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Es motivo de júbilo el poder compartir con ustedes el Mensaje de Navidad, a través de esta comunicación radial y hacerlo, como obispo católico de la diócesis de Pinar del Río y pastor de los cristianos del pueblo de Dios.
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Nacimiento expuesto en la Navidad
en el Obispado de Pinar del Río |
También tengo presente a todos los hombres, jóvenes y adolescentes de buena voluntad que escuchando esta alocución deseen unir sus esfuerzos como testimonio comprometido para el bienestar de todos los que vivimos en la provincia pinareña.
Dios no entorpece la acción del hombre que en forma sincera, honesta y comprometida, busque el progreso espiritual y material de todos los hombres, de cada hombre, por el contrario, lo anima y fortalece y le encomienda que perfeccione lo que ya está creado para beneficio y provecho del mismo hombre.
Los invito a que juntos busquemos el sentido verdadero de la Navidad cristiana que pronto vamos a celebrar. Muchos de ustedes tendrán ya su pesebre o nacimiento en sus casas, otros lo desean pero por diferentes razones no lo han logrado todavía, no importa, todos pueden pasar por sus parroquias o al Obispado donde ya está listo ese signo religioso que nos recuerda el nacimiento del Salvador.
Por bonito que esté el pesebre, fíjense que la primera casa (sobria y pobre) del Dios hecho hombre, es un campanazo que nos invita a aceptar en forma comprometida, lo que este misterio del nacimiento del “Dios hecho Hombre” significa para nosotros: pide a cada hombre, trabajar para crear un ambiente, un clima de verdadera justicia para que se dé la paz verdadera.
Volvámonos hacia el pesebre de Belén y descubramos en la pequeñez del Niño la presencia de Dios. Inclinémonos hacia el pesebre y descubramos en el recién nacido a nuestro hermano que llora en su necesidad, que clama en medio de las injusticias un compromiso solidario al que nos sentimos llamados para remediarlo. Si queremos encontrar a Dios, allí está Él con todas las limitaciones que sólo puede imponer el amor. Si queremos encontrar al hombre, allí está Él con toda la grandeza del Niño de Belén, Dios y hombre entre nosotros.
No nos cansemos y pensemos en este anuncio que hace el Ángel del Señor a aquel grupo de pastores:
“Les ha nacido un Salvador” y ofrece al mismo tiempo un signo, “Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”
Esto está exigiendo de nosotros una respuesta: Verificarlo como lo hicieron los pastores y comunicar la noticia como ellos lo hicieron.
El nacimiento de Jesús en Belén no es un hecho del pasado.
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Escudo del Obispo de Mons. Jorge |
“La Encarnación del Hijo de Dios y la salvación que él ha realizado con su misterio pascual son el verdadero criterio para juzgar la realidad temporal y todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez más humana. (Juan Pablo II. Bula de Convocación del Jubileo).
En lo cotidiano de nuestra vida es donde se va gestando el encuentro entre Dios y nosotros, en la vida de cada día es donde tiene que ir surgiendo el Reino. A partir de esa realidad que todos los cristianos aceptamos: “Dios se ha hecho hombre para la salvación de todos los hombres”, esto comienza a realizarse desde la misma realidad de la existencia de toda persona humana.
Esta es la buena noticia de Navidad, que todos los hombres y mujeres del mundo estamos llamados en Jesucristo para ser hijos de Dios acogiendo la Palabra que Dios envía a todos.
Fijémonos que Dios se quiere comunicar con nosotros los hombres para hacernos partícipes efectivamente de su vida por medio de la entrega de Jesús, y ese niño que nace en Belén y que nos va a dar motivos entrañables de gozo, es el mismo que luego se entregará por la salvación de la Humanidad.
Solamente quien se entrega en el amor, en el servicio, en la consecución por la justicia verdadera, es quien puede vivir en paz.
Si nosotros celebramos al Dios que nace en Navidad, es para darlo a conocer en la sociedad con una vida llena de justicia, con una fe grande y comprometida como la de María quien creyó a Dios y acogió al enviado en su seno con un gran amor de Madre y quien escuchó de su prima Isabel ese elogio: “dichosa tú que has creído”.
La Navidad es el encuentro con los hermanos, es la verdadera entrega del amor que manifiesta que somos hijos de Dios.
Pero, vivimos en una sociedad donde encontramos a un hombre que no entiende que cuando uno se preocupa sólo por vivir bien y de tenerlo todo, está matando la alegría verdadera de la vida y se sume cada vez más en la desesperanza y en la tragedia humana.
El mundo del dolor debe ser preocupación nuestra:
+ El enfermo, que en sus momentos difíciles, espera el apoyo, la ayuda del familiar o el amigo para aliviar su sufrimiento.
+ El preso, aislado de la sociedad por razones justas o injustas, espera la mano tendida para hacer más ligera la condena que lo doblega.
+ El anciano, rico en experiencia y pobre por las limitaciones que le imponen los años, ha de convertirse en el centro del hogar y la preocupación comprometida de toda la sociedad para ayudarle a llevar con dignidad la vida.
+ La familia, célula vital de cualquier sociedad, debe ser atendida para que vigorosa tenga la vitalidad de conformar una sociedad sana y rica de humanismo.
El hombre y la mujer necesitan de la amistad, de solidaridad con el hermano, de silencio y gozo interior, de apertura al misterio de la vida, de encuentro con Dios. Dejémonos inundar de esa fuerza transformadora que le da sentido a la vida y nos hace plenamente felices.
Prepararnos para celebrar la Navidad es llenarnos de alegría, de esperanza, de fe y de dar gracias porque somos los amados de Dios.
Busca un momento en estos días para encontrarte contigo mismo, para encontrar a tus hermanos, para encontrar con, a, Dios.
Que el Dios nacido para salvarnos te bendiga. Feliz Navidad para todos.
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