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“La Verdad una vez despierta no vuelve a dormirse”.
José Martí.
Llegó marzo otra vez y con él la 9na Muestra de Nuevos Realizadores que, camino a su década de nacimiento, propicia un espacio que ha cobrado hace mucho vida propia, un lenguaje muy plural y brinda unas asombrosas posibilidades para palpar y conocer, desde la diversidad, nuestra propia realidad como país y cultura a través de los más variados formatos y estéticas.
No me propongo hacer una apología o defensa de la Muestra, menos contraponiéndolo al Festival de Cine de diciembre, pero sí tengo que confesar que, desde una mayor precariedad material y a veces al margen de lo institucional (en este caso, el ICAIC y el ICRT) se ha creado y se crea un gran universo coral, muy dispar, sin forma de movimiento organizado, pero sí inquietante, provocador, muy sugerente, que tiene, para mí, como mayor virtud la de no dejar a nadie indiferente, sea cual sea la reacción final.

La Muestra de este año nos trajo, como siempre, propuestas no todas logradas ni del mismo nivel, pero en cada una late el deseo de decir lo que siente, vive, sueña la Cuba de hoy. Haré una breve referencia a lo que, en mi opinión, fue lo mejor y más representativo de estas nuevas oleadas de realizadores que, como el mar al Malecón, no quieren cansarse de apostar por transformar y renovar lo que se muestra inamovible y monolítico como los muros con los que cada día se estrella una y otra vez.
A la partir de la propia utopía de lo que debería ser la «aldea» existencial en la que uno nace, se desarrolla y muere (en teoría un espacio donde todos se ayudan y colaboran entre sí con un mismo objetivo) llegan “Los Aldeanos”, un grupo de la segunda generación del rap cubano que en Revolution, documental de Maykell Pedrero, demuestra cómo, con una lírica radical, crítica y agresiva, pero a la vez profunda y sensible a la realidad social que vivimos hoy como pueblo, pueden haber otros modos muy alternativos, pero igualmente válidos de hacer Revolución sin querer huir de este país y con todo el derecho de no sentir miedo a expresar con el canto lo que siente y sueña para la Patria. Esta creatividad explosiva, enfrentada con el no-diálogo institucional, pero feliz de su propia independencia “underground” llega al público joven y al no tanto como una opción para no dejarse corroer el alma, apostar por la propia gente derribando castillos de mentiras que no dejan mirar más allá ni esperar nuevos horizontes; esto y mucho más sugiere esta obra que logra, a mi entender, atrapar al espectador, pues no por gusto fue la más popular entre el público y se alzó con el premio principal al mejor documental. Tengo que reconocer que esta propuesta fue la que más me hizo resonar como joven y parte de una generación que no quiere quedarse de brazos cruzados mientras se empantana e inmoviliza el futuro común.
Hablando de contrastes y desniveles en la Muestra se pudo ver De dónde son los cantantes otro documental, este de Janis Reyes, quien intenta acercarse al mundo del reguetón y los reguetoneros desde varios ángulos, pero que al final se uniformiza en una defensa a capa y espada de este subgénero musical, con una falta de sentido impresionante en cuanto a saber ubicarse en el panorama de la cultura cubana de un modo más armónico e integral. Si los reguetoneros hablan de que ellos representan a “la realidad marginal” uno sale preguntándose hasta qué punto apuestan realmente por iluminarla al menos con mejores propuestas de valores dentro lo mismo con lo mismo que la calle ofrece y qué sentido tiene decir, por ejemplo, que ellos no tienen la intención de componer para el público infantil y a la misma vez constatar la transmisión directa de anti-valores a los más pequeños que hablan, caminan, se visten e idealizan a sus ídolos: Baby Lores, El chacal, Gente de zona… Saliendo de ver este corto documental pude darme cuenta que el público favorable a este género salió entusiasmado, como reafirmado en su preferencia, mientras que otros tantos salían con la sensación de haber perdido su tiempo viendo semejante cosa para la cual gastar un corto no sé si vale la pena. Y me pregunté al final, ¿todo ese desafiar agresivo al que no piensa como ellos (reguetoneros) no será una muestra más de la misma marginalidad que ellos dicen querer cambiar? ¿Qué valor tiene una canción que lo que hace es cogerte la realidad de la calle y a veces devolvértela peor y hasta regodeándose en lo menos valioso de ella? Como vi este corto a no mucha distancia de Revolution me pareció haber llegado al extremo opuesto del discurso musical y social.
De la Cuba vista desde otras latitudes, pero no por eso menos nuestra nos hablan en especial, con una propuesta muy variada, tres documentales que sacan a flor de piel lo que nos une a todos como seres humanos nacidos en esta isla caribeña.
