de la vida… las manos fueron dadas a los únicos animales truqueros: los hombres y los simios. La pelota no admite otros trucos que no sean los efectos estelares” En el discurso de elogio por el 49 aniversario de la Federación Francesa de Fútbol, Andre Maurois lo definió “la inteligencia en movimiento”, además de vehículo de conocimiento entre pueblos y culturas.
Cuando era estudiante en la Universidad de Argel, Albert Camus defendía el arco, ya que “los zapatos no sufrían tanto pues no tenia dinero para otros... Toda la filosofía de la vida puede aprehenderse en la zona donde el gol es culminación de un destino común. Todo lo que sé de moral se lo debo al fútbol! La patria es la selección nacional!”.
En El Príncipe-Clown del Fútbol, autobiografía del inglés Len Shackleton el capítulo IX, “El conocimiento promedio de los técnicos” es una página en blanco. Mientras viajaban en tren hacia Hannover un crítico de arte intentó una plática con Martin Heidegger acerca de la Estética. El filósofo condujo el asunto al esteta que le interesaba: Franz Beckenbauer.
Para el DT argentino Angel Cappa “la coherencia en la improvisación del jazz, las pausas por un actor, los silencios de la música"; son aplicables a lo que sucede en el campo. Visión similar a la del novelista inglés Nick Hornsby: “La anticipación de Lineker, la colocación de Shilton, la profunda sabiduría de Beckenbauer, son más producto del cerebro que de la condición atlética. Los adjetivos habitualmente empleados para describir al que asume las tareas creativas: astuto, clarividente, elegante; son los mismos aplicados a un pintor, un cineasta”.
¿Quiénes juegan fútbol?
Medico y ex –jugador para el M’86, Carlos Salvador Bilardo recomendó la carne bovina, con el riesgo de elevar los niveles de ácido úrico. En 1922 el danés Niels Bohr recibió el Nóbel de Física. Habia lidiado en los JJ.OO de 1912. Sean Connery fue uno de los “Busby Babies” del Manchester United en tanto Antonio Banderas se proyectaba portento en el Guimbarda de Málaga donde ganó un Premio Fair Play.
En la entrega del Premio Príncipe de Asturias de 2002, junto a Hans Magnus Erzensberger, Woody Allen y Arthur Miller estaba Luis Felipe Scolari, DT del Brasil campeón del mundo. La sala central del Museo de Historia de Viena la preside un cuadro del maestro Paul Meissner donde reproduce al Wunderteam accediendo al Prater bajo la severa mirada del DT Hugo Meisl.
En la Navidad de 1914 alemanes y británicos acantonados en la frontera franco-belga escenificaron un amistoso; una selección inglesa viajó en febrero de 1940 para amistosos en Paris, Lylle y Reims. En el cumpleaños de Hitler en 1942 los del Dinamo-Kiev enfrentaron al once de la Legión Cóndor con orden de perder so pena de fusilamiento. Enfrentaron los fusiles. Cuando el desastre de Superga el River Plate viajó a Italia para un desafío de beneficencia. Los litigantes del conflicto de Biafra interrumpieron las hostilidades para ver jugar a Pele.
El Rey Salomón del fútbol
El belga Johanness Julianna Langenus dejó una huella única en el Mundial de 1930, al decidir como el rey Salomón. “John” fue juez y parte de la hoy extensa saga de las citas supremas. Por su desempeño y también como deferencia con los europeos que honraron al evento fue designado para dirigir la cita del cierre donde Argentina enfrentaría a Uruguay.
La víspera del partido Langenus visitó Buenos Aires donde vio el clima de cohetes, disparos, cartelones, apasionados que buscaban espacio en los barcos que cubrían el trayecto entre ambas capitales, dispuestos al “dulce minuto de la venganza” luego del revés en la final de los JJ.OO’ 28. “Era inenarrable... uno intentó abordar una vez, dos, tres. Cayó al agua. No sabía nadar. Un policía debió sacarlo, con mil apuros”.
Los diarios habían azuzado el ambiente. “¡No dejen entrar un revólver argentino en Uruguay!” El otro lado protestaba por “la poca cantidad de cupos concedidos”. Muchos de los que lograron llegar a Montevideo serían enviados de regreso por portar cuchillos, manoplas, navajas, “aperos” ajenos a una cosecha del fútbol. Ante ello los federativos belgas exigieron pólizas de seguro para Langenus y Henry Christophe. Solo las garantías de seguridad (el Ejército, la Policía) los convenció.
Por supuesto que la temperatura se irradió hasta los vestuarios A pocos minutos del inicio los rivales discutían en cuanto al balón a utilizar. Cada uno quería imponer el suyo. Las diferencias (peso, diámetro, color, pique) eran insustanciales. Pero en el conato había mucho más que simplemente fútbol. El disenso duro hasta que Langenus hizo valer su autoridad: “¡Basta! Se jugará un half con cada uno. Asunto concluido!”. Tocó primero al de los argentinos y cerraron con ventaja (2-1). Con el uruguayo la historia es conocida: éxito 4-2. Por cierto, «Salomón» trabajó con indumentaria de juez de tenis de campo.
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