HavanaVer.T.A. 31 Kb/Seg,deJavier Labrador y Juan Carlos Sánchez,título que es todo un símbolo entre lo que expresa y sugiere (velocidad media del correo electrónico por módem), nos acerca a dos amigas que, tras reencontrarse gracias a un hecho fortuito por vía virtual, intentan rehacer juntas las propias historias vitales desconectadas por años de ausencias, la emigración, los conflictos personales y, sobre todo, no querer perder lo mejor de cada una como persona a pesar de los pesares. Es un corto muy humano que exalta el valor de la amistad por encima de todas las distancias y quiebra todos los prejuicios para retornar siempre a lo mejor que nos interconecta como humanidad.
Otros dos documentales nos acercaron a la Cuba vista por artistas de diversos medios que han emigrado por las disímiles situaciones a España y Estados Unidos. En el primer caso están quienes nos hablan desde Voces de un trayecto,dirigidoporAlejandra Aguirre, que deviene en un reconocerse en estos cubanos que han hecho suyo a Madrid como zona de vida, como espacio en el que desarrollarse, no desde la nostalgia depresiva, sino desde la necesaria mutación cultural, que no pérdida, para entregar el propio talento a nuevos públicos, sabiéndose tan cubanos como quienes se quedaron y dejando aéreas las raíces del alma para ser universales. Si usted, querido lector, quiere re-pensar su propia cultura cubana e idiosincrasia vea esta propuesta y asúmala como reto constructivo o desafío para que no se pierda en nacionalismos estériles ni insularidades egocéntricas. Por otra lado, gracias a la presencia ocasional del veterano realizador emigrado Rolando Díaz, nos llegó su trabajo Actores, actrices, exilio con una mirada más crítica si se quiere, pero de un realismo impresionante y ante el cual uno no puede más que comprender y orar, pues resulta muy duro ver a un actor de la talla de Reinaldo Miravalles tener que sub-emplearse para sobrevivir en Miami porque en su propia tierra ya no pudo más o a otra reconocida actriz que nunca más ha podido actuar y ha gastado años y casi toda su salud limpiando pisos de hoteles y arreglando cuartos. Es muy duro ver eso y más duro vivirlo. Le queda a uno, y a ellos, la esperanza, como a los nuevos madrileños, de que Cuba sigue latiendo dentro y siempre cada vez más viva.
A lo que vive la juventud como ilusión y estilo de vida, más que nada con cánones urbanos, nos acercan otros dos trabajos documentales Gabbana´s Mens Revolution trabajo colectivo de Reynier Valdés, Ayleé Ibáñez, Daleysi Moya y Yanahara Maurí y Yamada perdida (sic) de Javier Arévalo. La primera propuesta está realizada con un estilo que no ayuda en general a ir más allá de lo que presenta: el sub-mundo de quienes viven tras las huellas de la moda o que creen encontrar en ella su verdadera identidad como «mikis», «fashions» u otras clasificaciones que sus mismos protagonistas nos revelan. Creo que un valor que sí tiene este corto es funcionar como especie de reportaje desde el interior de estos fenómenos sociales tan marcados por la marginalidad, la fragmentación personal y social, y la universal necesidad humana de aferrarse a algo que al menos te mantenga la ilusión de vivir o te haga creer que tienes cosas por las que «luchar».
Yamada… es como un espejo en el que pueden mirarse todos aquellos que sueñan con tener, al menos una vez en la vida y no solo de paso, un celular en manos y bolsillo como oportunidad socializante, como multitud de posibilidades abiertas, ostentación o lo que sea, pero tenerlo porque cada vez más se impone la necesidad de comunicación más allá de las fronteras y límites personales, de acceder a algo que ha pasado de un simple objeto a un viabilizador de las relaciones humanas y que pone en tela de juicio la falta de acceso real a este medio tan universalizado ya hace tanto en el mundo entero, incluso en países subdesarrollados y no solo en las “clases altas” y más pudientes y que habría que cuestionarse hasta qué punto sería sólo un signo de vanidad o lujo personal y no ir más allá y descubrir las inmensas facilidades que una tecnología que podría estar más al alcance de la mano ofrece por sí.
Otros tres documentales, en mi opinión, reflejan esa Cuba desde adentro, la real y para nada ficticia, la que se palpa en la calle, y mueven, de modo unánime en quien los ve, a preguntarse por la propia realidad, por el futuro personal y social, a no ser indiferente, sobre todo, si lo que se está destruyendo es el propio país desde los barrios más urbanos hasta los poblados más aislados de las montañas de la isla.
Uno es Que me pongan en la lista de Pedro Luis Rodríguez, uno de los más “calientes” (palabras del público en la calle) por la desmitificación que hace de una organización que más que representativa del pueblo y sus intereses ha devenido mecanismo de control y clasificación en cada barrio nuestro: los CDR. Con una crítica plural que se abre a las más diversas posiciones y argumentos, tanto a favor como en contra del proyecto cederista, esta propuesta audiovisual desvela con transparencia los fenómenos de la doble moral, el burocratismo, la censura irracional, la sospecha, el vivir velando la vida ajena sin derecho a ello, la no realización concreta de ningún proyecto comunitario que aúne de modo efectivo fuerzas ni personas para un bien común que se hace cada vez más ilusorio e indefendible con mecanismos y modos hace mucho comprobados como obsoletos e ineficaces. Si usted quiere ver a qué punto se llega en estas cosas y casos, le recomiendo que aproveche cada momento de este corto y saboree el final que es para chuparse los dedos, pero sobre todo para pensar y mucho. Se lo garantizo.
Hogar, dulce hogar, es una obra a cuatro manos de Hansel Leyva y Christian E. Torres, que nos habla de la destrucción progresiva de la legendaria Villa de Guanabacoa testimoniada por sus vecinos y protagonistas que luchan, cómo pueden y logran, por rescatar lo que se pueda y conservar el patrimonio cultural local, que a la vez es el mismo espacio de vida que se ama y duele ver morir poco a poco por la falta de atención estatal, la indiferencia y el pasatismo recurrentes que parecen dominar no sólo sobre la realidad guanabacoense, sino que están también presentes en todas las ciudades y pueblos de Cuba en dosis diversas, pero muy reales. Por sus innegables valores y propuestas desde lo testimonial fue el ganador este año del premio SIGNIS-Cuba que quiso reconocer con ello el esfuerzo de sus jóvenes directores a pesar de los pocos recursos para realizarlo, logrando un producto quizás no con todas las de la ley en lo formal, pero sí muy valioso en sus contenidos y que resulta en una apuesta que lo realza y distingue entre los demás de un modo muy significativo.
Para cerrar tengo que decir que me ha sido muy difícil hacer una síntesis de lo mucho que ¿Adónde vamos? documental de Ariagna Fajardo (que acaparó la mayor cantidad de lauros de los jurados colaterales y removió a todo el que pudo hacerse parte de él) dice por sí y provoca. En el corazón de la Sierra Maestra está aconteciendo algo tremendo, desgarrador, que hace que qien lo presencia a través del lente de una cámara lo sienta como suyo, en carne propia. La soledad y el abandono de los campesinos, dejados a merced de la manigua y el bosque que sigue avanzando implacable, frustran todos sus proyectos y sueños de futuro. Sin condiciones para producir (machetes, limas, transporte…) ni vivir con mayor dignidad quienes siguen dejando la piel en los sembrados comienzan a cansarse, a preguntarse tantas cosas en medio de la miseria reinante que pareciera a ratos que no hay esperanza para quienes, a pesar de todo, no quieren dejar el lugar donde nacieron y aportarle algo a su propio país con el sudor entregado. Cercados por el vandalismo, los olvidos estatales, el robo, y a la vez por miles de caballerías fértiles, nuestros guajiros comienzan a ser tentados por un escepticismo que amenaza con robarles la ilusión de siempre. Confieso que ¿Adónde vamos? me conmovió profundamente porque una parte de mi primera infancia transcurrió en el campo y conozco los trabajos y desvelos campesinos por hacer surgir de la tierra los frutos con los que alimentan a los suyos y a todos. Son verdaderos héroes quienes permanecen y no emigran a otras zonas mejor atendidas o urbanas, porque las garantías con las que se quedan no pasan del nivel de la supervivencia inhumana y degradante. Ser testigo de lo que este corto documental revela ha puesto una gran interrogante en todo mi ser. Y tengo que decirla con todas las letras porque, como cubano y hombre de fe, me martilla en la cabeza y en el alma como el sonido constante y fiel del machete que al menos intenta desbrozar los montes de la propia conciencia de las maniguas que sigue alentando el Mal que nos corroe y desvirtúa como pueblo: ¿ADÓNDE VAMOS?
En fin, que esta 9na Muestra de Jóvenes Realizadores se ha reafirmado como una oportunidad especial para conocer los más variados discursos estéticos y realidades de la Isla que sigue mutando en cada uno de sus habitantes y que se dejó ver en las propuestas audiovisuales que se exhibieron, tanto las que estaban en concurso como en las muestras colaterales. Una Isla que sigue dando mucho para pensar y orar, para transformar y trabajar por un futuro más integral y armónico como sociedad y cultura. En espera de la entrega coral de la 10ma Muestra en el 2011, sigamos soñando y poniendo manos a la obra común de la Casa-Cuba.
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